Hace cosa de una semana nos despertábamos con la no por habitual menos desagradable noticia de un nuevo fracaso español en el festival de Eurovisión. Sin duda no es intención del que esto escribe entrar a describir semejante guerra, sino aprovechar el interesante trasfondo que nos ofrecía la canción ganadora del certamen: 1944, interpretada por la ucraniana Jamala, para profundizar en la temática de la misma, la deportación de los tártaros ucranianos por el régimen estalinista tras la reconquista de Crimea a los alemanes.

La Deportación 4 (soldados antibolcheviques)

Soldados del Ejército blanco, como los que combatieron en Crimea

Sin embargo, como suele suceder, esta historia no comienza en el año que titula la canción sino que lo había hecho mucho antes. Concretamente, en la fresca y ventosa noche del 7 al 8 de diciembre de 1920, cuando los soldados de la 52.ª División de fusileros del 6.º Ejército de Augustus Kork empezaron a cruzar el Sivash, la laguna salada que se extiende entre el istmo de Perekop y la península de Chongar, con la intención era rodear a las tropas blancas del general Wrangel e iniciar la conquista de Crimea para incorporarla al nuevo Estado soviético. El resultado de los combates, durísimos, que siguieron, fue la retirada final de las tropas blancas desde el puerto de Sebastopol el día 14 del mismo mes.

Hay que decir que la península llevaba mucho tiempo siendo rusa. Desde su conquista por el príncipe Vasily Dolgorukov en 1771 y el tratado firmado con el Imperio otomano en Kuchuk Kainarji en 1774, que había finiquitado la existencia política del kanato tártaro tras siglos de incursiones y pillajes por todo el sur de Rusia. A partir de entonces, los tártaros habían tenido que adoptar lo que hoy llamaríamos un “perfil bajo”. Establecidos principalmente en las montañas o en la costa sur de Crimea, tuvieron que obedecer a y colaborar con sus nuevos vecinos rusos, los cuales, por otro lado, tampoco iban a ser demasiado numerosos e iban a establecerse fundamentalmente en torno a Sebastopol.

Evacuación de Sebastopol

Evacuación de Sebastopol

Pastor tártaro de Crimea, imagen de 1869.

Pastor tártaro de Crimea, imagen de 1869.

Dotada con un gran puerto, no es de extrañar que Crimea resultara atractiva para los ejércitos blancos antirrevolucionarios, y por consiguiente del interés del Ejército rojo, inmerso en una cruenta guerra civil por el destino del imperio de los zares. Los tártaros, que habían tenido que soportar primero las violaciones, asesinatos y saqueos de los blancos –aunque esta no fuera una política especialmente promovida, sino al contrario, algo que el general Wrangel siempre había tratado de contener para no alienarse a la población– se enfrentaron, tras la victoria soviética, a un enemigo mucho más peligroso: el Comité Revolucionario de Crimea, encabezado por el húngaro Béla Kun y los rusos Rozalia Zalkid (una colaboradora muy cercana a Lenin) y Georgy Piatakov (este, partidario de Trotsky). Una de las misiones encomendadas a esta terna fue la eliminación de cualquier nacionalismo étnico en esta región de la nueva Unión Soviética, fundamentalmente ucranianos y tártaros.

El 17 de noviembre de 1920 se emitió una orden para que todos los habitantes de Crimea se inscribieran en un registro a fin de localizar a los enemigos de clase, y a continuación empezó la represión: 1100 hombres fueron asesinados en Feodosia; alrededor de 12 000 en Sebastopol; la cifra de los que murieron en Kerch, mediante el expeditivo sistema de subirlos a barcazas que eran hundidas en el mar de Azov, es imprecisa y, finalmente, en Simferopol, la capital de la península, las víctimas mortales de la represión ascendieron a 20 000.

Rozalia Zalkid

Rozalia Zalkid

No todos estos muertos fueron tártaros, pero si fueron ellos quienes organizaron el primer movimiento de resistencia. En la parte sur de Crimea se extienden los montes Yalai, donde nació el que se haría llamar Ejército verde, que trató de llevar a cabo algún tipo de guerrilla contra el Rojo, aunque sin la organización ni los medios suficientes pronto sucumbieron. Desde el otro lado de la barrera también hubo tártaros que trataron de detener la masacre, como Mirsaid Sultan-Galiev, miembro del partido bolchevique y del Comité Central, quien informó fehacientemente a Moscú de lo que estaba sucediendo (acabaría por ser apresado y liberado varias veces, hasta su ejecución en 1940).

En octubre de 1921, la derrota del Ejército verde vino acompañada por un descenso en el número de ejecuciones, aunque para entonces  las cifras oficiales indicaban que los “reprimidos” eran ya unos 52 000; y por un aumento en la cifra de tártaros bolcheviques que pasaron a integrarse en el gobierno de la República Socialista Autónoma de Crimea. Sin embargo, esto no significó un descenso del terror: las detenciones, los interrogatorios y las deportaciones continuaron, hasta 50 000 hombre más, estos si, todos tártaros, iban a partir durante los años siguientes: al Gulag los más desafortunados, o a Turquía, que se había ofrecido a acoger a muchos de ellos, los menos.

Tras estos acontecimientos llego un tiempo de cierta tranquilidad, incluso un periodo de “tartarización” de la península, dentro del marco del gobierno de la República Socialista Autónoma, en el que había ya muchos tártaros. El motivo fundamental fue que la muerte de Lenin en 1924 movió a los demás altos jefes del régimen a maniobrar para ocupar su lugar, y en consecuencia se olvidaron de los tártaros de Crimea, pues tenían cosas más importantes que hacer. Pero cuatro años después, volvieron los problemas. En 1928, Stalin pasó de la “tartarización” a la “sovietización” de la península tras el arresto, juicio y ejecución de Veli Ibrahimov, presidente del Comité Central de Crimea. Entre 1929 y 1930 otros 3500 tártaros fueron ejecutados, y 35 000 enviados al gulag. En diciembre de 1930 (1929 en otras fuentes), la ejecución de 42 tártaros, en la localidad de Alakat, en la costa sur, por tropas del NKVD, llevaron a los demás a rebelarse, pero no iban a resistir mucho antes de ser aplastados por el Ejército rojo, tan solo dos meses.

Simferopol, antes de la Segunda Guerra Mundial

Simferopol, antes de la Segunda Guerra Mundial

Además de la acción político-militar directa del régimen, otro de los factores que ayudaron a reducir la población tártara de Crimea fue el hambre. Nada más instalarse en la península el Ejército Rojo había confiscado las cosechas, por lo que el invierno de 1921-22 fue extremadamente duro para la población –toda, no exclusivamente la tártara– una circunstancia que se repitió entre 1931 y 1933 a causa de la colectivización forzosa impuesta por el régimen estalinista.

La presión sobre los tártaros iba a mantenerse hasta que en 1941 el Ejército rojo tuvo que enfrentarse a un viejo y letal enemigo: llegaban los alemanes. Para entonces habían sido eliminados unos 165 000 tártaros de Crimea, cuya población había quedado reducida a la mitad.

  1. Pablo G. Romero says:

    Gracias por el artículo. Arroja un poco de luz sobre una zona del planeta donde la variedad étnica y acontecimientos políticos y militares la hace de difícil seguimiento. Naturalmente Crimea tiene una posición estratégica al convertirse en el gran puerto del Mar Negro y la natural salida de este al Mediterráneo.

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