“(A la isla) se arrimaron los rebeldes con su armada y cortaron dos diques junto a la villa de Bommel; pero el que está entre los lugares de Dril y Rosan, que es donde Francisco de Bobadilla….

Las tropas del Tercio del maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla y de tros dos tercios de infantería española estaban rodeadas y desesperadas. El frío calaba hasta los huesos y esa niebla, acompañada de una fina lluvia, empapaba las capas y camisas durante días. A lo lejos, las flotillas holandesas bloqueaban la isla de Bommel, entre el Mosa y el Waal.

El aspa de borgoña rodeada de harapientos valientes avanza a parlamentar con Filips van Hohenlohe-Neuenstein. El holandés, altivo y victorioso, ofrece la rendición a los soldados españoles. No sabía que éstos venderían cara la derrota. Ante el enfado de las tropas rebeldes, se ordena que se abran los diques para arrasar el campamento imperial y que todo fuera ocupado por el agua. Los soldados se vieron obligados a refugiarse en el monte de Empel y a cavar trincheras allí. Cuando uno de los soldados trabajaba, entre el barro apareció algo inusitado.

Entre nervios y rezos, el soldado avisó al capellán para observar un cuadro de la Virgen. Sin duda, se trataba de un milagro. Éste dispuso una procesión por el campamento y una oración. Marcando el paso, con el capellán a la cabeza, Bobadilla se encomienda a la Virgen ante la cercana muerte. Acabado el homenaje religioso, todo vuelve a la calma y se establece la última defensa.

Al amanecer, se observa como la fuerte helada ha congelado el agua liberada de los canales y las tropas enemigas están al alcance. Francisco de Bobadilla dispone un último asalto, un ataque para librarse del cerco. Dicho y hechos, esos soldados que siempre han demostrado valentía lanzan el ataque por el hielo para derrotar a las flotillas encalladas. Esto supuso un duro golpe al enemigo y la llegada del auxilio a las tropas de Bobabilla. Definitivamente era un milagro.

Desde entonces, este suceso caló en la moral de la tropa y la Inmaculada Concepción sería la protectora de la infantería española. Aunque era un hecho en la cultura popular, no fue hasta  la bula Ineffabilis Deus (8 de diciembre de 1854)  cuando se proclamó como dogma de fe católica la Concepción Inmaculada de la Virgen Santísima. El 12 de noviembre de 1892, a solicitud del Inspector del Arma de Infantería del Ejército de Tierra de España, por Real Orden de la reina regente doña María Cristina de Habsburgo, se declara Patrona del Arma de Infantería a Nuestra Señora la Purísima e Inmaculada Concepción.

Por último, para concluir y como homenaje dejo unos versos de Calderón de la Barca, el cual sirvió en sus filas, sobre nuestra infantería:

“Este ejército que ves  
vago al yelo y al calor, 
 la república mejor                  
  y más política es del mundo….”

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