Michael Wittmann se hallaba ese día en su carro Tigre al sur del río Psel, en el flanco izquierdo de las formaciones alemanas que avanzaban hacia Prokhorovka.

Formaba parte de los únicos 4 carros Tigre, pertenecientes a la 13 compañía pesada del 1 Regimiento Panzer de las SS, que alineaba  la Leibstandarte. Y lo último que se esperaba es que se le echara encima la 181ª Brigada de Tanques soviética al completo. Fue durante este encuentro cuando tuvo lugar la célebre embestida. En la versión soviética, que es la más difundida, el carro de mando de la fuerza soviética, conducido por un conductor herido después de que toda la tripulación abandonara el blindado, embistió a un Tigre destruyéndolo en la explosión resultante. A continuación transcribimos como lo presenció Wittmann:

Los tres carros Tiger avanzaron rugiendo en fila de a uno, con sus torretas giradas a las dos en punto, hasta que se pusieron a la cabeza de la fuerza blindada alemana. Entonces aminoraron otra vez hasta avanzar al ritmo del cuerpo principal. Poco después, se adentraron en un campo de maíz y luego a lo largo de una amplia balka [barranco]. Los carros de combate se detuvieron en un pequeño promontorio. La plateada corriente de un arroyo apareció ante la mirilla de Wittmann.

Prochorovka había quedado ya detrás de ellos. Wittmann esperaba virar hacia el poblado que estaba todavía envuelto en humo y llamas de la batalla y acudir en ayuda de sus camaradas. Si pudieran atacar al enemigo desde atrás, inclinarían el signo de la batalla a su favor. Pero entonces oyó una llamada de advertencia de su jefe de compañía, seguida inmediatamente por la voz del Hauptsturmführer Kling: “Achtung! ¡Importante fuerza blindada enemiga aproximándose de frente! ¡Hay muchos carros!

Momentos después, los vio también Wittmann. Había al menos 100 carros de combate enemigos de todos los tipos, y se aproximaban rápidamente.

“¡Hagan fuego con los carros parados!  ¡Comiencen a disparar a 1.800 metros!”

Cada artillero seleccionó un blanco. La masa de carros soviéticos avanzó hacia los alemanes, desapareció en una depresión del terreno y reapareció a más de 1.000 metros por delante.

“¡Apunta bien Woll!”, exclamó Wittmann.

Los cañones de los Tiger abrieron fuego. Se laminaron las primeras brechas en la falange de carros enemigos. Había explosiones e incendios. Columnas de humo se elevaron hacia el cielo. Pero el grueso de los carros de combate enemigos –la 181ª Brigada del 18º Cuerpo de Tanques soviético –continuó avanzando.

Los soviéticos intentaban acercarse lo más rápidamente posible, porque sabían que tenían que alcanzar los 800 metros de distancia para suponer una amenaza a los fuertemente blindados carros Tiger.

… su tripulación, y la de Lotzsch y Hoflinger, mantuvieron una alta cadencia de fuego. Para cuando los carros soviéticos estuvieron a 1.000 metros, cada disparo era un impacto directo. Entonces el enemigo comenzó a replicar.

Disparaban en movimiento, por lo que eran incapaces de apuntar con precisión… un grupo de unos quince carros aparecieron por el flanco. Se dirigieron directamente sobre los tres Tiger de Wittmann… “¡El carro de cabeza, Woll!”, gritó Wittmann.

Alegoría en el memorial de Prokhorovka

El artillero Woll apuntó y disparó. Todos vieron como el proyectil perforó el lateral del T-34… Otro impacto directo. El T-34 se detuvo. Mientras Wittmann observaba, el T-34 en llamas comenzó a moverse de repente hacia el Tiger de Lotzsch, que fue alertado.

“¡Cuidado! ¡Viene hacia ti!”

La ardiente bola de fuego siguió avanzando. Segundos más tarde, el T-34 embistió al Tiger. Las llamas cubrían al carro alemán. Pareciera que la tripulación del Tiger hubiera perdido sus nervios.

“¡Lotzsch, retrocede! ¡Retrocede!, le imploró Wittmann.

De repente, el Tiger comenzó a retroceder, separándose de la bola de fuego; un metro, dos metros, ¡cinco metros! En ese momento, la reserva de munición del T-34 explosionó. Después de que el humo se hubiera disipado, el Tiger había vuelto a su posición de partida.

La falange blindada soviética había sido detenida. El campo de batalla estaba plagado de carros de combate destrozados y en llamas. Algunos de los blindados tocados seguían disparando a los Tiger, hasta que eran alcanzados otra vez y destruidos.

El testimonio de Wittmann está extraido de Decisión en Ucrania. Las operaciones acorazadas del II SS y III Panzerkorps, verno de 1943. Ediciones Salamina.

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  1. Miguel Fiz says:

    Ok, la narración es bien interesante, sin embargo, cabe señalar que Nipe lo que hace en realidad es citar textual un episodio de “Panzer Aces” del ahora infame Franz Kurowski (también conocido como Volkmar Kuhn y otros seudónimos).

    Kurowski durante los años 50 y 60 fue una especie de “Corin Tellado” o “Marcial Lafuente” de los libros de historia militar, su producción bien copiosa (iguamente Les Lutiers dixit) tenia un estilo bastante ameno y fue traducido del alemán al ingles y otros idiomas (por alguna extraña razón al nuestro casi no, a diferencia de por ejemplo su contemporáneo con igual mala fama Paul Carell). Desgraciadamente para los años 90’s historiadores y aficionados con cierta agudeza fueron dándose cuenta de que mucho de lo escrito por Kurowski era fantasía o “historia creativa”.

    El tipo se inventaba diálogos, escenarios y situaciones de manera prodigiosa, intercambiaba nombres, grados y fechas con singular alegría. En sus años de mayor popularidad, probablemente ayudo a que la gente se interesase por la historia militar, pero desgraciadamente, al igual que Martin Caidin (otro contemporáneo con la misma “genialidad” para la “historia creativa”), le hizo un daño tremendo a la misma. Por ejemplo, la versión mas difundida de la acción de Witmann en Villers-Bocage, curiosamente también proveniente de “Pancer Aces”, es verdad a medias (p.e. Woll no estuvo presente, ni Wittmann encabezo un segundo ataque a la población, etc.

    Este episodio durante la batalla de Kursk por tanto debe de manejarse con pinzas, revisando el primer volumen de “Michael Wittmann and the Waffen SS Tiger commanders of the Leibstandarte in WWII» de Patrick Agte, no aparece por ningún lado un Hoflinger como comandante de tanque, ni siquiera como tripulante, en realidad Hoflinger se une a la treceava compañía hasta después de Kursk.

    Esto no es tampoco culpa de Nipe, “Decision In Ukranie” se publica por primera vez hace casi 20 años, y en esa época aun no se sabia todo lo que se sabe ahora respecto a como Kurowski se inventaba cosas.

    Recomiendo revisar este hilo en el foro Feldgrau, allí autores como Richard Heartgraves previenen que Kurowski es 90% “basura y fantasía” : http://www.feldgrau.net/forum/viewtopic.php?f=33&t=30376&sid=0980f5d2e6c06a840520e52f4648ab22
    de hecho, hasta donde recuerdo, en “Blood, Steel, and Myth”, Nipe ya no toma como fuente a Kurowski de manera tan directa, claro, algo se aprende luego de casi 20 años…

    • Hugo A Cañete says:

      Hola Miguel, creo que te centras demasiado en la anécdota y olvidas un poco la categoría. El estudio que hace Nipe de la batalla de Prokhorovka en Decisión en Ucrania es además de pionero, el primer estudio serio sobre dicho encuentro y las cifras que aporta son prácticamente incuestionables, por estar extraidas de los archivos del II SS Panzerkorps.

      Wittmann murió en la guerra, y no sería difícil que alguien recordara los hechos pero no los nombres. No voy a discutirte lo de Kurowski porque yo también lo pienso, aunque creo que eres un poco injusto con Carell, sin embargo me temo que el que no se parara a comprobar quienes iban en los carros no es lo importante, y es mi opinión personal.

      Lo importante es que ese día en el flanco izquierdo la Leibstandarte solo contaba con cuatro carros pesados Tigre es un hecho. Y que estos junto a otros cuantos Panzer IV frenaron en seco a una brigada blindada soviética, también es cierto. Como lo es que el 5º Ejército de Tanques de la Guardia quedó en aquellos dos días sobre el terreno con muy pocas pérdidas alemanas.

      Y si no fue como lo relata Kurowski, ciertamente tuvo que ser muy parecido. No podemos equiparar el valor de los testimonios de guerra con el análisis serio y riguroso que hace Nipe en Decisión en Ucrania, pero ayudan a escenificar lo que sucedió. Lo que importa es que fue así, con esos nombres o con otros. Lo del T-34 pues está claro que es la versión alemana, igual que los rusos tienen la suya.

      Como siempre un placer leer tus comentarios.

      saludos 😉

  2. ToKoTo says:

    Actualmente estoy terminando el libro Decisión en Ucrania y sin saber lo que ha comentado el amigo Miguel Fiz se me están despejando las dudas de que este libro es un desbarajuste. Si bien el tema es interesante, la presencia de las divisiones acorazadas SS (Das Reich, Totenkopf y ¿Leibstandarte?), se repite más que las alubias y las citas textuales parecen muy noveladas.

    • Hugo A Cañete says:

      Hola ToKoto, años hace que no nos cruzamos, desde los tiempos de EGC diría yo. En todo caso, bienvenido. No voy a entrar a valorar que te haya gustado o dejado de gustar el libro pues eso es algo personalísimo e intransferible. Pero no entiendo que pienses que el libro es un desbarajuste porque está todo el rato citando unidades. Un estudio que analiza en profundidad las operaciones blindadas desde Grupos de Ejércitos hasta secciones de compañía no puede evitar citar a las unidades, de otro modo sería incomprensible.

      Otra cosa es que pueda resultar pesado, pero eso es inevitable si se quiere entrar en profundidad en materia, igual que hace Glantz, cuyos libros pueden resultar densos por la avalancha de información que contienen, pero en ningún caso un desbarajuste. Yo he realizado la traducción castellana del mismo y lo conozco bien. Si me permites, si que veo un pequeño desbarajuste el que el autor, Nipe, haya preferido abordar en primer lugar la batalla de Kursk y luego vuelva para analizar la batalla de Jarkov de marzo del 43.

      En cuanto a las citas textuales son extractos de memorias de combatientes. Yo creo que la intención es buena. Quizá para compensar el análisis serio y riguroso de las operaciones, haya pretendido intercalar estos extractos de memorias para relajar un poco la lectura y para dar una impresión al lector de lo que sentían los que estuvieron allí. A mi no me parece mal. Otros autores como Beevor o Kershaw también lo hacen.

      En fin, que me alegro de verte por aquí.

      saludos!

  3. tokoto says:

    Hola Hugo. hasta te sigo en los podcast, jejeje.

    Es que no sé qué pensar de este libro. Es el primero que leo sobre las operaciones en el Este, sin contra la batalla de Stalingrado. Yo siempre me había decantado por las batallas en el teatro occidental. No sé cuando escribió Nipe este libro pero me da la sensación, como simple lector amateur, que al escritor se le acaban las ideas cuando narra las acometidas a las diferentes colinas en los choques en el Mius y es una y otra vez lo mismo. Mira que también he leído Tigres en el barro pero sabiendo que Carius escribió este libro en los años 50 y que lo hace a modo personal cómo vivió la guerra en el Norte, lo veo más ameno.

    PD: De todos los libros que he leido de los que ha ido sacando Platea hay dos que no me han gustado (El mito de la blitzkrieg, que ya solo con leer las primeras 100 páginas te puedes ahorrar las 400 siguientes; y Dogfight). El resto están cerca de mi cama para ir revisandolos poco a poco. Hasta me he llevado conmigo Tigres en el barro y Tankmen a Bovington cuando visite al Tigre 131 en su salida anual en abril del año pasado.

    Un saludo y un placer leerte y escucharte

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