Podríamos llamarlo el Pearl Harbor soviético. En la punta de una península con historia se halla una ciudad, también con historia, donde en 1854 un joven oficial de artillería llamado Leon Tolstoy fue testigo de la guerra y del combate. Se trataba de Sebastopol, en la península de Crimea.

Muchos años más tarde, en la madrugada del 21 al 22 de junio de 1941, las dos tiranías europeas, la Alemania nazi y la Rusia soviética, aún no estaban en guerra, aunque había muchos rumores de que sí…. y de que no. Desde Moscú se había enviado una orden para que toda la flota se pusiera en máxima alerta. Sebastopol y las unidades de la flota del Mar Negro habían apagado sus luces y se habían quedado a oscuras como precaución.

Cuando los trozos de la armada fueron a apagar el generador eléctrico principal de la ciudad, los funcionarios municipales protestaron pero se les dijo que obedecieran  y se metieran en sus propios asuntos. En pocos instantes la ciudad y sus instalaciones militares y portuarias estaban a oscuras. Bueno casi. Dos haces de luz de faros, alimentados por generadores propios continuaban brillando.

Por pura casualidad habían sido encencidos poco tiempo antes para guiar a una barcaza de residuos, y la línea telefónica a cada uno de ellos estaba fuera de servicio por razones desconocidas. Se envió a un mensajero en motocicleta para informar a los fareros.

Batería de entrada al puerto de Sebastopol

A las 02:00am de la madrugada del 22 de junio, un domingo, las unidades de la flota y la ciudad estaban perparadas para un ataque que podría llegar a materializarse o no. ¿Quién podía estar seguro? Poco después de las 03:00am de la madrugada el capitán N.G. Rybalko, oficial de guardia en el cuartel general de la flota durante esa histórica noche, recibió noticias de observadores (en realidad de sonidos mediante instrumentos acústicos) en dos puntos de la costa situados al oeste que habían detectado el sonido de aviones acercándose.

¿Serían aviones soviéticos? ¿Habría que dispararles? ¿Qué aviones eran aquellos? Según las inforaciones disponibles no había aviones soviéticos en el aire. Ascendiendo por toda la cadena de mando hasta la cúpula de mando de la flota, Rybalko solicitó permiso para disparar sobre los supuestos intrusos. Si al final estaba equivocado, si había aviones soviéticos en vuelo, le dijeron, sería fusilando al día siguiente. Pero respecto a todo lo demás la respuesta no fue clara.

Detectores por sonido

Rybalko insisitó hasta que obtuvo una autorización explícita del vicealmirante I.D. Eliseyev, jefe del estado mayor de la Flota del Mar Negro. Y aún así, hubo una pequeña pega. El teniente I.S. Zhilin, que estaba de servicio esa noche con elementos del mando antiaéreo regional había llamado con anterioridad solicitando el mismo permiso para derribar a los aviones intrusos, pero ahora que Rybalko tenía luz verde, Zhilin vaciló.

El problema era que el teniente era muy pulcro con todo el procedimiento administrativo. «Ten en cuenta», le dijo a Rybalko, «que estás asumiendo toda la responsabilidad por esta orden. Anotaré esto en mi diario de operaciones». Exasperado por el apremio, Rybalko le gritó: «¡escribe lo que quieras pero dispara sobre esos aviones!»

Segundos más tarde, los cañones antiaéreos de montaje triple disparaban al cielo nocturno de Sebastopol, pero segundos más tarde empezaron a caer las bombas, ¡bomas alemanas! También en toda la frontera de la Unión Soviética estaba a punto de comenzar la Operación Barbarroja, la invasión alemana.

Eran las 3:15 am de la madrugada en Sebastopol, y aún se empleó mucho más tiempo en tratar de convencer a Moscú. El comisario naval Nikolai G. Kuznetzov intentó ponerse en contacto con Stalin, pero solo logró hablar con el miembro del Politburó Georgi Malenkov, que contestó gravemente: «¿Eres consciente de lo que estás informando?»

«Lo entiendo», replicó Kuznetzov, «e informo bajo mi propia responsabilidad que la guerra ha comenzado». Incluso cuando Stalin fue finalmente alertado en persona, aún pasaría horas diciéndole a sus frenéticos generales que la actividad militar en las fronteras era una mera provocación de los «generales alemanes».

Mientras tanto, en el mar Báltico, muy lejos al norte y al oeste, el reloj marcaba las 3:20am cuando cuatro lanchas torpederas alemanas atacaron a un vapor letón cargado con madera frente a la isla sueca de Gothland. Los marineros soviéticos supervivientes fueron ametrallados en el agua. Los que cayeron de forma tan vil en este encuentro pordrían haber sido las primeras bajas sufridas por la Unión Soviética en su Gran Guerra Patriótica contra la Alemania nazi.

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  1. Alberto Devilor says:

    Buenas tardes Estimado Don Hugo A. Cañete, como siempre un placer leer sus artículos históricos sobre la Segunda Guerra Mundial. Me ha parecido un gran artículo y una historia interesante la de la ciudad de Sebastopol. Incluso se podría escribir un thriller de acción sobre lo relatado por usted.

    Por cierto me permito enlazarle el artículo que han enviado a Meneame, parece ser que ha levantado algo de revuelo su introducción en donde alude a las tiranías europeas.

    Dejo el enlace por si tiene usted a bien pasar y dejar algún comentario instruido de su parte.

    https://www.meneame.net/story/primeros-momentos-operacion-barbarroja-flancos-crimea-baltico

    MI enhorabuena por el artículo, espero ver más de esta saga de la Operación Barbarroja.

    Alberto

    • Hugo A Cañete says:

      Hola Alberto, muchas gracias por sus palabras. Son las pequeñas anécdotas de la historia que nos hacen empatizar con los grandes acontecientos y por ello creo que también son importantes. Respecto a lo que me comenta, no merece la pena perder ni un minuto de tiempo en debatir la obviedad de que la Alemania Nazi y la Unión Soviética de Stalin eran tiranías.
      saludos!

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