En Occidente la idea de la guerra santa se desarrollaba bajo la égida del papado. Fueron los ataques musulmanes los que hicieron tomar las armas a los cristianos.

Pero a mediados del siglo XI el peligro musulmán casi había desaparecido. En España, el norte de África y en Sicilia los estados musulmanes se disgregaban. En el 1058, en ocasión de la primera alianza entre los normandos y el papado, los primeros rindieron a éste en homenaje que poseían o que obtuvieron el derecho de conquistar. Entre ellos estaban los que se proponían conquistar sobre los musulmanes de Sicilia, lo que destaca de esto es que encontramos que el papado dio su bendición a una campaña ofensiva contra el Islam (además con esta maniobra también volvería a vincular a los cristianos griegos de la Italia meridional con Roma).

Pueden hacerse observaciones convergentes para la situación de España. Al principio la intervención de los señores de fuera, no fue obra del papado. Los cristianos de España estaban ávidos de aprovechar el debilitamiento de sus vecinos musulmanes y dieron la bienvenida a los refuerzos que les llegaron de los señores franceses, en general atraídos por la predicación realizada por la orden de Cluny.

La intervención papal se produjo bajo la influencia de Cluny. La Santa Sede buscaba en España al igual que en el sur de Italia la reintegración religiosa de la iglesia, puesto que la iglesia española debido a unas condiciones de vida bajo el Islam se había distanciado en cierta medida de Roma y había experimentado un desarrollo en ciertos aspectos diferentes de los usos de la Iglesia romana. La reforma de la Iglesia implicaba una unidad de dirección del papado y en consecuencia la desaparición de las tendencias autonomistas.[1]

A esto se une que la Reconquista, además de producirse en un marco temporal y espacial definido, es la ideología que subyace a la expansión cristiana por la península y que defiende la restauración de antiguo reino cristiano visigodo, por lo tanto defendiendo la recuperación de las antiguas tierras cristianas perdidas. Como ideología ya está presente en el s. IX en la corte astur-leonesa, probablemente gracias en parte a la influencia ideológica y demográfica de los mozárabes. La Reconquista ganó una carga ideológica que puede ser considerada el primer ejemplo de un esfuerzo concertado de los cristianos en la conquista de territorio a los musulmanes como parte de los esfuerzos para ampliar los reinos cristianos de la Península Ibérica.

 Derrota de los bizantinos por los turcos selyúcidas en la batalla de Manzikert. Ilustración de Angus McBride.

El enfrentamiento que se produjo en la Península Ibérica y en Sicilia contra los infieles supuso un ejemplo para el establecimiento del ideal de cruzada en el sentido de una guerra santa penitencial, por lo cual sus guerreros merecían una recompensa. Así, la cruzada la podríamos definir como un tipo de guerra santa, autorizada por el papado, en defensa de la Iglesia, la fe y el pueblo cristiano, en principio defensiva, y por la cual sus combatientes conseguían, como premio principal, el perdón de sus pecados, junto con otros privilegios, emanados originalmente del voto peregrino.

La idea de una guerra santa contra Islam parecía aceptable para los poderes seculares religiosos y Europa occidental, además del incentivo de ganar territorio y riqueza, que ganó popularidad con los éxitos militares de los reinos europeos, así comenzó a surgir una nueva concepción política del Cristianismo. Esta evolución conllevó a que en el año 1095 el papa Urbano II convocase el Concilio de Clermont para pedir a los reyes y nobles de Europa que organizasen una expedición militar para liberar los Santos Lugares del dominio musulmán. Al grito de “Deus Vult!” (Dios lo quiere) cientos de nobles de escaso rango obedecerán el mandato y se dirigirán a liberar Tierra Santa.

El proyecto de liberar Palestina empezó a plantearse tras la derrota del Imperio Bizantino en la batalla de Mantzikert en el 1071, a manos de los Turcos Selyúcidas. [2] Esta batalla significó la ocupación turca de la península de Anatolia y el corte de la vía terrestre de peregrinación a los Santos Lugares. Ante el peligro para el Imperio Bizantino, Alejo Comneno, emperador de Bizancio, dirigió una carta al papa Urbano II, pidiéndole ayuda militar, en forma de soldados cristianos que defendieran las fronteras del Imperio Bizantino. La Iglesia Católica vio en esta expedición contra los turcos una gran ocasión para alcanzar influencia y lograr la reunificación con los cristianos ortodoxos de Bizancio. Además la expedición serviría para imponer cierta paz en una Europa en constante guerra al encaminar la lucha contra un enemigo común: los musulmanes. Además muchos nobles venderían sus tierras a la Iglesia para poder sufragar los gastos del equipo militar. Así pues la expedición granjearía en teoría numerosos beneficios para la Iglesia.

Tras estas valoraciones y aprobado el proyecto, el papa Urbano II, en el concilio de Clermont , en el año 1095 predicó la organización de una expedición militar para liberar Tierra Santa de la ocupación musulmana. Cientos de pequeños nobles organizaron ejércitos para participar en la expedición. Los reyes y grandes nobles en cambio no participaron de la expedición, ya que temían perder sus reinos mientras estaban fuera, además de no querer supeditar su poder al de la Iglesia. Así pues los pequeños nobles se tendrían que financiar vendiendo sus tierras. Además contaban con la promesa de la Iglesia de que en su ausencia sus títulos y tierras serían respetados y protegidos. Otra gran promesa de la Iglesia era que si se convertían en “miles Christi”  (soldados de Cristo) y tomaban parte en la expedición sus pecados serían perdonados. [3]

 

El Papa Urbano II convocando a la Cruzada en Clermont, en el año 1095.

Mientras los ejércitos de nobles se preparaban, se formaron paralelamente expediciones de caballeros pobres y campesinos que partieron apresuradamente hacia Tierra Santa ese mismo año de 1095, totalmente desorganizados y fanatizados, estas expediciones se conocerán como “La cruzada de los pobres”. Estas hordas arrasaron a su paso los territorios de Hungría y de Bizancio, ya que no llevaban provisiones con ellos, además asesinaron a cientos de judíos, ya que la gente humilde siempre les culpaba de ser los asesinos de Cristo. Tras cruzar el Bósforo con la colaboración de la marina de Bizancio, los peregrinos llegaron hasta Asia y consiguieron derrotar en un principio a los turcos, pero al ser demasiado indisciplinados fueron masacrados.

En el año 1096 los ejércitos de los nobles partirán hacia Tierra Santa. Los ejércitos de nobles estarán agrupados por nacionalidades y cercanía. Los nobles franceses de la zona norte y este estarán bajo el mando de Godofredo de Bouillon. Los nobles de la Provenza estarán bajo el mando de Raimundo de Tolosa, y también acudirán a la expedición Roberto, duque de Normandía y Hugo de Vermandois, hermano del rey de Francia. Otro contingente será el formado por los normandos de Sicilia, al mando de Bohemundo de Tarento y su hermano Tancredo. Además de estos grandes ejércitos se unirán pequeños grupos de nobles alemanes e italianos, e incluso algún español. Cada ejército acataba las órdenes de su señor, pero todos acataban el mando único de Adhemar, obispo de Le Puy, en Francia. Aunque la expedición estaba nominalmente bajo el mando de Alejo Commeno, el emperador de Bizancio, realmente solo obedecían al obispo Adhemar.

Godofredo de Bouillon liderando a sus hombres. Miniatura de Guillermo de Tiro.

Tras seguir diferentes rutas marítimas y terrestres los ejércitos cruzados llegaron a Constantinopla en el año 1097. En la ciudad estos ejércitos cruzados tuvieron numerosos enfrentamientos con Alejo Commeno, quien estaba dispuesto a no dejarles cruzar el Bósforo a menos que juraran devolver a Bizancio todas las tierras que conquistasen a los turcos, juramento al que debieron acceder para poder comenzar su campaña.

En conclusión como hemos visto el desarrollo del concepto de cruzada no es más que una consecuencia de la guerra santa recogida en el Corán. Desde su nacimiento el Islam estuvo dirigido a un camino violento como medio de expansión de la religión y de mantener unida la umma tras la muerte de Mahoma. Hemos de tener en cuenta que el mensaje del Corán al fin y al cabo es un reflejo de las circunstancias de su época, puesto que estos pasajes bélicos del Islam coinciden en su mayoría con la etapa de lucha contra La Meca.

Resultado de esta predicación a golpe de espada fue la gran expansión que tuvo esta nueva religión, que se hizo con gran cantidad de territorios en un tiempo récord. A pesar de su cierta tolerancia hacia los pueblos del libro (judíos y cristianos), esta gran expansión a base de los territorios cristianos hizo que fuese inevitable el surgimiento de un gran choque entre ambas religiones. Consecuencia lógica de esto fueron las cruzadas, que simplemente fueron la respuesta a un proceso militar que había cambiado el mundo.

Godofredo de Bouillon

La idea de una guerra santa en el cristianismo surgió como medio de defensa, como un medio de aunar a la cristiandad y recuperar las posesiones perdidas ante el avance islámico. Pero como hemos visto no sólo fueron un movimiento religioso, sino que detrás había otros intereses como aglutinar a todos los reinos cristianos y canalizar sus luchas contra un enemigo común (como medio de acabar con las guerras internas que asolaban Europa) o como volver a situar algunos territorios bajo la influencia de la Santa Sede.

Como idea final añadiremos a este trabajo que a pesar de las grandes diferencias que pudiesen existir, ambos bandos lucharon por una causa o ideal común: lucharon por su Dios y su fe, con todo lo que ello representaba. En ambas partes los guerreros partieron al combate con la convicción de que el Paraíso les estaría reservado si caían en la lucha. Demostrando que si había muchas cosas que les separaba, también había algo en lo que concordaban: la creencia en que cada bando poseía la religión verdadera.

Viene de La Guerra Santa en el Corán y su evolución hacia la Primera Cruzada (II) – La Yihad

Bibliografía

Anónimo. El Corán, ed. de J. Vernet. Barcelona: Editorial Optima, 2002.

Cahen, Claude. Oriente y Occidente en tiempos de las cruzadas. Madrid: Fondo de Cultura Económica de España, 2001.

Pirenne, Henri. Mahoma y Carlomagno. Madrid: Alianza Editorial, 1997.

Portela, Ermelindo et.al.  Historia de la Edad Media. Barcelona: Ariel, 1992.

Rodríguez García, J. Manuel. “Predicación de cruzada y yihad en la Península Ibérica: una propuesta comparativa”. Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval. Nº 17 (2011).

Rodríguez De La Peña, M.Alejandro. “Monacato, caballería y reconquista: Cluny y la narrativa benedictina de la guerra santa”. Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval. Nº 17 (2011).

Runciman, Steven. Historia de las Cruzadas I. Madrid: Alianza Editorial, 1994.

http://digital.csic.es/bitstream/10261/14026/1/554260.pdf (15/11/2013)

http://revistas.um.es/medievalismo/article/viewFile/51811/49941 (17/11/2013)

http://imperiobizantino.files.wordpress.com/2010/02/alejo-i-comneno-vol-i.pdf (19/11/2013)


[1]  Cahen, Claude. Oriente y Occidente en tiempos de las cruzadas. Madrid: Fondo de Cultura Económica de España, 2001, págs. 81-83.

[3] Runciman, Steven. Historia de las Cruzadas I. Madrid: Alianza Editorial, 1994, págs. 111-114.

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