Los planes militares de Italia en la Triple Alianza (III)

Y llegó un tiro disparado en Sarajevo, y todos los planes se pusieron en marcha. Los alemanes contaban con el apoyo incondicional italiano, pero tanto Moltke como el ministro de guerra von Falkenhayn no tuvieron en cuenta que el mando militar italiano estaba más subordinado a la autoridad civil que en Alemania.

La crisis cogió a los italianos sin jefe del estado mayor. El 1 de julio Alberto Pollio muere de un ataque al corazón. En medio de las tensiones los italianos parecen ir a su aire, pues no nombran su sustituto, el general Luigi Cadorna, hasta el día 27 de julio, a un día del comienzo de la guerra.

General Luigi Cadorna. El Jefe de Estado Mayor en el momento de la verdad.

En principio nada debía cambiar, pues Cadorna inicialmente también simpatizaba con la Triple Alianza. El día 29 de julio pide al ministro de la guerra que autorice la “prealarme”, una orden indicando el peligro inminente de guerra, Ello permitiría a las tropas desplazarse a los puestos de avanzada y a los fuertes de los Alpes, así como el envio de artillería pesada a la frontera con Francia. También permitía a Cadorna realizar gastos extraordinarios para acumular material de importancia estratégica, tomar medidas de movilización preliminar y dar órdenes iniciales al Tercer Ejército. La respuesta del ministro fue rápida y Cadorna recibió su autorización.

El general decidió aparcar los planes del desembarco en Provenza, al considerarlos poco prácticos. Estimaba que harían falta 60 días para obtener los barcos necesarios para la empresa, y si la guerra era tan rápida como parecía ser según los planes de Schlieffen, tener durante dos meses parados un tercio de las fuerzas totales del ejército italiano parecía excesivo. Se informó a Alemania que entre dos y seis cuerpos de ejército podían ser enviados a Alsacia. Eso significaba implicar más de la mitad del ejército italiano en el Rin. Según el jefe de la Sección de Transporte del Estado Mayor italiano, un cuerpo de ejército adicional podía ser enviado a Alsacia en un periodo entre cinco y diez días posterior al envio del contingente inicial (o sea, entre el día M+24 y M+29). Desplazar cada cuerpo de ejército requería unos cinco días, dependiendo de la cooperación entre las autoridades ferroviaria alemanas y austriacas.

La situación vista por un diario humorístico alemán: el gigante alemán arrastra al Imperio austrohúngaro, quien a la vez intenta arrastrar a la infantil Italia. Esta se aferra al gallo francés para evitar la guerra.

Con los ejército de Europa movilizándose, en Berlín y Viena preocupaba el nivel de compromiso de los italianos. Moltke escribió una carta de felicitación a Cadorna por su nombramiento, en la que aprovechaba para recordarle sus obligaciones según los acuerdos militares. Conrad von Hotzendorff también le escribió, solicitando el envío de tropas italianas para apoyar Austria-Hungría lo antes posible. Incluso se habló de que Viena hiciera concesiones territoriales a Italia, con el beneplácito del kaiser Guillermo II que añadió que, en caso de victoria, los austríacos “siempre podrían  tomarlos de nuevo”.

El hecho de que el día 31 de julio Cadorna solicitara al rey Victor Manuel III que proclamara la movilización total y autorizase el envio del Tercer Ejército a Alsacia, demuestran que Cadorna quería cumplir sus compromisos con sus aliados. Pero ese mismo día el Consejo de Ministros del gobierno de Antonio Salandra decidió que Italia sería neutral, alegando que “nada en el espíritu o en la letra del Tratado de la Triple Alianza nos obliga a unirnos con Alemania o Austria por este asunto.” Máxime cuando no se había solicitado el beneplácito italiano al ultimátum austrohúngaro a Serbia.

La decisión italiana se podía fundamentar en varios puntos. La Triple Alianza era un tratado en esencia defensivo, y la guerra actual se debía al agresivo ataque austriaco contra Serbia. Y las relaciones italo austriacas no pasaban por su mejor momento. Además del tema de la Italia Irredenta, la anexión italiana de Rodas y de otras islas del Dodecaneso hizo que Austria pidiera “compensaciones” bajo los términos del artículo VII del Tratado de la Triple Alianza. En dicho artículo se establecía que se alguna de las partes contratantes adquiría algún territorio en los Balcanes, esta “compensaría” a las otras (aunque los términos de dicha compensación no estaban establecidos). Las demandas austríacas causaron mucho revuelo en Italia, especialmente cuando Austria-Hungría no había ofrecida ninguna “compensación” cuando se anexionó Bosnia Herzegovina. Italia podía atenerse al Artículo IV, que la liberaba de intervenir si una de la partes intervinientes declaraba la guerra a otra

A eso hay que añadir la falta de preparación del ejército italiano. La guerra en Libia requería que unos 50.000 hombres se mantuvieran como guarnición allí. Habían pocas piezas de artillería, y solo 600 ametralladoras y 60 aviones disponibles. Pero lo que pesaba más en la mente de los ministros italianos era la amenaza de guerra de Gran Bretaña. Tanto preocupaba a Italia que el tratado de la Triple Alianza incluía una cláusula que eximía a Italia de cumplir sus obligaciones en caso de que existiera la posibilidad de guerra con Gran Bretaña. A medida que la crisis de 1914 se desarrollaba, quedaba cada vez más claro que las maniobras alemanas acabarían llevando a la guerra contra Gran Bretaña, de quien Italia importaba el 90% del carbón que consumía. Muy probablemente Pollio y Cadorna ignoraban que el plan Schlieffen incluía violar la neutralidad belga, garantizada por el Imperio Británico.

Además, poco podría sacar Italia de una guerra al lado de la Triple Alianza. El presidente Antonio Salandra ya dejaba claro que, en el mejor de los casos, Italia sería “el primer súbdito del Imperio (austrohúngaro).

Cadorna acató la decisión del Consejo de Ministros con profesionalidad, aunque parece que no contemplaba que Italia no fuera a desarrollar un papel en la guerra venidera. El 3 de julio se acordó la movilización, poniendo las 25 divisiones activas del ejército operativas con todo su personal, y desplegándolas en la zona del Bajo Po. Aunque desde esa posición esas fuerzas podían atacar tanto Francia como Austria, parecía que las intenciones italianas eran atacar a esta última. Eso quedó más claro cuando, a finales de agosto, el Ejército de los Alpes francés fue integramente transferido a los frentes donde se desarrollaba la Batalla de las Fronteras. Pese que el 6 de agosto el Estado Mayor alemán informó a Cadorna que se habían hecho todos los preparativos para facilitar el desplazamiento del Tercer Ejército italiano a la Alsacia, y que las ruta ferroviaria para ello permanecería abierta hasta mediados de agosto, este nunca llegaría. La Triple Alianza vería como Italia era sustituida por el Imperio Otomano y los italianos cruzarían en 1915 los Alpes, pero no en dirección hacia Francia, si no hacia Viena.

Alegoría de la Triple Alianza, donde el lugar de Italia es ocupado por su sustituta: el Imperio Otomano.

 

Viene de Los planes militares de Italia en la Triple Alianza (II)

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2 comentarios en «Los planes militares de Italia en la Triple Alianza (III)»

  1. Bueno de intervenir en el bando de la Triple Alianza podría si haber sacado mucho a costa de Francia e incluso de Gran Bretaña.

    El quedarse neutral en 1914 era como mínimo políticamente peligroso, si Alemania hubiera vencido a Francia y luego obligado a Rusia a pedir la paz, Italia se hubiese quedado en una posición difícil y quizás hubiera ganas de sus antiguos aliados de darle un correctivo.

    Por otro lado asaltar el frente alpino en 1915 como se vería era casi imposible.

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  2. Los italianos lucharon con todas sus fuerzas contra los austrohúngaros que estaban atendiendo además otros frentes y no pudieron con ellos. Cuando en 1917 los alemanes decidieron encargarse de los italianos, casi los sacan de la guerra. Creo que fue un error de los alemanes no insistir en el ataque a Italia, si la hubieran derrotado el botín hubiera sido inmenso.

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