Aunque la infantería ligera británica ahonda sus raíces en el siglo XVIII agrupada en compañías y regimientos, fue Wellington el que supo sacarle el mejor partido.

Durante generaciones las batallas se habían luchado entre ejércitos formados en línea. Pero a principios del siglo XIX, las tácticas de choque napoleónicas con infantería masiva le habían procurado al emperador grandes victorias en toda Europa. Ni siquiera la infantería prusiana pudo mantener su línea contra los ataques de buldózer de las columnas francesas, en las que se lanzaba un batallón de detrás de otro por el mismo punto con independencia de las bajas.

¿Acaso habían de volver a imperar otra vez en Europa las formaciones en profundidad versus las formaciones en línea  hegemónicas en el siglo XVIII? En un ejército pequeño como el británico, los soldados estaban acostumbrados a enfrentarse a contingentes de soldados enemigos mucho mayores. La disciplina, el entrenamiento y la moral era de la mayor importancia, como en todo ejército y en toda época. Sin embargo, los británicos se escondían otro as debajo de la manga, la potencia de fuego.

Contra Napoleón, Wellington eligió el terreno teniendo este aspecto siempre en cuenta, para dar a su infantería toda la ventaja posible en la batalla. Los regimientos de línea británicos luchaban en dos filas, de manera que cada hombre pudiera utilizar su mosquete con el mayor efecto, pero cuando se esperaba una carga de caballería se doblaban las filas o se daba la orden para formar un cuadro.

El ejercicio de formar una línea desde un cuadro o viceversa se practicaba hasta que las maniobras salían de forma automática. De manera ideal, Wellington emplazaba su “delgada línea roja” al otro lado de la cima de una colina, de manera que sus filas estuvieran protegidas del fuego directo de los cañones.  De ser posible, los flancos debían estar protegidos por obstáculos naturales. De no poder ser así, se recurría a la vieja táctica de situar la caballería en cada extremo.

Los cañones se traían a posiciones bien adelantadas, y de ser necesario frente a la línea, de manera que pudieran disparar sobre las líneas de avance enemigas y romper cualquier carga de caballería que se pudiera dar. Si la caballería enemiga era lanzada a la acción en primer lugar, los artilleros continuarían disparando hasta el último momento y luego correrían a refugiarse en el itnerior de los cuadros de infantería.

La carga sería recibida con una gran descarga, seguida de otras mientras los jinetes enemigos cabalgaban alrededor del cuadro, lo que presentaba una excelente oportunidad para que los escuadrones de caballería británica montaran un contraataque. Tan pronto como el peligro había pasado, el cuadro volvía a convertirse en línea para hacer frente a las columnas de infantería francesa que tendrían que para acercarse debían avanzar por una pendiente antes de poder llegar a las líneas británicas, gritando Vive l’Empereur!, o En avant avec la baionnent!

Durante todo ese tiempo la línea británica permanecía en silencio y quieta. A continuación, con los franceses a menos de 300 metros de distancia, con un simple movimiento, los soldados británicos disponían su mosquete para hacer fuego. El silencio debía ser absoluto para poder escuchar las órdenes de los oficiales, como ya ocurriera en los viejos tercios españoles.

Una vez dada la orden se disparaba la salva sobre las masificadas columnas francesas. A continuación, con tres vítores los británicos iniciaban una carga contra sus oponentes, que estaban confusos y desordenados por la salva, incapaces de cerrar las filas. La carga británica no iba más allá de quizá un centenar de metros. Llegados a ese punto la infantería retrocedía en orden a su posición original en espera de otro ataque del enemigo.

Cuadro

Este se producía cuando los franceses lograban traer refuerzos al punto de ruptura y reiniciaban la carga. El proceso se repetiría hasta diezmar completamente las filas francesas. Uno de los secretos de Wellington consistía en que en las fases iniciales de la batalla empleaba una potente pantalla de infantería ligera que debía actuar en escaramuza, de manera que los tirailleurs o escaramuzadores franceses no pudieran llegar nunca hasta el cuerpo principal británico.

Cuando Wellington recibió el mando del ejército británico en Portugal incrementó el número de compañías de infantería ligera de cada brigada para este mismo propósito, y poco después creó la División Ligera, una especie de línea estratégica de escaramuza que mantenía a los franceses alejados hasta que comenzaba la batalla, evitando así que descubrieran las disposiciones del grueso del ejército británico.

Empleados como vanguardia o retaguardia del ejército durante todas las operaciones militares en España, los logros de la División Ligera se hicieron célebres y la confianza de Wellington en los fusileros que formaban esos batallones nunca se vio traicionada.

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  1. Gabriel says:

    Me pregunto si existía mucha diferencia entre la cadencia de tiro de las armas británicas y las francesas…
    Muchas Gracias por el Artículo!!

    • Dani says:

      «Tradicionalmente» se ha dicho que las tropas inglesas formadas en línea disparaban varias descargas en rápida sucesión sobre las columnas francesas diezmandolas. Se decía que el mayor entrenamiento de los soldados británicos les permitía realizar más disparos en el mismo tiempo. Pero hoy día hay corrientes históricas que lo discuten y que como en el texto mencionan una única descarga contra la columna antes de cargar a la bayoneta. Los «nuevos» historiadores mencionan la fase final de la batalla de los Arapiles para descartar la mayor velocidad de disparo de los británicos. Yo personalmente no se con que quedarme, ya que las fuentes de la época son mucho menos precisas de lo deseable y muchas de ellas tienden a la metáfora, por decirlo de alguna forma. Queda más «macho» decir que se hace una única descarga y se pasa a la bayoneta que decir que se les estuvo tiroteando durante varios minutos antes de atacar…………

    • Dani says:

      «Tradicionalmente» se ha dicho que las tropas inglesas formadas en línea disparaban varias descargas en rápida sucesión sobre las columnas francesas diezmandolas. Se decía que el mayor entrenamiento de los soldados británicos les permitía realizar más disparos en el mismo tiempo. Pero hoy día hay corrientes históricas que lo discuten y que como en el texto mencionan una única descarga contra la columna antes de cargar a la bayoneta. Los «nuevos» historiadores mencionan la fase final de la batalla de los Arapiles para descartar la mayor velocidad de disparo de los británicos. Yo personalmente no se con que quedarme, ya que las fuentes de la época son mucho menos precisas de lo deseable y muchas de ellas tienden a la metáfora, por decirlo de alguna forma. Queda más «macho» decir que se hace una única descarga y se pasa a la bayoneta que decir que se les estuvo tiroteando durante varios minutos antes de atacar…………

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