El 2 de noviembre de 1944, cuando casi 1.000 bombarderos de la Octava Fuerza Aérea estadounidense, escoltados por más de 600 cazas P-51 y P-38 aparecieron en dos grupos sobre el territorio del Reich, despegaron casi 500 interceptores de la Luftwaffe en su busca, de los que 61 eran Fw 190 pertenecientes a dos Sturmstaffeln.

Los Rammjägers reclamaron 30 bombarderos de un total de 80 aparatos destruidos (las cifras norteamericanas solo reflejan la pérdida de 40 cuatrimotores, aunque acredita no menos de 24 a este tipo de grupos de ataque cercano), uno por embestida del teniente Werner Gerth, que murió por fallo de apertura en el mecanismo de su paracaídas después de que colisionase deliberadamente con un B-17. Se perdieron 30 de los 61 Rammjägers que participaron en el ataque.

Al principio, los pilotos de las Sturmstaffeln eran voluntarios, pero pronto empezó a obligarse a los hombres a formar parte de estos grupos bajo la amenaza de fuertes sanciones disciplinarias si no lograban destruir al menos un bombardero enemigo en combate en cada misión, embistiéndolo si fuese necesario. No lograrlo implicaba una acusación formal de cobardía.

Para la primavera de 1945, con la acuciante escasez de hombres y pilotos, las Sturmstaffeln recurrieron cada vez más a ataques tarán. «Los Rammjägers efectuarán a partir de ahora ataques suicidas», escribió el ministro de la propaganda Joseph Goebbels en su diario el 31 de marzo de 1945. Seguía, «… se espera un 90 por ciento de bajas… aunque se prevé un éxito extraordinario». Observó también que «entre el 50 y 90 por ciento son voluntarios»; quizá un 50 estuviese más cercano a la realidad.

El clímax llegó el 7 de abril cuando, con marchas nazis resonando en sus radios, despegaron 120 Fw 190 y Bf 109G del Rammkommando Elba del coronel Hajo Herrmann para interceptar a una fuerza de más de 1.000 bombarderos pesados y 800 cazas de escolta sobre el norte de Alemania.

Con el apoyo de los Me 262, los Rammjägers picaron desde una altura de unos 10.600 metros sobre las formaciones de bombarderos. En lo que los historiadores de la USAAF describen como un «delirante ataque suicida» de 45 minutos de duración, al menos ocho B-17 y B-24 fueron derribados por ataques tarán.

El coste fue inmenso: solo 15 de los Rammjägers regresaron a sus bases de Stendal y Gardelegen; 28 pilotos habían logrado saltar en paracaídas y sobrevivir; 77 estaban muertos o desaparecidos. «Nuestros cazas suicidas no han producido los efectos esperados», escribió Goebbels en su diario al día siguiente, «… pero esto es solo un primer intento que deberá repetirse… con suerte con mejores resultados». Pero en esta esperanza, como en tantas otras, habría de verse decepcionado.

Viene de Los Rammjägers y las Sturmstaffeln – Los pilotos suicidas de la Luftwaffe (I)

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  1. dani says:

    Al final de la guerra eran tales las formaciones de bombarderos aliados y tan pocos los aviones alemanes disponibles, que incluso con una tasa de éxito mayor, no se hubiera notado demasiado.

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