El general Ivan Fedyuninsky, veterano de Kalkhin Gol y posteriormente Héroe de la Unión Soviética, relata en unos escritos el ambiente que había en los días previos al comienzo de Barbarroja.

I.I. Fedyuninsky durante la campana de Kalhkin Gol en 1939

Desde su nombramiento como comandante del Décimo Quinto Cuerpo de Infantería Soviético en abril de 1941, el general I.I. Fedyuninsky no tenía dudas de que algo se estaba cociendo con los alemanes en la frontera occidental de la URSS, y permanecía atento desde su nuevo cuartel general en Kovel, Distrito Militar Especial de Kiev (Ucrania Occidental).

Además, se estaban detectando aviones alemanes e incluso incursiones esporádicas de comandos en territorio soviético. Años más tarde escribiría:»Procedente de una gran cantidad de fuentes y del reconocimiento del ejército y de nuestra guardia de fronteras, sabíamos que las tropas alemanas estaban concentrándose a lo largo de la frontera desde el mes de febrero».

Mientras tanto, las ofrtifiaciones de frontera soviéticas estaban desarrollándose lentamente. La llegada de nuevo equipo, carros de combate, aviones, era esporádica a la enorme frontera occidental. Los soldados desplegados en las áreas fronterizas estaban confiados. «Muchos pensaban que nuestro ejército podría obtener una victoria fácil, y que ningún país capitalista, incluyendo a la Alemania Nazi, se atrevería a luchar contra el Ejército Rojo», escribiría Fedyuninsky. «También subestimaron la experiencia militar y la enorme cantidad de material de última generación que poseía el ejército alemán».

Los soldados rusos estaban confiados

La única consolación para un jefe militar como Fedyuninsky era que daba por hecho que al menos Stalin lo sabría y estaría al tanto de todo. Y en realidad parecía que así era, aunque en vez de acelerar los preparativos defensivos o elevar el nivel de alarma, lo que se percibía era una total inacción. «Por entonces, no sabíamos que Stalin, haciendo caso omiso de los informes de nuestra inteligencia y de los jefes desplegados en los distritos fronterizos, había interpreatado muy mal la situación internacional y particularmente los tiempos de la inminente agresión alemana».

En una fecha tan tardía como el 14 de junio, la agencia de prensa del estado, TASS, emitió un comunicado en el que expresaba que los rumores de un inminente ataque alemán «están completamente infundados».

Cuatro días más tarde, en su distrito cerca de la frontera, Fedyuninsky fue informado de un desertor alemán que se habían pasado a los soviéticos. El alemán había huído por miedo a las represalias al haber pegado a un oficial estando borracho. El desertor dijo que Alemania invadiría la Unión Soviética a las 04:00am del 22 de junio.

Los avisos de Fedyuninsky basados en las declaraciones del desertor fueron ignoradas por la cadena de mando y en la madrugada del 22 de junio se cumplieron los pronósticos. Los alemanes estaban entrando en Rusia, desde prácticamente pasada la medianoche.

El pueblo oye el discurso de Stalin del 3 de julio

Fedyuninski dio la alarma y salió con sus fuerzas hacia la frontera, a unos cincuenta kilómetros, donde las tropas fronterizas estaban luchando hasta el último hombre. «Hasta las esposas de los guardias fronterizos estaban en primera línea, llevando agua y munición y haciéndose cargo de los heridos. Algunas llegaron a tomar las armas y disparar contra los atacantes».

Durante las primeras horas no solo la guardia fronteriza fue arrollada, también lo fueron las fuerzas del Ejército Rojo durante los primeros días, semanas e incluso meses. Incluso Stalin parecía estar sobrepasado por la catástrofe que se cernía; misteriosamente había desaparecido de la esfera pública.

Los días pasaban y el desastre seguía acechando, pero entonces, por fin, llegó el carismático discurso de Stalin del 3 de julio, un grito que apelaba a la unidad y que iba más allá de la ideología comunista, hasta lo más profundo el alma rusa. «Es difícil describir el enorme entusiasmo y la inyección de espíritu patriótico que provocó», escribe Fedyuninsky. «Es como si de repente todos nos sintiéramos más fuertes».

Fedyuninsky al final de su carrera

A pesar de todo, la guerra distaba de acabarse, y en los años que quedaban de contienda Fedyuninsky se distinguió como comandante, desempeñando un papel decisivo en la rutpura del cerco de novecientos días de Leningrado.

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  1. Pablo G. Romero says:

    Gracias por el artículo. Fedyuninsky fue uno más de los generales que no compartieron la política de contención de Stalin en la víspera de Barbarroja. Al mando del 15º Cuerpo de Fusileros, tenía dos divisiones de fusileros bajo su mando, la 45º y la 62º. Estaba encuadrado en el Distrito Militar Especial de Kiev, redenominado al inicio de las operaciones «Yugo-Zapadnij Front» o Frente Suroccidental. Saludos.

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