A mediados de abril de 1941, tras haber conquistado, “gloriosamente”, la Cirenaica excepto Tobruk y haberse plantado en la frontera Egipcia, Rommel, con sus líneas de suministro estiradas al límite y con sus tropas dispersas por todo el este de Libia, se vio metido en un aprieto. Así, mientras la propaganda del régimen nazi empezaba a crear el mito del invencible Rommel y su Deutsches Afrika Korps, el general, sobre el terreno, empezó a temer la posibilidad de un ataque británico en su flanco sur, desde la profundidad del desierto, y solicitó que se le enviaran tropas de refuerzo.

Tras los avances espectaculares, había llegado el momento de atrincherarse en posiciones fijas, una asignatura en la que los alemanes iban a demostrarse también muy capaces.

Esta situación no solo se oponía a la letanía de victorias que cantaba el ministerio de Goebbels, sino que también contradecía rotundamente los motivos alegados en su momento por Rommel para desencadenar una ofensiva que iba mucho más allá de los ataques limitados que se le había autorizado a llevar a cabo, saltándose “a la torera” la misión fundamental de las tropas germano-italianas en Libia: defender Tripolitania.

Primeramente, el general Brauchitsch respondió con una negativa a la petición del ambicioso general. La planificación y el despliegue de tropas para “Barbarroja” estaban en pleno apogeo, y ya se habían retirado unidades, tanto terrestres como, más importante aún, aéreas, para intervenir en los Balcanes contra Yugoslavia y Grecia. Sin embargo, Hitler pronto dio una vuelta de timón y ordenó el envío de un regimiento motorizado mientas que Göring, el comandante en jefe de la Luftwaffe, ordenó a sus cuerpos aéreos que apoyaran el ataque de Rommel hasta el canal de Suez. Pero ordenar el envío de tropas no era todo, también había que poder efectuar la operación. En este campo, el problema fue que ni alemanes ni italianos tenían capacidad de transporte suficiente como para trasladar más unidades a la vez, con lo cual lo que se enviara a África tendría que esperar a que partiera con dirección al sur la 15.ª División panzer, cuyo grueso debía desembarcar en África el 5 de mayo.

Carros de combate de la división «Ariete», la segunda opción de Rommel de cara a conseguir maniobrabilidad en el desierto.

Dado que nada podría llegar de Alemania a corto plazo, Rommel se giró hacia el alto mando italiano, al que tanto le gustaba maltratar cuando le venía bien, para solicitar el envío de dos grandes formaciones que sustituyeran a las divisiones Trento, Brescia y Ariete en el perímetro de Tobruk, para así enviar la primera a Sollum y formar una fuerza de maniobra con las otras dos. Sin embargo, los italianos se negaron alegando razones muy similares a las que había empleado Berlín: la falta de capacidad de transporte. En esta situación, y dado que los británicos supuestamente “cercados” en Tobruk estaban aumentando los golpes de mano contra sus sitiadores, Rommel solo pudo retirar del cerco un batallón reforzado de la división Trento para enviarlo a Bardía.

Se abría pues una ventana llena de posibilidades para los británicos, que efectuaron, de hecho, un raid el 23 de abril contra las posiciones alemanas en la frontera egipcia, para retirarse al día siguiente. El ataque tuvo consecuencias inesperadas pues es posible que Rommel perdiera incluso los nervios, enviando a Berlín informes sumamente alarmantes en los que no solo solicitaba aún más tropas, sino también que se reforzara la presencia de la Luftwaffe con el envío de más cazabombarderos e incluso que se destacaran submarinos junto a las costas norteafricanas.

El general Paulus, en África.

Ese mismo día 23 Halder, harto de la situación, se quejó formalmente de que no recibía informes fiables de África, de que las tropas alemanas en la región habían sido dispersadas y habían perdido buena parte de su capacidad de combate, y de que nadie parecía ser capaz de tener una visión de conjunto de lo que sucedía en África. Por todo ello, decidió enviar al general Paulus para evaluar la situación, explicar a Rommel la imposibilidad de enviarle más tropas y averiguar cuáles eran sus intenciones, dadas las circunstancias.

  1. Warmize says:

    Paulus, no VON Paulus.
    Que hubiera pasado si Alemania hubiera pospuesto el inicio de Barbarroja al año siguiente? Disponiendo de más unidades en el norte de África y pudiendo planificar un ataque a Palestina desde una base en Creta y Grecia…quien sabe!
    Hubiera declarado la guerra la URSS al Eje después de Pearl Harbour?

    • Jose says:

      Desde mi punto de vista los acontecimientos se dieron precisamente asi por los hechos. De acuerdo a la logica y la tradicion, el pacto Molotov solo era para q ambas partes ganaran tiempo y la unica salida de Japon era declarar la guerra y vencer o dejar que el zar rojo, los EU y una China presumiblemente unificada luego de la derrota de Chiang Kai Shek se los comieran vivos. Japon se hubiera visto en una situacion similar a la de hoy en caso de ceder y dejar que los colosos rusia y Japon crecieran.

  2. Jose says:

    Por cierto, hasta el ultimo parrafo sigue dixiendo vob paulus.perdon por la ortografia pero el celular no es comodo ni preciso

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