Esta es la historia del mejicano-nortemaricano Rodolfo Hernández, que cargó el solo a la bayoneta contra el ataque a su posición de un poderoso contingente norcoreano.

Ceremonia en la Casa Blanca. Rodolfo Hernández a la derecha

Nació el 14 de abril de 1931 en Colton, California, en el seno de una familia de trabajadores inmigrantes, y pasó su infancia junto a sus siete hermanos en la pequeña localidad agraria de Fowler. Cursó en la escuela hasta octavo grado y luego desempeñó varios trabajos. Con 17 años convenció a su madre para que lo dejara alistarse al ejército, cosa que acabó haciendo con todas las bendiciones.

El soldado Hernández completó la instrucción en el centro de entrenamiento de Fort Ord, California y se presentó voluntario para el curso de fuerzas aerotransportadas. Cuando el ejército se reorganizó para la Guerra de Corea, Hernández fue asignado al 187.º Grupo de Combate Regimental (RCT Airborne) y se le encomendó un fusil automático Browning. Rodolfo, que fue apodado cariñosamente Rudy por sus compañeros, llamó a su fusil «Baby Doll» y lo que más le gustaba de él era que podía disparar mientras caminaba.

Rudy Hernández durante su entrenamiento paracaidista

El 187.º Grupo de Combate fue enviado a Corea y desplegado en las inmediaciones de Seúl. En el mes de octubre de 1950 la unidad llevó a cabo un salto de combate detrás de las líneas enemigas cerca de Sukchon, y se vio envuelto en violentos combates.

En el mes de febrero de 1951 la unidad volvió a combatir de nuevo. El día 14 la sección de Rudy fue fijada por un intenso fuego enemigo efectuado desde lo alto de una colina. Súbitamente Rudy lideró la carga ladera arriba mientras disparaba su Browning. Su ejemplo provocó un efecto contagio,  el grupo de soldados que lo siguieron lograron matar a 50 soldados enemigos y capturaron tres posiciones.

El clima despiadado y el intenso frío se cobraron su precio y Rudy tuvo que ser evacuado a Japón al sufrir problemas de congelación en sus pies que le impedían andar. Tras el periodo de convalecencia volvió de nuevo a su unidad. Una vez allí Rudy fue ascendido a cabo y jefe de pelotón y continuó librando duros combates. Cuando su unidad fue atacada por una potente fuerza norcoreana que los expulsó de la Cota 420 cerca de Wontong-ni, los paracaidistas se rehicieron, contraatacaron y recuperaron sus posiciones.

Luego volvieron a atrincherarse para pasar una noche de perros lluviosa y gélida. Dos horas pasadas de la medianoche del 31 de mayo d 1951, las agotadas tropas fueron sobresaltadas por un violento fuego de artillería y el sonido de cornetas anunciando otro ataque inminente de los norcoreanos. Aunque muchos soldados norteamericanos se retiraron ante la posibilidad de verse enfrentados a una fuerza numéricamente muy superior, Rudy y su compañero dispararon sin descanso desde sus pozos de tirador contra el avance enemigo.

Reconstrucción de la escena en un museo de Fayetteville

En pocos instantes ambos habían resultado heridos. Sangrando y con su arma encasquillada, Rudy saltó de su agujero con la bayoneta calada y cargó contra el enemigo hasta que fue derribado fruto de una bala, de la metralla de una granada y de heridas de bayoneta. Después de que las fuerzas norteamericanas lograran restablecer la situación mediante un contraataque, encontraron el cuerpo del cabo Rudy frente a su posición, rodeado por los cadáveres de seis soldados enemigos.

Fue dado por muerto y evacuado en una bolsa para cadáveres. Afortunadamente, un sanitario se percató de que movía los dedos de las manos y eso le salvó la vida. Rodolfo Hernández fue condecorado con la Medalla de Honor del Congreso por el presidente Harry Truman en una ceremonia celebrada en la Casa Blanca.

Rodolfo Hernández en 2009

Tras la guerra, Rudy comenzó un gran periodo de rehabilitación. Tuvo que volver a aprender hasta la más básica de las funciones humanas. Aun el simple acto de tragar era al principio imposible de llevar a cabo. Con el tiempo aprendió a hablar, caminar y a utilizar la parte izquierda de su cuerpo (solo pudo recuperar algo de movilidad de su brazo derecho). Trabajó 17 años como asesor en la Administración de Veteranos, donde ayudó a los veteranos heridos a reintegrarse en la sociedad.

Tras su retiro continuó participando en todos los eventos de veteranos y de mudó a Fayetteville, Carolina del Norte, cerca de la base de su antigua unidad. Murió el 21 de diciembre de 2013.

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