Quizá todo el mundo haya oído hablar de la Gran Evasión, pero sin duda pocos sabrán quienes fueron Tom, Dick y Harry, o de que solo fuera Harry el que cumplió finalmente su objetivo.

La historia comienza en el Stalag Luft III de Segan en Alemania, un campo de prisioneros de guerra, en su mayoría aviadores, situado a unos 96 kilómetros de Berlín. Solo una cantidad relativamente pequeña de los hombres recluidos en las instalaciones habían oído alguna vez estos nombres o sabían de su existencia.

De los tres, solo Harry llegaría a llevar a algún sitio. Tanto Tomo como Dick resultaron malogrados antes de tiempo. Tom se acabó cuando los alemanes talaron algunos árboles al lado de las barracas para la expansión del campo por aquel lugar. Dick quedó frustrado con la construcción de un nuevo complejo sobre su proyectado lugar de salida.

Eso dejó a Harry como la única posibilidad de fuga para los setecientos aviadores británicos y norteamericanos prisioneros en el Complejo Norte del Stalag Luft III –una cifra insignificante si la comparamos con el número total de reclusos del campo, que frisaba los diez mil. Los hombres del Complejo Norte que mejor conocían a Harry eran miembros de la Organización X, además de una serie de topos, falsificadores, vigías, carpinteros y otros integrantes que se aseguraban de que Harry los condujera finalmente al éxito.

El jefe de X era Roger Bushell, un abogado sudafricano en la vida civil y piloto de caza durante la guerra. Derribado en Dunkerque en mayo de 1940, era un conocido por sus constantes intentos de fuga y había sido advertido de que sería fusilado por sabotaje la próxima vez que intentara escaparse.

Sin amilanarse por semejantes amenazas, los jefes del Complejo Norte estaban tan resueltos a organizar una fuga que habían autorizado la construcción simultánea de tres túneles independientes: Tom, Dick y Harry. El duro y secretísimo trabajo bajo tierra fue llevado a cabo por mineros galeses y carpinteros norteamericanos, y el resto de aspectos de la fuga por artistas y sastres británicos y falsificadores de varias nacionalidades. Con semejante estructura se excavaban túneles, se diseñaban y cortaban ropas civiles de las piezas de los uniformes, y se falsificaban documentos de identidad, billetes de tren y otra gran suerte de cosas.

Se trató de un esfuerzo gigantesco en el que tomaban parte unos seiscientos prisioneros. Aunque en realidad solo unos doscientos podrían formar parte de la fuga a través del túnel. Los hombres habían sido trasladados al Complejo Norte en abril de 1943. Los trabajos comenzaron poco después. En el verano de 1943 los norteamericanos alojados en el Complejo Norte sufrieron un gran golpe moral. Los alemanes les comunicaron que serían trasladados al Complejo Sur en agosto. Para ellos el plan de fuga se había acabado. Luego se produjeron los incidentes de los túneles Tom y Dick, que los inutilizaron para la fuga.

No obstante, Harry siguió alargándose, más y más, hasta que finalmente, a principios de 1944 estaba listo para la gran fuga, hoy conocida como la Gran Evasión. La noche escogida fue la del 24 de marzo de 1944. Hacía un frío que helaba los huesos y sobre el suelo había quince centímetros de nieve.

Los hombres estaban deseando partir. Todos ocupaban su lugar en un orden invisible en la penumbra que iba desde los barracones hasta la boca de Harry. Los primeros setenta y seis eran hombres escogidos que habían sido seleccionados para huir en primer lugar por su contribución en la construcción del túnel, a la preparación de la operación o a su dominio de las lenguas europeas. Debían buscar estaciones, subirse a los trenes y alejarse tanto como pudieran del Stalag Luft III. Otros 150 aviadores de la RAF habían obtenido su puesto en la fuga mediante sorteo. Estos deberían escapar a pie y dirigirse a algún lugar, de su elección o que le deparase el destino.

Una vez hubo oscurecido se puso la fuga en marcha. A lo lejos se podía divisar un ataque aéreo sobre Berlín, que no quedaba muy lejos. Los hombres fueron saliendo del túnel y se fueron perdiendo en el bosque. En un momento dado las luces del campo se encendieron, la fuga había sido descubierta. Solo setenta y seis hombres habían logrado escapar del campo antes de que los alemanes llegaran hasta la boca de Harry.

Hitler se puso furioso cuando se enteró. Ordenó la ejecución de todo aquel que fuera capturado. Cuando Goering le musitó que semejante represión sería potencialmente contraproducente, Hitler suavizó su orden: no la totalidad, pero no menos de la mitad de los que fueran capturados debían ser fusilados.

Desafortunadamente, en solo dos semanas, setenta y tres de los setenta y seis prófugos habían sido capturados. De entre ellos cincuenta fueron escogidos por el general Arthur Nebe, el jefe de la policía criminal de Berlín, para ser ejecutados; Roger Bushell se encontraba entre ellos. La Gestapo se encargó de llevar a cabo las ejecuciones.

¿Qué había pasado con los tres que habían logrado huir? Dos de ellos habían llegado ya a Inglaterra para cuando sus compañeros fueron fusilados. El otro, un holandés, llegó a Inglaterra seis meses después de salir de la boca de Harry. La Gran Evasión había llegado a su fin.

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