El 7 de diciembre de 1781 la escuadra del almirante D’Orves abandona por fin Île de France con destino a las costas de la India. Se compone de 11 navíos de línea, 5 fragatas y otros barcos ligeros y 8 buques de transporte, todos ellos operacionales y con sus dotaciones completas, pero no tienen repuestos, con lo que la escuadra tendrá que tener muchísimo cuidado a la hora de arriesgarse a sufrir daños, pues no tienen con que repararlos. A bordo viajan un total de 8500 marinos y 2300 soldados.

Mysore y la costa este de la India, donde tuvieron lugar las acciones navales que comentamos.

                Para Suffren el viaje no empieza mal, pues el 22 de enero se topan con el navío inglés Hannibal, que capturan y redenominan Petit-Hannibal, para distinguirlo del buque propio que lleva el mismo nombre; y el 3 de febrero el almirante D’Orval, que sigue enfermo y morirá seis días más tarde, le cede el mando de la escuadra.

                Único amo y señor, Suffren decide entonces que su mejor opción es buscar y destruir a su enemigo, razón por la cual se dirige a la gran base británica de Madrás, donde espera la escuadra del contralmirante sir Edward Hughes, que cuenta con nueve navíos, pero este se ha colocado en posición defensiva y los franceses tienen que renunciar al ataque. Ante este fracaso, el francés decide entonces dirigirse hacia el sur para desembarcar sus soldados en Porto Novo, donde apoyarán a Hayder-Ali, Nabab de Mysore, en su guerra contra los ingleses. Seguido por Hughes, durante el trayecto tendrá lugar el inconcluyente combate de Sadras, el 17 de febrero, que acabará en tablas tras la retirada de ambas fuerzas.

Suffren se presenta ante Hayder Ali, Nabab de Mysore.

                Desde su base de Porto Novo, donde puede recibir los suministros enviados por el Nabab y establecer un hospital en el que cuidar a sus heridos y enfermos, Suffren se va a dedicar a vigilar los movimientos navales ingleses. A mediados de marzo se le escapa un convoy, pero el 12 de abril consigue acorralar a la escuadra inglesa contra el islote de Providien. La batalla podría haber sido decisiva, pero una fuerte tormenta dispersa ambas flotas y los franceses tienen que retirarse. En esta ocasión, en vez de volver a las tierras de Mysore, deciden establecerse en Batticaloa, en la costa sur de Ceilán, pero será por poco tiempo pues el Nabab acaba por discutir con el general Duchemin, al mando de las tropas terrestres francesas, del que dice que se mantiene “inmóvil como un carro atascado en el barro”. La muerte de este, en agosto, y su sustitución por Hoffelize, serán la solución, trágica pero providencial, del problema.

                Los meses siguientes serán testigos de varias operaciones: el fracasado ataque a Negapatam, la toma de Trincomalee y la inconcluyente batalla naval del 3 de septiembre. Suffren maltrata a sus capitanes, destituye a cuatro y otros solicitan volver a Europa, abandonando sus puestos frente al enemigo antes que seguir bajo el tiránico mando de nuestro personaje, que justo entonces recibe buenas noticias de Francia: ha sido nombrado Bailío de la Orden de Malta e inscrito en la lista de jefes de escuadra; dos grandes triunfos, aunque ha perdido uno de sus navíos, el Orient, que embarranca sin salvación en la costa ceilanesa, y poco después, en ruta hacia Gondelour, perderá también el Bizarre, igualmente tras haber embarrancado en un bajío. Tras estos acontecimientos, y dado que se acerca la temporada de huracanes, el contralmirante Hughes parte a Bombay con su flota, y nuestro protagonista se marcha al estrecho de Malaca, desde donde espera poder controlar el tráfico inglés y pasar una invernada segura.

El contralmirante Sir Edward Hughes.

                Sin embargo, cuando vuelva la situación estratégica habrá cambiado drásticamente: Hughes ha recibido una escuadra de refuerzo, los ingleses han convencido a los Mahrattas para que declaren la guerra a Mysore y Hayder Ali ha muerto, siendo reemplazado por Tippoo Sahib, su hijo, al que Suffren va a tener que ir a visitar para asegurarse de que la alianza se mantiene en pie.

                Pero antes de adentrarnos en esta nueva campaña, vamos a repasar las dos batallas más importantes de la anterior: Sadras y la isla de Prividien.

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