EN ALGÚN LUGAR DEL BÁLTICO. Podría decirse que desde las reuniones celebradas en Berlín y Potsdam entre el Kaiser y los representantes austríacos entre el 5 y el 6 de julio todo ha estado más o menos tranquilo. La tensión crece: Rusia se muestra cada vez más a favor de los Serbios, y estos cada vez menos a favor de ceder; Austria prepara su ultimátum, pero no hay mucho más; y el Kaiser se ha ido de vacaciones a bordo de su barco, a navegar por el Báltico tranquilamente, ese mismo Báltico por el que pronto navegará el acorazado francés “La France”.

El Hohenzollern, el yate del Kaiser, según una postal de época.

Por eso, el telegrama que le tiende el marinero no deja de causar cierta extrañeza en Guillermo II. ¿Qué sucede? En realidad nada, aún. El Secretario de Estado Alemán, von Jagow, solo quiere avisar a su Rey que los austríacos piensan entregar su ultimátum el próximo día 23, y que sería conveniente que el Kaiser se mantuviera comunicado por si es necesario tomar decisiones importantes debidas al acontecer de hechos imprevistos.

El mensaje tiene una pátina de preocupación indiscutible, y el monarca decide de inmediato enviar una orden a su flota de alta mar para que cancele la visita prevista a Escandinavia y se quede en sus fondeaderos… por si acaso.

 

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Viene de: 19 de Julio, por la mañana. Consejo Sercreo, Decisiones Cruciales.

Sigue en: 19 de Julio, por la tarde. Una Circular del Primer Ministro Pasic.

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