“En la mañana del 29 de marzo se repitió el ataque aéreo. Lo siguió una preparación de artillería. Desde mi puesto de observación, pude ver como los proyectiles pesados eran disparados a bocajarro contra los blocaos y los refugios que el enemigo había acondicionado en los diques. Era impresionante. Las explosiones arrojaban grandes trozos de piedra y troncos hacia las alturas. A las 8.30 horas, nuestros grupos de asalto desembarcaron sobre la isla. Diez minutos más tarde oímos el tableteo de las ametralladoras y de otras armas automáticas, y las explosiones de las granadas y los Panzerfaust”.

Soldados del Volkssturm, en el frente del Oder

Así narró Georgii Zhukov el asalto a las últimas posiciones alemanas en Küstrin, donde los hombres de Reinefarth iban a resistir a lo largo de toda la jornada antes de escapar. Mientras, en la ciudad vieja, los 135 hombres del Volkssturm que no habían conseguido escapar antes de la voladura de los puentes, se habían refugiado en el extremo norte de la península.

Desde allí, aquellos hombres también iban a llevar a cabo su propio intento de huida, pero ni los escasos botes de pesca que tenían a mano, ni la corriente del río iban a permitir que lo lograran. Finalmente, el capitán de la reserva Rudolf Tann, al mando de aquellos restos de la guarnición, orquestó la rendición de sus supervivientes.

Imagen de un documental en que se ven las ruinas de una ciudad identificada como Küstrin.

Entonces los soviéticos tomaron el control definitivo de la ciudad. Los hombres que, aislados, siguieron combatiendo más allá de la rendición, fueron capturados y fusilados, mientras que los heridos que había en los hospitales sí que fueron tratados correctamente. Se calcula que, entre los combates defensivos y la operación de socorro, murieron unos 5000 combatientes alemanes, 9000 heridos pudieron ser evacuados a las líneas propias y otros 6000 cayeron en manos soviéticas. Las bajas soviéticas, por otro lado, se han calculado en otros 5000 muertos y 15 000 heridos. Pero lo más importante es que los atacantes habían conseguido despejar por fin el acceso a la cabeza de puente que los llevaría hacia Berlín.

En palabras del sargento Fritz-Rudolf Averdiek, sargento de comunicaciones “Siguieron varios días tranquilos gracias al tiempo neblinoso. Hubo algunos ataques aéreos esporádicos, tanto de día como de noche, algunos de ellos con bombas incendiarias, y la artillería soviética, con bombardeos de humo o explosivos, nos sacó de la cabeza la idea de contraatacar. Luego, el día de Pascua (1 de abril), fuimos enviados a nuevas posiciones. Establecimos nuestro puesto de mando en una granja, el Annahof, y esperamos el ataque. El periodo entre el 1 y el 13 de abril fue totalmente tranquilo, a pesar de los constantes bombardeos rusos con fumígenos”.

EL 16 de abril, el infierno se desataría de nuevo en la orilla oeste del Oder, comenzaba la batalla por Berlín.

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