Tal y como narramos en la primera entrada de esta serie, tras dos años de formación, los candidatos a oficiales de la Reichswehr, los mismos hombres que tan eficazmente servirían en la Wehrmacht en el futuro, habían pasado por seis meses de entrenamiento en orden cerrado, un año como soldados y suboficiales de bajo rango en algún regimiento y seis meses por la escuela de formación del arma de infantería. Entonces se enfrentaban a un examen que decidía su futuro, pues los que no lo aprobaban solían acabar devueltos a sus regimientos, donde el fracaso llevaba a la mayoría a licenciarse del ejército.

Para los que seguían adelante, tras un año completo (seis meses más después del examen, con el mismo programa), los oficiales eran enviados a las escuelas correspondientes al arma elegida: caballería, artillería, cuerpo de comunicaciones, ingenieros y transporte. En ellas, el año siguiente era similar al anterior, salvo que se insistía más en la táctica. Los estudiantes aprendían también a conducir vehículos a motor, y conseguían el correspondiente permiso. Al final de este curso volvían los siempre aterradores exámenes, que esta vez duraban seis semanas e incluían algunas pruebas orales, tras las cuales una nueva tanda de candidatos era expulsada del programa de formación de oficiales. Los que aprobaban, recibían el título de Oberfähnricht y eran enviados de vuelta a sus regimientos, donde en la última fase de su instrucción como oficiales, servían como jefes de la tropa mientras recibían más clases, efectuaban reconocimientos sobre el terreno y perfeccionaban su aprendizaje de idiomas.

Al final de este proceso, que llegaba a los cuatro años, los oficiales del regimiento al que pertenecían, con su coronel a la cabeza, decidían si eran dignos del título. Si tenían dudas, cosa que sucedía a veces, entonces el expediente era enviado al ministerio de la Reichswehr donde el esfuerzo realizado no siempre recibía el fruto deseado.

Este programa, sumamente diferente al que había implementado el Ejército alemán antes de la Primera Guerra Mundial (un año en la escuela de guerra), fue uno de los más duros y extenuantes de su tiempo. Como ya hemos adelantado, el año y medio que el candidato pasaba con la tropa le servía para obtener una experiencia de liderazgo sin parangón entre los tenientes recién licenciados de otras fuerzas armadas, con lo que su autoridad sobre la tropa, y el respeto de la misma eran muy superiores. Además, durante los dos años posteriores se insistía mucho más en la formación práctica que en la puramente académica. Esta última, a la que se dedicaban 24 horas a la semana, consistía en seis horas de táctica, dos de geografía, dos de ciudadanía, tres de armamento, tres de ingeniería militar, una de guerra aérea y una de motorización, entre otras. La formación práctica, por su parte, se impartía durante quince horas semanales, y en ella se incluían ejercicios de infantería e ingeniería, e instrucción con morteros, artillería y ametralladoras; además, tenían cuatro horas de educación física y tres de equitación.

Este proceso de formación fue, también, sumamente dinámico. La idea era innovar siempre que fuera posible. En el campo concreto de la motorización y del arma mecanizada, se daban clases sobre vehículos a motor y su posible uso en el ejército, sobre la creación de unidades móviles, se analizaban los carros de combate y los vehículos de los demás ejércitos y se aprendían las tácticas acorazadas más recientes, incluso en la escuela de infantería. Algo similar sucedía con la fuerza aérea. Ya hemos indicado que el oficial en formación recibía varios cursos sobre este tema, en los que se incluían temas como la organización de un escuadrón aéreo, el reconocimiento, la defensa contra aviones y el apoyo aéreo a tierra.

Finalmente, indicaremos que, aunque enviados para terminar su formación a diferentes escuelas, todos los futuros oficiales siguieron adquiriendo conocimientos comunes, como historia militar, administración, guerra aérea, geografía o armamento, mientras que los ejercicios concretos y el resto de la formación teórica era algo más específica. El resultado fue que, a la vez que adquirían un alto nivel de especialización, los oficiales adquirían un acervo común que les permitiría entenderse perfectamente durante el estrés de los combates.

  1. APV says:

    Interesante.

    Está claro que la Reichswehr al ser pequeña podía ser más estricta en el entrenamiento y selección de oficiales. Supongo que con la transformación en Wehrmacht y el aumento de las plantillas ese sistema se modificó para admitir a más oficiales y formarlos con más rapidez.

    Por otro lado, el que los oficiales del regimiento decidieran al final sobre el candidato (oficiales veteranos de la 1ª GM y algunos de los Freikorps) no podía dar lugar a cierto corporativismo (a pesar de los intentos de despolitizar a la Reichswehr).

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