LAS PRUEBAS DE LA TRAICIÓN

                A continuación empezó a resumir, magistralmente, los hechos que había desarrollado anteriormente.

Un armisticio firmado en medio de la vergüenza

                “Un armisticio firmado en medio de la vergüenza, un abuso de confianza con respecto a la nación, la aceptación definitiva de la derrota, la imitación servil de Alemania, las persecuciones, los pérfidos ataques contra Inglaterra, la ayuda suministrada al eje, el reabastecimiento de Rommel, la destrucción de la flota y, la vergüenza suprema, oficiales franceses llevando el uniforme alemán y recibiendo la cruz de hierro. ¿Qué alegato podría ser más elocuente que esta enumeración?

                111 000 deportados políticos, 120 000 deportados raciales, de los cuales solo han vuelto 15 000; y lo peor, es que durante cuatro años, esta política ha estado a punto de deshonrarnos frente a los demás países. Francia ha conseguido levantarse de nuevo gracias al sacrificio de sus mártires y ha retomado victoriosamente su puesto en los combates, pero han estado a punto de deshonrarla, de hacerla perder su razón de existir quitándole su honor. Este es el crimen inexpiable, para el que no encuentro ni atenuantes ni excusas y para el que una corte judicial, encargada de aplicar la ley, solo puede dictar la pena más grave prevista por ella. La ley francesa no contiene ninguna norma que prevea la sustitución por otra pena debido a la edad del reo.

120 000 deportados raciales. Judíos siendo detenidos.

                Mirando desde el punto de vista de la Ley, pensando en todo el daño hecho a Francia por esta política de colaboración, hablando sin pasión y conteniendo una profunda emoción, esta es la acusación más grave que haya formulado en mi ya demasiado larga carrera. Estando, yo mismo, al final de mi vida, es la pena de muerte la que solicito a esta corte para quien fue el mariscal Pétain”.

La destrucción de la flota.

CONCLUSION

“El proceso adoptó, en demasiadas ocasiones, la apariencia de un juicio parcial, incluso la de un ajuste de cuentas, cuando todo el asunto debería haber sido tratado solo desde el punto de vista de la defensa nacional y de la independencia”. Escribió Charles de Gaulle en sus memorias. Finalmente, Pétain fue condenado a muerte por un jurado formado por doce miembros del parlamento y doce de la resistencia por un margen de un solo voto. Los jueces, todos los cuales habían hecho juramento de fidelidad al mariscal durante el régimen de Vichy, firmaron la sentencia que lo condenaba a muerte, a la degradación nacional y a la confiscación de sus bienes, solicitando que la primera de estas penas le fuera conmutada por la de prisión perpetua, dada su avanzada edad. Pétain perdió su rango militar y sus condecoraciones, pero dado que el de mariscal era un título honorífico y no estrictamente militar, siguió conservándolo y fue enterrado con su uniforme. También fue expulsado de la Academie Française, pero esta no nombró sustituto para su sillón hasta después de su muerte.

Oficiales franceses recibiendo la cruz de hierro (Edgar Puaud, de la división SS Charlemagne)

Philippe Pétain no fue ejecutado, pues el general de Gaulle, jefe del Gobierno Provisional de la República Francesa, conmutó la pena. Fue encarcelado en el Fuerte del Portalet durante unos meses, antes de ser transferido a la ciudadela de l’Ile-d’Yeu, en la costa atlántica. Su mujer pudo instalarse cerca y visitarlo diariamente. En 1951 su salud empezó a declinar y se le excarceló, instalándose en una casa privada de Port-Joinville en junio. Murió el 23 de julio de 1951, dando fin a una de las épocas más complejas de la historia de Francia y abriendo un debate que sigue siendo apasionante hoy en día.

Un anciano prisionero.

  1. Miguel Martínez says:

    Y así, de un plumazo y con un gran cinismo barremos todas las rencillas nacionales francesas
    Y las cargamos sobre las espaldas de un anciano al que en 1940 llamamos porque estábamos
    Desesperados y como decía Pinochet… «Muerta la perra se acabó la leva»

  2. Javier Veramendi B says:

    Bueno, la teoría del anciano, adelantada por De Gaulle en sus memorias, ha visto muchos detractores desde entonces. Personalmente, he conocido ancianos muy lúcidos, y tan errado me parece decir que tuvo la culpa de todo como decir que no la tuvo de nada. Dicho esto, hubo otros procesos y condenas. No lo cargaron todo sobre Pétain.

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