SAN PETERSBURGO. Es de buen tono cuando tiene lugar una visita diplomática del calibre de la que están llevando a cabo el Presidente de la República Francesa y su Primer Ministro que se ofrezca una recepción a los embajadores de diversas naciones acreditados en la capital visitada, y así está sucediendo a lo largo de la tarde.

Una calle de San Petersburgo en 1914. Todo tranquilo, aún.

Uno de los presentes en dicha recepción, que se celebra en el Peterhof, es el embajador de Austria Hungría Frygies Szápary, segundo en la fila para saludar al presidente francés. La conversación entre ambos empezó con Poincaré ofreciéndole sus simpatías por el asesinato y preguntando que más se sabía de Serbia, y el embajador austríaco contestando que la investigación judicial estaba en proceso. Pero a partir de aquí las versiones difieren.

Según el embajador Paléologue, un tanto tendente a fabular, la respuesta del francés habría sido la siguiente: “Por supuesto, estoy ansioso por conocer los resultados de esta investigación, Monsieur l´Ambassadeur. Puedo acordarme de dos investigaciones anteriores que no mejoraron sus relaciones con Serbia… ¿No se acuerda? El asunto Friedjung y el asunto Prochaska” Refiriéndose a lo que habían sido dos escándalos muy sonados, la respuesta negaba por adelantado cualquier crédito a las conclusiones que pudieran alcanzar los austríacos con respecto a los asesinatos, y venía a indicar, veladamente, que Francia no iba a aceptar ninguna responsabilidad del gobierno serbio, ni demanda alguna en función de ella.

Sin embargo, según las notas del propio Poincaré, la respuesta antes citada nunca tuvo lugar, y el francés se habría limitado a decir que “Hago notar al embajador, con toda firmeza, que Serbia tiene amigos en Europa que se extrañarán de una actuación de este tipo”. Una afirmación corregida por Paléologue, quien añade que “Serbia tiene grandes amigos entre el pueblo ruso. Y Rusia tiene una aliada, Francia. Hay que temer grandes complicaciones”.

Szápary fue, sin duda, quien mejor resumió ambas posibilidades en su informe al indicar que había sido claramente advertido de que cualquier acción austríaca provocaría “una situación de peligro para la paz”. Al final de dicho informe Szápary se referiría directamente a la falta de tacto y a la actitud prácticamente amenazante del presidente francés, un Jefe de Estado extranjero que se halla en Rusia en calidad de invitado pero cuya actuación contrasta mucho con la actitud cauta y reservada del Sr. Sazonov.

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