En la histórica mañana del 6 de Agosto de 1945 un grupo de bombarderos norteamericanos B-29 se acercó volando desde el sur en dirección a la ciudad japonesa de Hiroshima y a las 8:15 el avión bautizado como Enola Gay dejó caer sobre el centro de la ciudad una bomba nunca antes probada, cuyo poder exacto era desconocido.

Esta bomba fue llamada Little Boy, y en tan solo unos segundos liberó una explosión con una potencia de casi 15 kilotones que dejó una ciudad entera reducida a cenizas y casi 70.000 personas muertas al instante. Hacía así su aparición en escena por primera vez en la historia la bomba atómica, un arma capaz de cambiar para siempre la naturaleza de la guerra y poner en serio peligro la propia existencia de la humanidad.

La potencia destructiva de esta nueva arma y el poder disuasorio que puede ejercer frente a potenciales enemigos llevó a que rápidamente las principales potencias dirigiesen sus esfuerzos a desarrollar programas de investigación que les permitieran obtener la máxima capacidad nuclear. Esta constante carrera de armamentos, enmarcada en un contexto de máxima rivalidad y enfrentamiento entre los bloques liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética, daría lugar a que durante el período de tiempo conocido como la Guerra Fría la humanidad viviese en un permanente estado de miedo ante la posibilidad de que cualquier incidente pusiese en marcha una guerra nuclear de consecuencias inimaginables.

Con la desintegración de la Unión Soviética en los años noventa se finalizaría la Guerra Fría, sin embargo esto no significaba la desaparición de la amenaza nuclear ni se traduciría en un acuerdo de desarme nuclear universal entre las potencias poseedoras de este armamento. Por el contrario, Estados Unidos y Rusia (heredera de la extinta URSS) siguen manteniendo ingentes arsenales nucleares y los países con armamento nuclear en el mundo ya no son únicamente los cinco reconocidos internacionalmente por el Tratado de No Proliferación Nuclear, sino que han adquirido este estatus nuevos países como India, Pakistán o Corea del Norte.

Aunque atrás quedaron los años de la Guerra Fría, lo cierto es que la tradicional rivalidad entre estas dos grandes potencias no ha desaparecido y continúan en una constante carrera tecnológica que les permita imponerse sobre el rival o neutralizar en lo posible aquellas ventajas de que pueda disponer para poder defenderse frente a un ataque. De este modo, por ejemplo, en los últimos años ha sido un tema recurrente en la actualidad internacional el tema del despliegue por parte de los Estados Unidos de su sistema de escudo antimisiles. Con este sistema Estados Unidos ha tratado de reasegurar su protección y la de sus aliados en Europa frente a la amenaza de misiles de cualquier tipo por parte de otras naciones como pueden ser Rusia o Irán.

Aunque la amenaza de misiles parece más bien un recuerdo de la Guerra Fría, es una amenaza presente en nuestros días y como toda amenaza (por muy remota que sea) se hace necesario disponer de los medios necesarios para neutralizarla. De esta forma, el progresivo desarrollo tecnológico y la capacidad de los misiles de transportar cabezas nucleares hacen que sean una amenaza muy considerable y que sea necesario disponer de los elementos necesarios para defenderse ante ellos. Por este motivo el desarrollo de sistemas antimisiles se convierte en algo necesario para poder hacer frente a este problema, traduciéndose esto en un despliegue de medios por parte de Estados Unidos en toda Europa, que le ha llevado a instalar este sistema en diversos puntos como España, Polonia, Rumanía o Turquía.

Esto garantiza a Estados Unidos la capacidad de responder ante un ataque externo y protege la integridad de los países europeos. No obstante, esta visión de las amenazas heredada de la Guerra Fría o quizás la tradicional visión occidental de nuestro escenario como centro del poder geopolítico mundial impiden que nos demos cuenta de que la mayor amenaza a nivel global (en cuanto al armamento nuclear se refiere) se encuentra en otro escenario muy lejano, concretamente en la región de Asia-Pacífico.

Es innegable el progresivo ascenso de la importancia de esta región a nivel mundial por muchos y muy variados motivos. No obstante, mientras el mundo parece tener fijada la vista en escenarios como Irán o Corea del Norte por sus programas nucleares, es justamente en el escenario del Sur de Asia donde la proliferación de armas nucleares está siendo constante desde las últimas décadas. Esta región es de gran importancia al albergar a tres países como China, India y Pakistán, donde la combinación de armamento nuclear y constantes tensiones sin resolver, junto a grandes masas de población da lugar a un escenario donde las escaladas de tensión pueden tener efectos catastróficos tanto a nivel local como global.

Debido precisamente a esta combinación de factores y al desconocimiento existente, el objeto de nuestro trabajo será analizar todos aquellos elementos que contribuyen a crear que esta sea una de las regiones más inestables del mundo. De esta forma, nuestro objetivo será analizar cuáles serían las posibilidades de que pudiera estallar un conflicto entre alguna de las partes, en el que se hiciese uso del armamento nuclear.

En el presente estudio, a través del enfoque sistémico, procederemos a estudiar las circunstancias de cada país a nivel individual y las relaciones de cada parte con el resto de países del conjunto. De este modo, las principales variables que habremos de analizar dentro de cada país serán sus relaciones con sus vecinos, sus propias condiciones internas, su política en cuanto al uso del armamento nuclear y su capacidad militar.

La realidad nos lleva a pensar que a pesar de las constantes disputas existentes en la región (principalmente basadas en cuestiones fronterizas) y de la constante producción y mejora del armamento nuclear, el uso de armas nucleares por parte de alguno de los tres países de la región daría pie a una reacción en cadena de dimensiones catastróficas. Por este motivo, la experiencia acumulada a partir de los numerosos conflictos existentes en el pasado nos lleva a plantear como hipótesis que todas las partes tratarían de evitar al máximo el uso de armamento de este tipo, lo que no significa que renunciasen a su empleo en algún momento.

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