Traemos hoy la memoria de otro soldado hispano, oriundo de Veracruz, que desembarcó en Playa Omaha y que se distinguió con gran bravura en la batalla de las Ardenas.

Nacido el 1 de junio de 1912, José M. López se crió con su madre en Veracruz, Méjico. Cuando tenía 8 años, su madre murió de tuberculosis y él fue enviado a Brownsville, Tejas a vivir con su tío. En su adolescencia, José realizó diversos trabajos hasta que captó la atención de un ojeador de boxeo. Siguieron 7 años de gira con 55 combates a sus espaldas.

Más tarde ingresó en la marina mercante. Un buen día, López se enteró por la radio de lo que había sucedido en Pearl Habor mientras trabajaba en un trasatlántico de pasajeros que hacía la ruta Hawai – California. Cual no sería su sorpresa cuando al desembarcar en Los Angeles fue detenido con cargos de ser un agente japonés debido a sus rasgos hispanos. Por fortuna, José pudo convencer a los agentes federales que era mejicano-norteamericano y no descendiente de japoneses.

A principios de 1942, López recibió la comunicación de llamada a filas y con el tiempo llegó al grado de sargento en el 23.er Regimiento de Infantería de la 2.ª División de Infantería. Desembarcó en Playa Omaha en el desembarco de Normandía y desde allí comenzó una larga campaña de feroces combates que acabaron en la invasión de Alemania. Antes de llegar a la frontera germana, López participó en una de las más duras batallas de la historia del ejército de Estados Unidos: Las Ardenas.

Monumento en Brownsville a José M. López

El 17 de diciembre de 1944, un día después de que comenzara la ofensiva alemana, el sargento López y su unidad se hallaban en la zona boscosa de los alrededores e Krinkelt, en Bélgica. Hacía mucho frío, y el terreno estaba nevado y helado. De repente, aparecieron carros de combate alemanes acompañados de infantería frente a López y sus hombres que estuvieron a punto de arrollar sus posiciones. José se percató de que el flanco izquierdo de su compañía estaba en peligro así que pasó a la acción.

Agarró su ametralladora pesada y corrió a las posiciones expuestas del flanco mientras las balas enemigas silbaban a su alrededor y levantaban montoncitos de nieve y tierra entre sus pies. Finalmente tuvo que saltar a un pozo de tirador muy estrecho en busca de protección, y mientras el enemigo se acercaba segó con su arma a al menos 10 soldados alemanes. Unos instantes más tarde había derribado a otros 25 alemanes más que trataban de neutralizarlo.

José M. López tras su ametralladora

Un poco aturdido y sometido también al fuego de los carros de combate, López se retiró hacia la retaguardia y volvió a abrir fuego sobre el enemigo. En cierto momento cayó un proyectil en las cercanías que lo dejó entumecido, pero vuelto a la vida de nuevo, tiró del cerrojo de la ametralladora y comenzó a disparar de nuevo.

Los alemanes trataban de maniobrar para flanquear su posición y atacarlo por la espalda. Al percatarse de ello cogió su ametralladora y corrió hacia las posiciones de un grupo de soldados que acababan de reajustar la posición defensiva. Tras apostar de nuevo su arma, López comenzó a disparar hasta que se quedó sin munición. Ya no había más que hacer allí, así que se replegaron en orden hasta la población cercana.

López había matado el solo a unos 100 alemanes mientras defendía las posiciones de su compañía tratando de impedir que fuese flanqueada y destruida por el enemigo. Su acción permitió también que las tropas reajustaran la posición defensiva en la dirección del ataque, lo que ayudó a repelerlo. López fue ascendido por méritos de guerra a oficial pero rechazó el ascenso porque quería seguir con sus hombres. Continuó luchando con la 2.ª División de Infantería hasta el interior de Alemania y Checoslovaquia, donde le sorprendió el fin de la guerra.

Durante su estancia en Checoslovaquia le fue comunicado que debía trasladarse a Nuremberg porque le iban a conceder la Medalla de Honor del Congreso. El 18 de junio de 1945, el mayor general James van Fleet condecoró a José M. López con la Medalla de Honor en una ceremonia en la ciudad alemana. Tras regresar a Estados Unidos, López se licenció y aceptó un trabajo en el órgano de Administración para los Veteranos en San Antonio, Tejas. López vivió en San Antonio hasta su muerte de cáncer el 16 de mayo de 2005.

Ver más Medalla de Honor – James P. Connor

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