Fuerte Sumter, 8 de enero de 1861. Para el comandante Anderson la jornada promete ser una más. “Asediados” por la milicia de Carolina del Sur, los 72 hombres de la guarnición tratan de acomodarse lo mejor posible a una vida por ahora mucho más aburrida que amenazada. La situación es de empate y son los políticos los que tienen que resolver el impasse, por muy poca energía que dediquen al asunto. Entretanto, los suministros de la guarnición menguan, pero algún tipo de contacto tiene que haber porque ese día el jefe de la guarnición federal tiene ante sí un ejemplar del Charleston Mercury.

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Un cañón de 42 libras modelo 1845 de la batería de fuerte Sumter.

El periódico es famoso por extender rumores y falsas noticias, un fenómeno, este último, que queremos considerar actual pero que es muy antiguo, y Anderson no se fía de la extraordinaria historia que lee en sus páginas. Un vapor, el Star of the West, vendría camino de Charleston con refuerzos y suministros para su guarnición. Lo que le sorprende es que no le haya llegado noticia alguna de un intento semejante, a estas alturas todavía no ha recibido la notificación que le ha sido enviada por correo ordinario.

Y sin embargo, la historia del rotativo tiene algo de cierto, mucho incluso, pues aquella misma noche, con todas las luces apagadas, el vapor se personará ante los bajíos que cierran el puerto, que tampoco está iluminado, de modo que la expedición de rescate es invisible para los centinelas del fuerte Sumter.

Ya caída la noche, con el Star of the West frente a los bajíos, la conversación tuvo que versar sobre las diferentes posibilidades. Para el teniente Charles Woods lo mejor debía ser entrar antes de haber sido detectados y llegar al amparo del fuerte aprovechando la oscuridad, pero para John McGowan, oficial navegante, era mejor esperar al amanecer y, como él era el especialista en estas cuestiones, fue lo que sucedió.

Nada más asomarse el sol sobre el Atlántico de aquel 9 de enero, enarbolando la bandera de los Estados Unidos y con los soldados de refuerzo ocultos en el interior de las bodegas, el Star of the West cruzó los bajíos y se adentró en el estuario del río Ashley. “Cuando miré hacia el mar, vi un gran vapor cruzar el bajío y entrar en el canal de la isla de Morris. Tenía enarbolada la bandera ordinaria de los Estados Unidos, y como no pertenecía a la Marina, llegué a la conclusión de que debía ser el Star of the West”, escribiría posteriormente Abner Doubleday.

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La artillería de Carolina del Sur disparando contra el Star of the West

Poco después, cuando el buque aún se hallaba a unos tres kilómetros del fuerte Sumter, sonaron varios estampidos, eran las baterías situadas en Cummings Point por la milicia de Carolina del Sur. Aquellos disparos no son considerados los que comenzaron la Guerra de Secesión, sin embargo uno impactó en la proa, y el otro cerca del timón, sin causar daños. En respuesta, McGowan ordenó que se izara una inmensa bandera militar, a fin de que Anderson, en el fuerte, comprendiera lo que sucedía y les prestara asistencia.

Anderson comprendió, y pronto los tambores de la guarnición tocaban alerta y los hombres se precipitaron hacia sus piezas. Entretanto, la batería de Cummings Point seguía disparando contra el Star of the West, que se había desviado hacia fuerte Moultrie y se hallaba fuera de su alcance. Entonces, a Anderson, tan decidido hasta entonces, le entraron dudas. Estaba “nervioso y sin saber qué hacer”, recordará uno de los soldados de su guarnición, y no era para menos, teniendo en cuenta lo contradictorio de las instrucciones que había ido recibiendo.

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La bandera de La Ciudadela, con la palmera que identifica a Carolina del Sur, también llamada Palmetto State

Entretanto, a bordo del Star of the West la situación empezaba a ser preocupante. “¿Por qué no dispara la guarnición de fuerte Sumter?”. Los que si habían abierto fuego eran los cañones de fuerte Moultrie, y un pequeño vapor rebelde que enarbolaba la bandera roja con la palmera de La Ciudadela, la academia militar de Carolina del Sur, se dirigía hacia ellos a toda marcha. “No teniendo artillería con la que defendernos del ataque –afirmaría más adelante McGowan–, llegamos a la conclusión de que para evitar ser capturados o destruidos, debíamos volver al mar”.

El primer intento de reforzar fuerte Sumter había terminado.

 

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