El primogénito de Stalin, Yakov Dzhugashvili, teniente de artillería y cautivo alemán desde las primeras semanas de Barbarroja fue el protagonista involuntario de una desgraciada historia de las muchas que jalonaron tan terrible conflicto.

El novato oficial de artillería que el 22 de junio de 1941 hablaba por teléfono con su padre el día que los alemanes invadieron la Unión Soviética había sido calificado con suficiente en los fundamentos del Marxismo-Leninismo. Fue poco antes de la guerra, en la Academia de Artillería del Ejército Rojo. También obtuvo un suficiente en tácticas. Sin embargo, en tiro, equipo de artillería e inglés fue calificado con notable.

Yakov Dzhugashvili, con treinta y muchos, era teniente. El jefe de su 151ª Sección de Entrenamiento, de acuerdo con la agencia de prensa soviética Novosti, dio al oficial aspirante una calificación mayor en su informe de aptitud: «se ha mostrado bien preparado durante su periodo de prueba para el puesto de comandante de batería. Ha desempeñado bien su trabajo. Puede ser recomendado para un ascenso a la siguiente graduación -capitán».

Sin embargo, sus superiores decidieron que Yakov Dzhugashvili debería adquirir un año de experiencia al mando de una batería de artillería antes de que pudiera ser ascendido. Esto fue en el mes de marzo de 1941, y el destino -la invasión alemana del 22 de junio -interrumpiría su año de preparación.

El 27 de junio, Yakov entró en acción por primera vez. Su batería formaba parte del 14º Regimiento de Obuses de la 14ª División Blindada. El día 4 de julio, la 3 División Panzer alemana dejó aislada a su división. Para el día 16, entre miles de soldados rusos, el bisoño oficial había sido capturado cerca de Vitebsk.

Interrogado por los alemanes, explicó supuestamente los detalles de su captura en estos términos: «El 12 de julio, nuestra unidad fue rodeada y fuimos sometidos a un intenso bombardeo aéreo. Decidí abrirme camino hasta nuestras líneas, pero estaba herido y aturdido. De haber podido, me hubiera pegado un tiro». Durante muchos meses el secreto de Yakov pasaría inadvertido para los alemanes.

En el mismo interrogatorio, también supuestamente, les dijo a sus captores que nunca tomarían Moscú -un augurio que demostró ser correcto. Al parecer, Yakov nunca tuvo una buena relación con su padre. La declaración autobiográfica del propio Yakov, escrita en un expediente soviético oficial en 1939, decía que había nacido en Baku en 1903, «en la familia de un revolucionario profesional».

De algún modo, en la alarma y confusión del 22 de junio de 1941, el día de la invasión alemana, padre e hijo lograron ponerse al teléfono y tuvieron su última conversación. Supestamente, este detalle también formó parte de la declaración a sus captores. ¿Cuáles serían las palabras de Stalin hacia su hijo? «Cuando supo que me dirigía al frente, me dijo Ve y lucha«.

Yakov no sobreviviría al cautiverio, y además, su destino fue seguramente uno de los más trágicos de toda la guerra. De acuerdo con el relato del historiador soviético Alexander Kolesnik, no está claro si Yakov llegó a enterarse de que su esposa, Yulia Melster, había sido encarcelada durante casi dos años después de que él cayera prisionero de los alemanes. Eran las leyes de su padre.

Lo que sí pudo oir, para su asombro, fueron las declaraciones de Stalin de que en el Ejécito Rojo «no hay prisioneros de guerra, hay traidores». Y sin embargo, cuando los alemanes lo descubrieron, Yakov se negó reiteradamete a cooperar con sus intentos de utilizarlo para actividades propagandísticas dirigidas a minar la moral y la determianción de combatir de las tropas soviéticas.

Yakov logró sobrevivir a un campo del hambre, donde los prisioneros llegaron a practicar el canibalismo. Se unió a un plan de fuga pero fue traicionado. Entre los prisioneros siempre fue un hombre marcado: el hijo de Stalin. Al principio, los alemanes intentaron ganarse su favor con halagos, luego comenzó a recibir presiones y después amenazas, en un enconado esfuerzo por conseguir su colaboración en las actividades propagandísticas. Incluso se barajó un plan para ser intercambiado por el mariscal Paulus, hecho capturado en Stalingrado. La respuesta de Stalin fue que no cambiaba mariscales por tenientes y que no tenía ningún hijo llamado Yakov. Ser hijo de Stalin era una carga añadida a las penurias de un cautivo soviético.

Un antiguo prisionero de guerra que compartió alojamiento con él dijo: «Su actitud con los nazis era intransigente. Durante los registros no se ponía en posición de firmes; en general mostraba un comportamiento desafiante y nunca saludaba a los oficiales alemanes, por lo que era enviado a menudo a una celda de castigo.

Finalmente, un día fue transferido al campo de concentración de Sachsenhausen y encerrado en un pabellón de oficiales ingleses. Parece ser que las costumbres poco refinadas del ruso no encaraon bien entre los británicos. El 14 de abril de 1943, según declaración de otro preso encarcelado con él, «Yakov se negó a entrar en el pabellón y corrió a tierra de nadie». El centinela que acabó con él dijo después que el hijo de Stalin se agarró a las alambradas del perímetro y gritó: «Eh, tú eres un soldado, así que no seas cobarde. ¡Dispárame!» Su muerte fue instantánea.

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