Iniciamos hoy la publicación por entregas de este artículo publicado en la Revista de Historia Militar N.º 127 a instancia de sus autores Gabriel Pita da Veiga Goyanes y Joaquín Pita de Veiga Subirats.

Introducción

En el amanecer del viernes 24 de febrero de 1525, tiene lugar la batalla de Pavía en la que tropas españolas e imperiales liberan la ciudad del asedio francés al que estaba siendo sometida desde hacía meses. En el campo de Pavía, se encuentra el rey de Francia acompañado de gran parte de la nobleza más destacada de su reino con la que, meses antes, había iniciado una importante campaña para tomar el Milanesado. La batalla se produce dentro del Parque de Mirabello donde las tropas francesas habían acampado aprovechando la protección que les ofrecía el grosor de sus muros. Dado el desánimo que iba creciendo entre sus tropas, entre otras cosas por la falta de pan y de salario, los mandos hispano-imperiales deciden3 atacar de noche4 y por sorpresa para ganar la iniciativa. Así, pese a la superioridad numérica de los franceses, al maniobrar las tropas con agilidad e inteligencia dentro del campo, se alcanzó la victoria. Además de liberar la plaza, consiguen para su emperador el mejor botín: capturar al rey Francisco I.

La reciente obra del pintor de batallas, Augusto Ferrer-Dalmau, titulada “Pita da Veiga en Pavía”5, no solo despertó la curiosidad por conocer a este personaje histórico, sino que, tanto en las redes sociales como en webs, revistas y prensa, se hicieron comentarios y se publicaron artículos que sacaron de nuevo a la luz graves errores sobre la batalla. En concreto, sobre uno de los hechos de armas más destacados de la historia militar de España: la prisión del rey Francisco I de Francia. Esos errores perennes se han producido al tomar ciertas crónicas o artículos como verdades indiscutibles en detrimento de otras publicaciones más serias y, lo que es peor, de la documentación. Ese es el motivo de este artículo, cuyo espíritu no es otro que el de intentar acercarse a la verdad histórica sobre la prisión del rey, recuperando la memoria de los verdaderos protagonistas. Para ello, se contrastará la documentación con las referidas crónicas y artículos, señalando los errores e intentando aclarar este episodio de nuestra historia antes de cumplirse el quinto centenario de la batalla.

Hemos creído necesario legitimar y poner en valor lo contenido en la única crónica que se conserva de uno de los protagonistas, hasta ahora no tenida suficientemente en cuenta. Intentaremos demostrar si es posible o no dar preeminencia a alguno de los aprehensores sobre los demás. Para ello, se señalarán los errores más frecuentes sobre la prisión y sus protagonistas. Expondremos en qué se basan los diferentes partidarios de cada uno de los tres captores. Se tratará de explicar el caso de Juan de Aldana y su posible participación en la captura. Finalizaremos este artículo con unas breves conclusiones y con una aclaración necesaria sobre la figura de Alonso Pita da Veiga que, en algún caso, ha sido perjudicada por la desinformación. Pero por encima de todo, lo que se demostrará es que, por la documentación conocida, no por crónicas o publicaciones, solo son tres los captores posibles de Francisco I: Alonso Pita da Veiga, Diego de Ávila y Juan de Urbieta.

Las versiones de los cronistas

Antes de tratar la documentación, analizaremos de manera sencilla las crónicas en las que se han basado la mayor parte de los autores. Veremos que las que consideramos más relevantes no coinciden al narrar los hechos.

La primera, la atribuida a Juan de Oznaya, participante en la batalla, es la más difundida y dice: Iba casi solo, cuando un arcabucero le mató el caballo, y yendo a caer con él, llega un hombre darmas de la compañía de D. Diego de Mendoza, llamado Joanes de Urbieta, natural de la provincia de Guipúzcoa, y como le vio tan señalado, va sobre él al tiempo que el caballo caía; y poniéndole el estoque al un costado por las escotaduras del arnés, le dijo que se rindiese. Él viéndose en peligro de muerte, dijo: “La vida, que soy el rey.” El guipuzcuano lo entendió, aunque era dicho en francés; y diciéndole que se rindiese, él dijo: “Yo me rindo al emperador.” Y como esto dijo, el guipuzcuano alzó los ojos y vio allí cerca al alférez de su compañía que cercado de franceses estaba en peligro; porque le querían quitar el estandarte. El guipuzcoano, como buen soldado, por socorrer su bandera, sin acuerdo de pedir gaje o señal de rendido al rey, dijo: “Si vos sois el rey de Francia, hacedme una merced.” Él le dijo, que él se lo prometía. Entonces el guipuzcoano alzando la visera del almete, le mostró ser mellado, que le faltaban dos dientes delanteros de la parte de arriba, y le dijo: “En esto me conoceréis;” y dejándole en tierra la una pierna debajo del caballo, se fue a socorrer a su alférez, y hízolo tan bien, que con su llegada dejó el estandarte de ir a manos de los franceses. Luego llegó a donde el rey estaba otro hombre de darmas de Granada, llamado Diego de Ávila, el cual como al rey viese en tierra con tales atavíos, fue a él a que se rindiese, el rey le dijo quien era y que él estaba rendido al emperador: y preguntándole si había dado gaje, él le dijo que no.

El Diego de Ávila se le pidió, y él le dio el estoque que bien sangriento traía y una manopla; y apeado Diego de Ávila trabajaba sacarle debajo del caballo. Y en esto llegó allí otro hombre darmas, gallego de nación, llamado Pita, el cual le ayudó a levantar y tomó al rey la insignia que de Sant Miguel al cuello traía en una cadenilla, que es la orden de la caballería de Francia, y tráenla como los del emperador el Tusón. Por ésta le ofresció en rey darle seis mil ducados; pero él no quiso sino traerla al emperador (…)6.

Otro soldado presente en aquella batalla fue Martín García Cerezeda, quien escribió: y como el Rey quisiese salir por el portillo, el capitán Quesada se puso a defendelle la salida, donde porfiando el uno con el otro, finalmente el capitán le defendió la salida. Viendo el Rey que no podía salir por allí, tórnase a ver si podía salvarse por otra parte. A esta vuelta que el Rey daba, llegaron a él Diego de Ávila y Juanes y Sandoval y un infante llamado Córdoba; y este infante se estimó haberle tomado el San Miguel, ques un joyel que traen los reyes de Francia, como el Emperador el Tusón. Diego de Ávila é Juanes hobieron las manoplas y estoque e yelmo / Aquí le demandó Juanes la persona de D. Hugo, sin ninguna lisión ni daño de su persona, e el Rey se lo prometió, y le daba un rico anillo que traía en la mano, en señal. Ansi fué preso este alto Rey y el Príncipe de Navarra (…)7. Siempre se ha tomado como más veraz la crónica de Oznaya8, aunque ambos, sin ser ni protagonistas ni testigos de la captura, se hallaron en dicha batalla. Por eso, conviene destacar ciertos detalles en ambas narraciones que muestran ser hasta cierto punto incompatibles e incapaces de establecer un relato veraz de los hechos. Por la crónica de Oznaya, podemos decir que Juan de Urbieta encuentra al rey caído en tierra con una pierna atrapada debajo del caballo que había sido muerto por un arcabucero. Francisco I se niega a rendirse a Urbieta y sí al emperador. Urbieta ni lo desarma ni pide gaje y se va a recuperar el estandarte, llegando entonces Ávila, a quien el rey, reconociendo estar rendido al emperador, le da el estoque y una manopla como gaje. Más tarde, llegaría Pita da Veiga y le tomaría la insignia de la Orden de San Miguel. Por su parte, Martín García elimina a Pita da Veiga del relato, incluyendo a Sandoval y a Córdoba. Son Ávila, Urbieta y Sandoval los que apresan al rey, no hay recuperación del estandarte y entre los tres reciben las manoplas, estoque y yelmo. La cadena de la Orden de San Miguel la obtiene Córdoba. Solo García Cerezeda relata la petición de Urbieta de liberar a Hugo de Moncada9. Más tarde, otros autores que no están presentes en la batalla narran los hechos de otra manera. El doctor Juan de Quiñones, recopilando diferentes versiones, escribe: Cayó su caballo muerto de un arcabuzazo; algunos dicen que herido en el rostro, y en una mano; otros que quitándose el almete por limpiarse el sudor, se ensangrentó con un poco de sangre que en la mano tenía, por donde algunos pensaron que estaba herido, pero que no fue así. Cargaron sobre el Rey algunos soldados, y los primeros que llegaron a rendir ánimo tan valeroso, fueron Diego de Ávila, vezino de Granada, hombre de armas, y otro llamado Iuan de Urbieta Bascongado, natural de Hernani en Guipuzcoa, que fue de grandísimas fuerças, y Alonso de Pita de Aveyga, de nación Gallego, que viendo no se rendía, le pusieron las espadas al pecho, no conociéndole. Pita ayudando a Diego de Avila a levantar al Rey, que estaba caído debaxo del cavallo, le quito una cadenilla de oro que traía al cuello con la insignia de la Orden de san Miguel, que los caballeros de Francia traen, como los del Emperador el Tusón. Por esta le ofreció el Rey seis mil ducados, pero no quiso sino traerla al Emperador. Otros autores dizen, que huvo de aquel famoso despojo una manopla, y que el Rey le dio después un pedazito de Lignum Crucis, y una cédula Real, en que confesó haberse hallado Pita entre los principales que lo prendieron, y que en premio desto le dio el Emperador seiscientos ducados en dineros, y treinta mil maravedis de por vida, y un privilegio para que pusiese por armas en su escudo una Cruz, y una manopla con un Rey preso. Algunos Historiadores dizen, que el primero que hizo prenda de la manopla fue Diego de Avila, que preguntándole al Rey, si avia dado gage, y diziendo que no, se le pidió, y dio el estoque que traía, y una manopla (…)10. En este caso, los tres apresan al rey. Ávila y Pita da Veiga lo liberan del caballo. Pita da Veiga obtiene la cadena de la Orden de San Miguel y un pedazo de Lignum Crucis.

Dejamos para el final lo que escribe Pedro Mexía, cronista oficial del Emperador: Cayó y fue derribado su caballo con él y fue preso por dos españoles. El un soldado llamado Joanes vizcaino y el otro hombre de armas llamado diego de ávila natural de granada. Entre los cuales hubo competencia sobre ello dícese que el vizcaino llegó primero al rey pero el diego de avila hubo el estoque por do probaba haberse rendido a él finalmente fue preso por ello11. Elimina a Pita da Veiga del relato y deja ver que entre Urbieta y De Ávila se disputaban la preeminencia, bien por haber llegado primero, bien por haber recibido el estoque como prueba de rendición. Este último punto es importante por lo que veremos más adelante.

3 Por iniciativa del marqués de Pescara.
4 Como veremos, eso no fue posible dada la dificultad de romper el muro, no pudiendo entrar hasta el amanecer.
5 http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/informe-semanal-ejercito-del-pintor/4038661/

6 OZNAYA, Juan de: Historia de la guerra de Lombardía, batalla de Pavía y prisión del rey Francisco de Francia. Manuscrito sin fecha. Biblioteca Nacional de España Ms/1606. En la Biblioteca Nacional de España se conservan varias copias manuscritas de la crónica y ha sido publicada en varias ocasiones. Según parece, Fr. Juan de Oznaya era paje de lanza del Marqués del Vasto.

7 GARCÍA CEREZEDA, Martín: Tratado de las campañas y otros acontecimientos de los ejércitos del emperador Carlos V en Italia, Francia, Austria, Berbería y Grecia. Publicado por la Sociedad de Bibliófilos españoles, Tomo I. Madrid 1873.
8 Probablemente gracias a Fray Prudencio de Sandoval que la copia literalmente en: SANDOVAL, Fray Prudencio de: Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V, 1604-1606.

9 Dice el Abad de Nájera en su carta al emperador: el Rey ha sido contento que don Ugo de Moncada que está en Salucio venga a estar aquy sobre su palabra. Véase nota 75.
10 QUIÑONES, Juan de: Suceso de la batalla memorable que se dio en tre los exércitos del invictísimo Emperador Carlos V, nuestro señor, y del Christianísimo Rey Francisco I de Francia, en el parque de Pavía año de 1525 a 24 de febrero, día consagrado al Apostol Santo Matías. Viuda de Juan González. Madrid 1634. El doctor Juan de Quiñones era del Consejo de su majestad y alcalde de su casa y corte. Empieza su obra criticando a un autor francés que negaba la captura del rey.

11 MEXÍA, Pedro: Historia del emperador Carlos V. Manuscrito Mss/1926 de la Biblioteca Nacional

  1. Dani says:

    El mini relato de Arturo Pérez Reverte sobre esta batalla es muy bueno, pero obviamente no es historia, es literatura. Lo tuve guardado durante años, recortado del dominical en el que se publicó por primera vez. Pero con las mudanzas lo perdí.

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