Es el año 1874. En el ámbito de una nueva guerra carlista, nos encontramos con un grupo de caballeros que cenan amistosamente en una masía catalana, en el pueblo de Vidrá.

Masía del Cavaller de Vidrá

Este pueblo es un refugio carlista, un envidiable posición estratégica a 1.100 metros de altura, bien protegida por montañas. Un simple pelotón podía defender la posición ante una columna enemiga.  Sobretodo destacaba la masía llamada «El Cavaller de Vidrá» (El caballero de Vidrá), una casa restaurada en 1787  con estilo francés. Dicha casa, como la mayoría de masías catalanas, era robusta y capaz de proporcionar una posición defensiva excelente.

Entre los caballeros reunidos se encuentra Francesc Savalls i Massot, uno de los caudillos carlistas en la zona de Cataluña. Es un hombre ya veterano, que participó en la Primera Guerra Carlista e incluso ha luchado como «carabiniero» al servicio del Papa Pio IX. Un hombre capaz de la mayor caballerosidad, como de la mayor crueldad. Tras el fracaso en el asedio del pueblo de Tortella, cuando encuentra posteriormente un grupo de prisioneros fromado por soldados de los Voluntarios de la Libertad de Tortella, los manda fusilar sin contemplaciones. Eso sí, cuando algunos prisioneros de la misma unidad son encontrados unos minutos después aún vivos, les perdona la vida.

General Francesc Savalls

Los caballeros que están en esa mesa están celebrando la onomástica de San Joaquín, nombre del propietario de la masía, cuando les llega la noticia de que una columna republicana, al mando del brigadier Cabrinetty, se acerca a la masía.

Los mandos carlistas, con su escolta, se atrincheran. Eso sí, no sin antes acabar su partida de cartas y sus brindis. Una vez rodeados por las tropas republicanas, se inicia el tiroteo.

Conscientes de que no pueden aguantar mucho, los carlistas idean un estratagema para romper el cerco: hacer  salir corriendo a todo el ganado que se encontraba en el corral (burros y otros animales), y huir en medio de la confusión. Puede parecer de western, pero así funcionaban las cosas entonces.

Dicho y hecho, tras abrir la puerta del corral y soltar varios trabucazos, el cerco republicano se vé sorprendido por la cantidad de animales huyendo. Y entre la confusión, la plana mayor carlista escapa.

El general Savalls y el brigadier Cabrinetty ya resolverán sus diferencias en otro pueblo llamado Alpens, pero eso ya es otra historia.

  1. dani says:

    Las guerras carlistas dan para muchas películas con la de aventuras que hubo. Pero casi ni hay novelas, como para haber películas.

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