Nos trae hoy Pablo García Sánchez este artículo a la sección de descargas del Gehm.

La piratería es un fenómeno que parece algo pasado perteneciente a otro siglo. Si hablamos de piratas a la mayoría de la gente le viene a la cabeza la imagen de grandes barcos con las velas al viento, acechando en el Caribe la oportunidad de asaltar un galeón español para conseguir hacerse con oro y riquezas. Viene a la mente la imagen de los piratas de las películas: aventureros y ladrones, acompañados de un loro y dispuestos a desafiar a la ley para posteriormente enterrar el botín en alguna isla secreta. En el ideario colectivo queda esa imagen de una vida de aventuras y correrías en búsqueda de riquezas y tesoros escondidos. Esta imagen podría adaptarse a los piratas y corsarios de los siglos XVI y XVII, sin embargo la piratería hoy en día sigue existiendo y sigue suponiendo una grave amenaza para la seguridad de los mares.

Atrás quedó esa imagen de los piratas que nos han transmitido los libros y las películas, sin embargo la mentalidad de estos no ha cambiado. La facilidad de obtener riquezas a través de los robos y los secuestros sigue siendo un atractivo para muchas personas, más aún si tenemos en cuenta que este fenómeno se está actualmente produciendo en aquellas partes del mundo donde la pobreza y la falta de recursos son más palpables.

Aunque son varios los puntos a nivel mundial donde la piratería se mantiene aún activa, el punto más caliente actualmente y donde más centrada está la atención es en el Cuerno de África, concretamente en Somalia. Desde que cayó el gobierno en 1991, Somalia se ha visto envuelta en un caos total, donde el territorio está repartido entre diversos señores de la guerra. Esta falta de cualquier tipo de control permite a los piratas tener completa libertad de movimientos en tierra. A esto se une la extrema pobreza que azota esas tierras y la incapacidad de los países del entorno para vigilar y controlar los mares, dando como resultado una situación de necesidad que impulsa a los piratas a lanzarse al mar en busca de riquezas aprovechando la falta de seguridad.

El incremento del número de ataques (con casos extremadamente graves como el secuestro en el 2008 del carguero ucraniano Faina, que iba cargado con numerosos carros de combate y armamento pesado) y la superior coordinación que estos han ido demostrando a lo largo del tiempo, así como el aumento de las cantidades exigidas en los rescates han llevando a la comunidad internacional a actuar; llevando a cabo el despliegue de fuerzas navales para proteger los numerosos buques que navegan por el sector, así como ha intentado desarrollar un régimen jurídico que permita hacer frente eficazmente a la piratería (MacKinlay, 2010, pág. 3).

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