La batalla de Tolentino fue la última batalla campal de la campaña. Bianchi se había hecho fuerte en el Monte Milone. Cuando la avanzadilla de Murat llegó el 2 de mayo, lanzó a sus tropas en un ataque muy exitoso. Los napolitanos aseguraron la posición, pero un alto coste de bajas, entre ellos varios generales. La situación seguía siendo crítica, pero la suerte aún podía cambiar. Si Murat lograba hacer que Bianchi se retirara y volvía a Ancona para caer sobre el I Cuerpo podía convertir el desastre en una victoria. Murat planeó la batalla para el 3 de mayo. Mientras tanto, hizo descansar a sus tropas y ordenó a los forrajeadores que buscaran comida. Al alba el ejército estaba disperso.

La Batalla de Tolentino

A media mañana la Guardia Real avanzó impetuosamente, sin órdenes, contra las tropas de Bianchi. Sin poder hacer nada para replegarlos, Murat lanzó todo lo que tenía en el ataque. Liderando personalmente la lucha en las primeras filas, Murat lideró varios asaltos, pero los austriacos mantuvieron sus posiciones.

Al final, una de las divisiones de Murat empezó a huir, y el pánico se empezó a sentir entre las tropas napolitanas que se empezaron a huir. Al ver esto, los austriacos empezaron a atacar. El aún rey de Nápoles ordenó una retirada general, liderando personalmente su retaguardia que, con apoyo de la artillería, evitó que los austriacos pudieran destruir completamente los restos de su ejército.

Entre constantes acciones de retaguardia, el ejército de Murat se fue disolviendo a medida que se retiraba. Alcanzó Nápoles el 18 de mayo con solo 8.000 hombres. Intentó reclutar más, pero solo pudo conseguir 12.000 soldados y algunos milicianos poco fiables.

El III Cuerpo de Bianchi estaba cerca, avanzando en dirección sur por la costa occidental. Sufrió un leve revés en Itri entre el 11 y el 12 de mayo, pero había logrado tomar la gran fortaleza de Gaeta, la última fortaleza al servicio del soberano napolitano. El juego había terminado. Murat abdica y huye a Francia, donde Napoleón, en un arrebato de ira, rechazó darle un mando, pese a que podría haber sido decisivo al mando de la caballería francesa en Waterloo.

La campaña de Murat fue mal planeada. Su grandeza había venido de la mano de Napoleón, y cuando intentó ir en solitario demostró carecer de muchas de las virtudes que hicieron grande al Corso. Cuando le traicionó en 1814 había logrado conservar temporalmente su trono, pero solo podía asegurarlo en una Europa dominada por la Francia Napoleónica.

El fin de Murat

Si se hubiera alzado a la vez que Napoleón volvía a Francia y hubiera actuado en su nombre actuando de forma coordinada con él, podrían haber sucedido grandes cosas. Pero Murat jugaba en una liga para la que no estaba preparado, más allá de sus habilidades y recursos. Meses después de Waterloo, intentó recuperar su reino en un burdo intento de imitar la huida de Elba de su antiguo jefe. Cuando fue capturado y condenado a muerte, el bello jinete pidió que no dispararan a su cara mientras recibía la descarga del pelotón de fusilamiento.

Viene de La campaña de 1815 de Murat en Italia (II)

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  1. dani says:

    Interesante serie. Lo que no entiendo es como pensó que podría ganar el solo. Si «temporalmente» hubiera derrotado a los austriacos estos podían mandar más tropas.

  2. Diego says:

    Gran serie, muy interesante. Y si, como lo extraño Napoleon en Waterloo, es muy probable que otro hubiera sido el final. Ha falta de algunos recursos hay que decir que tenia un valor a toda prueba.

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