El estallido en el año 2011 de la conocida como Primavera Árabe habría de dar como resultado una desestabilización de la zona de Oriente Medio debido a la caída de los antiguos regímenes y al estallido de graves conflictos civiles como el de Libia o Siria, así como a la expansión del Estado Islámico en Irak. Estos conflictos generarían con el tiempo la huída de miles de personas que han abandonado sus países en busca de refugio.

Muchos de estos refugiados llegarían a Europa en una cantidad muy superior a la que la UE podía soportar. Esto ha generado la conocida como “crisis de los refugiados” que ha supuesto un grave impacto sobre la UE, que se ha visto completamente desbordada ante un problema que ha demostrado la deficiencia de sus sistemas y la fragilidad de los valores europeos.

En el año 2011 se extendieron entre numerosos países árabes manifestaciones impulsadas principalmente por la juventud, reclamando la instauración de la democracia en sus respectivos estados y la mejora de las condiciones de vida. Estas revueltas consiguieron cambiar completamente el panorama en el Norte de África, acabando con muchos de los gobiernos autoritarios que llevaban allí asentados durante décadas. Sin embargo, el resultado fue variado ya que hubo países como Túnez donde en pocos días se acabó con el régimen, mientras que otros como Siria se han visto  envueltos en una interminable guerra entre detractores y defensores del presidente  Bashar Al Assad.

La inestabilidad generada por las revueltas generó movimientos migratorios de gente que huía del caos existente en sus países. Como consecuencia de esto comenzaron a llegar a territorio europeo pequeños pero constantes grupos de inmigrantes. Especialmente famosa se haría en este año la isla italiana de Lampedusa (Sicilia), donde la constante llegada de tunecinos, libios y sirios pronto la haría común en los medios de comunicación. Este constante trasiego de inmigrantes habría de comenzar a producir las frecuentes escenas de ahogamientos y naufragios en el Mar Mediterráneo.

La situación geográfica de Lampedusa (a 205 km al sur de Sicilia y a 113 km de las costas africanas) permitía a los inmigrantes llegar en unos pocos días de navegación, convirtiéndose así en la puerta de entrada en Europa para muchos. La constante llegada de centenares de inmigrantes a la pequeña isla pronto habría de dar lugar a una situación insostenible, a la que habrían de sumarse los numerosos ahogados en el trayecto, como en el naufragio que ocurrió el 3 de Octubre de 2013 en el que murieron 368 personas.

A pesar de las dificultades de la situación, no sería realmente hasta el año 2014 cuando el problema comenzaría a adoptar mayores dimensiones y de mayor gravedad para el conjunto de la UE. En el 2014 el Mediterráneo central se convirtió en el escenario principal de la tragedia debido al estallido de la guerra civil en Libia y su transformación en un estado fallido. Como consecuencia de esto, el número de personas que llegaron a Europa en el 2014 (se estima que entre 216.000 y 270.000) se multiplicó por cuatro o cinco en comparación con el año 2013 (sólo a Italia llegaron unos 170.000 inmigrantes en comparación con los 42.925 del año anterior).

El incremento en el número de inmigrantes también supuso un considerable aumento del de ahogados, llegando a perder la vida unas 3.400 personas. Este número podría haber sido mucho mayor de no haber sido por la labor de la marina y los guardacostas italianos, que mediante la operación Mare Nostrum patrullaron la franja entre Lampedusa y las costas africanas. Sin embargo, a finales de ese año esta operación fue sustituida por la operación Tritón, gestionada por la UE a través de Frontex. Esta misión tenía un carácter menos humanitario y estaba más enfocada a controlar las llegadas a Europa, así mismo su radio de acción se limitaba a 30 millas del perímetro de la costa.

A pesar de estos hechos, el año en el que habría de estallar completamente la crisis de los refugiados sería el 2015. Este fue un año que estuvo marcado para la UE por la acumulación constante de problemas: la crisis económica, el Brexit, los atentados terroristas en Europa, la crisis migratoria,… Con la llegada del buen tiempo en el 2015 comenzaron de nuevo los cruces masivos del Mediterráneo, sin embargo este año habría de producirse un traslado del eje migratorio, quedando el escenario italiano en un segundo plano y pasando a ser el Mediterráneo oriental el nuevo centro de gravedad.

La causa de este cambio se encuentra en las duras condiciones del conflicto que desangraba a Siria, así como el avance del Estado Islámico por Irak y partes de Siria. Estos motivos supusieron un gran aumento del número de personas forzadas a abandonar sus hogares; el problema era que el conflicto de Siria ya había generado numerosos refugiados que habían huido a los países del entorno como Jordania o Líbano, países que estaban cada vez más saturados ante la llegada de refugiados y por tanto reticentes a aceptar más. Ante estas circunstancias y debido a su situación geográfica, la opción que les quedaba a los refugiados era tratar de llegar a Turquía,  que presentaba la ventaja de ser un país que albergaba a un gran número de desplazados y que facilitaba la salida de estos hacia Europa. De este modo, Turquía se convirtió en el trampolín para poder llegar a las islas griegas y entrar así en territorio europeo.

El cambio de la ruta supuso que se diese un cambio en la procedencia de aquellos que llegaban, siendo ahora principalmente sirios, iraquíes y afganos en contraposición a los africanos que llegaban a Italia. Este fue un elemento de vital importancia puesto que al aumentar el número de refugiados por la guerra, Europa cambió su percepción de la crisis ante la grave situación de desamparo en la que se encuentra un refugiado que se ve forzado a abandonar su hogar frente a los tradicionales inmigrantes económicos. Esto se tradujo en un movimiento a nivel europeo a favor de la acogida de los refugiados.

Especial relevancia en esta acogida tuvo el gobierno de Angela Merkel, quien permitió la llegada a Alemania de miles de refugiados sirios. Esta política inicial de puertas abiertas establecida por Alemania suponía que en el verano de ese año no existía prácticamente obstáculo que impidiera que los refugiados pudieran venir a Europa a pedir asilo, siendo sus principales destinos Alemania y Suecia. Sin embargo, esta llegada masiva de refugiados y el efecto llamada, así como el incremento de los países europeos afectados por el tránsito de los refugiados no tardaría en generar problemas.

Continúa en La Unión Europea ante la crisis migratoria en el Mediterráneo (II)

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