Hay al menos dos versiones conocidas de la muerte del mariscal von Kluge, una contada por el General Bodo Zimmerman que damos por cierta y que referimos a continuación, y otra dada por el criminal Jurgen Stroop, a la que hacemos referencia al final de la entrada.

Mariscal von Kluge

Hacia mediados de agosto de 1944, el mariscal von Kluge decidió visitar al Séptimo Ejército, que no estaba aún completamente rodeado, en la bolsa de Falaise. Pernetró en la bolsa con la intención de visitar el cuartel general de Septimo Ejército y el Grupo acorazado de Eberbach, acompañado sólo por su ayudante y un camión de transmisiones.

Durante todo el día el Estado Mayor del comandante en jefe de los ejércitos del Oeste trató vanamente de comunicar por radio con Kluge. Había que tomar una urgente decisión sobre un asunto de suma importancia. Los americanos habían alcanzado Chartres. ¿Debíamos tomar las disposiciones que pudieramos para la defensa de París, o se implantaría, finalmente, una nueva estrategia? ¿Era necesario tomar medidas para el traslado del cuartel general?

St. Germain estaba demasiado cerca del campo de batalla para que en él siguiera el Estado Mayor del comandante en jefe. Sin embargo, los mandos supremos no podían cambiar la situación de sus cuarteles generales sin la previa aprobación de Hitler. Puesto que ni el Septimo ejército ni el grupo acorazado pudieron darnos noticias de él, aquella noche tuvimos que informar de su desaparación al OKW.

Falaise

Es imposible establecer claramente ahora los movimientos de Kluge durante las horas en que se desvaneció en la bolsa de Falaise, puesto que no vive testigo alguno de ello. Más tarde se dijo que el servicio de escucha del OKW había interceptado un mensaje de Kluge a Patton, acerca de la posibilidad de una tregua. Lo cierto es que el camión de radio de Kluge fue detruido por una bomba y que el mariscal llegó finalmente al cuartel general de Eberbach, a pie, aquella noche.

Tan pronto como el OKW fue informado de su reaparición, Hitler mandó un seco mensaje: «Ahora que el mariscal Kluge ha sido encontrado, se dirigirá inmediatamtnete de la bolsa de Falaise al puesto de mando del Quinto Ejéricito Acorazado, donde volverá a hacerse cargo de la dirección de la batalla en progreso». Esta orden no alcanzó a Kluge entonces, puesto que se dirigía ya a su propio cuartel general en La Roche Guyon.

El general Bodo Zimmermann señala algo en un mapa ante Rommel y von Rundstedt

Este extraño incidente fue realmente el fin del mando de Kluge en el Oeste. El 16 de agosto sostuvo una conferencia en St Germain con los jefes de la Aviación y la Marina, y el comandante de las fuerzas armadas de París. Prohibió la lucha en la ciudad, ordenando, asimismo, que las instalaciones esenciales, tales como los suminsitros de agua, gas y electricidad no fueran destruidas. Las mujeres alemanas y los heridos debían ser evacuados con toda rapidez. Solo había que luchar por las proximidades de París, particulamrente las principales carreteras. Colocó al comandante militar de París bajo sus órdenes personales, con el fin de asegurar que esas órdenes fueran cumplidas.

¿Sabía, acaso, que su destino estaba ya decidido? Se despidió personalmente de todos los oficiales, observándose cierta melancolía en su forma de hacerlo. Entonces regresó a La Roche Guyon, donde llegó el mariscal Model durante la noche del 17, siendo portador de la orden por la que sustituía a Kluge como comandante en jefe de los ejércitos del Oeste, y relevándole también del mando del grupo de ejércitos B. Asimismo le entregó una corta carta de Hitler en la que le decía que Kluge se había fatigado excesivamente durante las semanas de batalla, por lo que había decidido pasarle a la reserva durante algún tiempo, con el fin de que pudiera recobrar la salud.

von Kluge junto a Hitler

Kluge tomó con calma su destitución. Aquella noche escribió una carta a Hitler implorándole que pusiera fin a la desigual batalla que se libraba en el Oeste. A primeras horas del día 18 se despidió de sus oficiales de Estado Mayor, emprendiendo el regreso a Alemania en automóvil. Al llegar a Metz ordenó al conductor que detuviera el coche. Se envenenó allí, siendo llevado al hostpital de Metz en estado agónico.

El OKW ordenó que se llevara a cabo una autopsia imediata . Su resultado fue comnicado al Estado Mayor del comandate en jefe de los ejércitos del Oeste, que entre tanto se había trasladado a Verzy, cerca de Reims, con el siguiente lacónico mensaje firmado por Jodl: «Establecida sin duda alguna presencia cianuro de potasio».

Jurgen Stroop

La otra versión de la muerte del mariscal nos la ofrece el SS-Gruppenführer y General der Polizei Jurgen Stroop. En 1949, cuando se encontraba encarcelado en la prisión de Mokotow esperando juicio, compartió celda con el escritor polaco Kazimierz Moczarski quien, años después, escribiría un libro titulado Conversaciones con un verdugo, que trata sobre las confidencias que le hizo Stroop  durante el cautiverio. Entre ellas, afirmó haber matado personalmente al Mariscal Günther von Kluge.

De acuerdo con  Stroop, von Kluge fue arrestado el 16 de agosto y mantenido bajo arresto en Dombasle-sur-Meurthe. Ese mismo día fue interrogado por Stroop pero el mariscal negó todas las acusaciones respecto a su participación en el atentado contra Hitler. Durante los dos días siguientes, fue interrogado sin éxito por dos oficiales de alto rango a las órdenes de Stroop, posiblemente el SS-Brigadeführer y Generalmajor der Polizei Dr. Richard Wagner, y el SS-Oberführer y Oberst der Polizei Dr. Hans Trummler. El 19 de agosto, Stroop intentó personalmente convencer por última vez a Kluge de que confesara y cometiera suicidio, tomando veneno o empleando un arma, pero el mariscal se mantuvo firme, sin admitir nada y negándose a la «solución honorable» ofrecida por Stroop.

Von Kluge

En sus confesiones a Kazimierz Moczarski deja claro que tenía órdenes de matar a von Kluge en caso de que este último se negara a suicidarse. Luego, recibió órdenes de Himmler de escribir inmediatamente un informe oficial en el que reflejara que el marsical había sido citado urgentemente a Berlín y de que se había suicidado tomando veneno en el avión justo antes de despegar.

Cualquiera que fueran las circunstancias de su muerte, lo cierto es que Kluge estaba muy decepcionado por como se había llevado la guerra y por las cosas que había oído sobre los crímenes alemanes y el caracter de Hitler. Stroop fue colgado en Polonia en 1952, tras haber sido sentenciado a muerte por los tribunales de Dachau y posteriormente entregado a los polacos, que también lo sentenciaron a muerte.

Si te gustó, no te pierdas el resto de la serie Muerte de un general alemán

  1. Pedro J.Pérez says:

    Muy interesante el artículo, y bien descrito. Me encantaría seguir leyendo y aprendiendo más sobre nuestra historia contemporánea.

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