A comienzos del siglo III a. de C., las ciudades griegas del sur de Italia se hallaban en un estado de franca decadencia, debido a la presión ejercida por la población nativa hostil y a siglos de luchas intestinas.

El Rey Pirro de Épiro

En aquellos tiempos Tarento era una gran metrópoli griega, que había hecho grandes progresos especialmente en el campo de la industria, el comercio y las artes, bajo la guía de Arquitas, uno de los más grandes hombres de la Antigüedad, medio filósofo, medio ingeniero. Los romanos se vieron envueltos en los asuntos de la Magna Grecia en 285 a. de C, cuando la ciudad de Turios solicitó su ayuda contra los lucanos. A los pocos años, Locros, Regio y Crotona se habían puesto también bajo la protección de Roma. Esta situación fue vista con preocupación en Tarento, la más poderosa de las ciudades griegas, que llevaba algún tiempo recelosa del creciente poderío de Roma.

Una generación antes, hacia 303 a. de C. Roma y Tarento habían firmado un tratado en virtud del cual los romanos se comprometían a no navegar más allá del promontorio Lacinio (Cabo Colonna) cerca de Crotona; y cuando en 282 se presentó ante las costas de Tarento una escuadra de naves romanas, contraviniendo a todas luces los términos del tratado, los tarentinos respondieron violentamente y hundieron algunos barcos. Se dirigieron entonces a Turios, expulsaron a la guarnición romana, y sustituyeron el gobierno oligárquico por un régimen democrático.

Este episodio nos proporciona un bien ejemplo de un rasgo constante de la política exterior romana: el apoyo prestado a las clases altas en todas las comunidades de Italia, que consideraban a Roma su aliada natural, mientras que la masa del pueblo le era habitualmente hostil. Fue el Demos (la Asamblea del pueblo) de Tarento el que ordenó el ataque contra los barcos romanos y la consiguiente marcha sobre Turios; y cuando los romanos protestaron, su embajador tuvo que hacer frente al pueblo de Tarento congregado en el teatro y soportar sus insultos. Finalmente fue esta asamblea la que decidió pedir auxilio a Pirro, rey de Epiro, cuando los romanos se presentaron ante sus murallas.

Cabo Colonna

No era la primera vez que los griegos de Italia buscaban ayuda al otro lado del mar. Arquidamo de Esparta en 343, Alejandro Magno en 334 y Cleónimo de Esparta en 302 habían hecho lo que habían podido. Lo mismo cabe decir de las frecuentes intervenciones de Agatocles, tirano de Siracusa, entre 298 y 295. Cuando Pirro decidió abandonar el peligroso intento de conquistar Macedonia y aceptó la oferta de los tarentinos, se dice que sus intenciones no sólo eran establecer un imperio en Italia, sino también conquistar Sicilia y Cartago.

Ruínas griegas de Tarento

Pirro partió para Italia en 280 a. de C. con un ejército de 25.000 hombres y 20 elefantes. Era la primera vez que los romanos tenían que enfrentarse a un ejército helenístico perfectamente equipado y entrenado profesionalmente, y en el primer enfrentamiento en Heraclea fueron derrotados, no sin antes infligir graves pérdidas al adversario. Pirro mandó a Roma a Cinio, su secretario, con proposiciones de paz, dándole por compañeros a dos mil prisioneros romanos que , si la paz no se concluía, se habían comprometido a volver.

Sigue en Pirro topa con Roma (II)

  1. dani says:

    Ejércitos profesionales contra ejércitos ciudadanos. En realidad los ejércitos helenísticos no eran malos, en algunos aspectos eran superiores al romano. Pero cuando Roma llegó a enfrentarse verdaderamente a esos ejércitos, estaban en decadencia, los superaban numéricamente. Si en vez de contra el Épiro que después de todo era un estado pequeño, hubiera sido contra el Egipto de los tolomeos, la cosa podía haber sido muy diferente. Pero para cuando los romanos llegaron a Egipto eran ya un gran imperio.

  2. Tasos says:

    Quizá la clave de un ejército helenístico era el uso combinado de las diferentes armas; en eso eran superiores a uno romano, pero a Pirro la falta de innovación en un sistema ya decadente, como indica dani, el desgaste y el fallo de la logística jugaron en su contra ¿no os parece?

    Saludos y gracias, Hugo.

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