Fueron numerosos los ilustradores y fotógrafos que trabajaron en Esquire creando el nuevo ideal de mujer a través de sus páginas centrales y fotografías; sin embargo el más destacado del momento fue George Petty, quien popularizó sus Petty Girls.

Las chicas representadas por Petty solían ir acompañadas de alguna frase cómica o encaminada a captar la atención del lector. Poco a poco estas chicas fueron teniendo cada vez más éxito y se fue incrementando el espacio reservado a estas ilustraciones, al tiempo que se eliminaba todo elemento de distracción y las chicas pasaban a ser el completo centro de atención sobre un fondo blanco, donde su físico y expresión llevaban todo el peso.[1]

Sin embargo la gran popularidad alcanzada por las ilustraciones de Petty, llevaron a este a incrementar cada vez más sus exigencias económicas a la revista. Esto llevó a los directivos de Esquire a buscar en 1940 un sustituto que estuviese al nivel de las ilustraciones de Petty, pero que cobrase menos. El sustituto elegido sería el artista peruano Alberto Vargas. Vargas había nacido en Arequipa en 1896 siendo hijo de un reconocido fotógrafo, lo que le permitió crecer entre imágenes, cámaras y el ambiente artístico de la fotografía y aprender a manejar el aerógrafo. Pronto demostró interés por el dibujo y marcharía en 1911 con su familia a Europa, donde se formaría como artista en París y Zurich, al tiempo que se incrementaba su interés por la pintura clásica y especialmente por la de Ingres. Posteriormente en 1916 se trasladaría a Nueva York donde comenzó su carrera artística pintando actrices de teatro con una combinación única de elegancia y femmes fatale. De este modo Vargas creó la imagen de una mujer social, sensual y elegante, que se convertiría en la nueva diosa del siglo XX, al ser la representación de la mujer sofisticada e independiente del país. De este modo, Vargas lograría trabajar durante los años 30 para numerosas empresas de Hollywood realizando retratos y carteles de películas, hasta que en 1940 fue contratado por Esquire para ocupar el puesto de Petty.

Los primeros dibujos de Vargas aparecieron en Octubre de 1940, en los que se percibe la presión por mantener el anterior estilo de su antecesor; sin embargo Vargas no tardaría en imponer su propio estilo. Su gran aceptación por parte del público llevó a Esquire a publicar en Diciembre de 1940 el primer calendario de Vargas, en el que se representaba una chica en cada mes, que tuvo un gran éxito comercial. Las chicas de Vargas se convirtieron rápidamente en sinónimo de la sensualidad femenina, elegancia y la belleza de las mujeres americanas; además para el público femenino las mujeres de Vargas representaban un modelo de belleza femenina más creíble que las anteriores representaciones.[2]

Con la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial en Diciembre de 1941 la mujer volvería a ocupar un destacado papel en la sociedad y comenzarían a producirse cambios en cuanto a la sexualidad de las mujeres, siendo las chicas de Vargas un icono referente de los nuevos ideales de la mujer. Así mismo con el estallido de la guerra, Vargas convirtió a sus chicas no sólo en un icono de belleza femenina, si no en un icono patriótico de la mujer americana. De este modo, entre 1942 y 1945 sus dibujos hicieron referencia frecuentemente a la guerra, incluyeron elementos militares o representaron a mujeres pertenecientes a alguna rama de las fuerzas armadas (ofreciendo además al público femenino una imagen glamurosa que favorecía el ingreso en estas unidades).[3]

Es de resaltar la gran popularidad que tuvo el trabajo de Vargas entre los soldados que se encontraban combatiendo en el extranjero, que rápidamente sintieron un fuerte vínculo con la mujer que él les presentaba (ya que se convirtieron en un lazo que les unía con sus hogares, en el modelo y promesa de mujer que todos esperaban encontrar a su regreso y en la única compañía femenina que tuvieron consigo en las duras condiciones del combate).  Rápidamente estas chicas compartieron espacio en las taquillas, barracones, cuarteles, trincheras e incluso vehículos con las fotografías de los amigos, familiares y el presidente Roosevelt. Fue tal la demanda por parte de los soldados, que entre 1942 y 1946 la revista Esquire llegó a realizar más de nueve millones de sus ejemplares (sin anuncios y gratuitos para las tropas), que eran enviados por todo el mundo y repartidos por las bases militares en las que se encontraban estacionadas las tropas, para elevar la moral. Además, junto a la revista tuvieron gran divulgación los calendarios, llegando Esquire a incluir un mayor número de chicas para sus ediciones militares.

Tal fue la influencia de estas obras que fueron apropiadas por las tropas, que las incorporaron a los fuselajes de sus aviones en lo que se conoce como nose art.[4] Rápidamente se hizo popular la costumbre de representar a las chicas de Vargas sobre los bombarderos, al convertirse estas en un talismán protector para sus tripulaciones, que les recordaban su hogar y por qué luchaban. Inspirándose en las obras de Vargas (aunque variando el nivel de desnudez de las chicas y a menudo con una sexualidad muy provocativa y agresiva) los soldados las pintaron sobre sus aviones como un símbolo de buena suerte o como una especie de diosa de la guerra (al estilo de los mascarones de proa usados por los antiguos en sus embarcaciones), además tenían también su utilidad práctica al servir como elemento de distracción para los pilotos enemigos durante los combates aéreos.[5]

Al finalizar la guerra los hombres regresaron a casa y recuperaron sus trabajos, por lo que muchas mujeres tuvieron que volver a ocupar su tradicional lugar en el hogar, de este modo la mujer vio recortada parte de las libertades que había ganado durante el conflicto para volver a asumir su papel tradicional. De este modo tras la guerra se dará un gran auge del matrimonio y la natalidad, que dará lugar a un ideal de mujer americana basado en una feliz y dependiente ama de casa (aunque también se mantendrá la visión de la mujer objeto caracterizada por su ingenua, pero abierta sexualidad). El matrimonio y la maternidad pasaron a ser lo mejor visto en un contexto de represión social que trataba de dejar atrás los liberales comportamientos de la guerra; de este modo el sexo no tardó en convertirse en un mito nutrido por los medios de comunicación. No es de extrañar pues, que en este contexto tan conservador se mantuvieran este tipo de imágenes tan descocadas, que traían un soplo de aire fresco.

A la revista Esquire le afectó bastante este cambio experimentado en la sociedad tras la guerra. Además la revista perdió en el año 1947 a Vargas, debido a problemas legales surgidos a raíz del intento del artista de renegociar su contrato, quien perdió su trabajo y sus derechos sobre su nombre y su trabajo para la revista. De este modo la revista tuvo que hacer frente al cambio del ideal de belleza femenina y a la pérdida de su artista estrella, quien sería sustituido por otros artistas como Fritz Willis o Al Moore, que no lograrían estar a su altura.

Con el nuevo enfoque tras la guerra en la moral y la maternidad comenzaron a producirse quejas de algunos sectores, que criticaron el fácil acceso de las mujeres y jóvenes a estas ilustraciones, lo que obligó a muchas publicaciones a reducir o eliminar el pin-up de sus páginas. Aprovechando este vacío y la decadencia de revistas como Esquire, Hugh Hefner (antiguo empleado de dicha revista) creó en 1953 la famosa revista Playboy donde retomó el género. Desde su primer número se dejó claro que la revista estaba destinada únicamente al deleite del público masculino y que contaría con artículos de política, deportes, entretenimiento, cultura… a la vez que contendría dibujos y fotografías de modelos desnudas. En contraposición a las anteriores representaciones femeninas en las que se dibujaba a una mujer idealizada, compleja e independiente, Hugh Hefner creía que sus chicas debían representar a la accesible y seductora vecina de al lado. Además, en el año 1959 contrató a Vargas, cuyas chicas perdieron el estilo anterior de Esquire y pasaron a mostrar mucha menos ropa (si bien es cierto que el artista puso como condición que no se mostrase en ningún momento la entrepierna de las chicas), además de volver a estar acompañadas de una frase picante.

Con la llegada de los años 60 se produciría una auténtica revolución en la sociedad norteamericana con el surgimiento de movimientos sociales con gran peso de los jóvenes y estudiantes, que reivindicarían entre otras cosas una nueva libertad sexual.[6] De este modo, los años 60 marcarían el comienzo del declive del pin-up al producirse una popularización y mercantilización del sexo. Con el paso del tiempo  surgirían numerosas revistas para el público masculino del estilo de Playboy, donde las fotografías irían ganando cada vez más importancia y donde cada vez se iría enseñando más la carne de las mujeres, en lugar de insinuar. De este modo, con la liberación sexual se accedería cada vez más al desnudo integral femenino, siendo poco a poco sustituido el pin-up por la pornografía. El arte erótico y la capacidad sensual de insinuar la belleza del cuerpo femenino serían finalmente sustituidas por el material pornográfico.

Viene de de El Arte Pin UP (I)

Bibliografía

Buszek, Maria Elena. Pin-up grrrls: feminism, sexuality, popular culture. Durham: Duke University Press, 2006.

Davis, Larry. Planes, names & dames. VOL. II 1946-1960. Carrollton: Squadron/Signal Publications, 1993.

Expósito García, Mercedes. De la «garçonne» a la «pin-up»: mujeres y hombres en el siglo XX. Madrid: Cátedra, 2016.

Geradts, Evert. Pin up. Enghien: Artefact, 1984.

Stein, Ralph . The pin-up from 1852 to now. London: Hamlyn, 1974.

Valant, Gary M. Vintage aircraft nose art. Osceola: Motorbooks International, 1987.

Nielfa Cristóbal, Gloria. “¿El siglo de las mujeres?”. Cuadernos de historia contemporánea.  Nº 21 (1999).

http://www.spencerart.ku.edu/exhibitions/vargas/buszek.shtml (29/4/2016)

http://biblioteca.ucm.es/revcul/e-learning-innova/123/art1760.pdf (29/4/2016)

http://www.spencerart.ku.edu/exhibitions/vargas/honey.shtml (1/5/2016)

https://www.brunel.ac.uk/__data/assets/pdf_file/0005/185918/ET62BilsingED.pdf (1/5/2016)

http://www.spencerart.ku.edu/exhibitions/vargas/goddard.shtml (3/5/2016)

http://www.arthistoryarchive.com/arthistory/pinupart/ (3/5/2016)

http://www.owensvalleyhistory.com/cowgirls01/pinup_artists.pdf (3/5/2016)

http://www.ktpress.co.uk/pdf/nparadoxaissue6_Maria-Elena-Buszek_89-100.pdf (3/5/2016)

http://brentdanley.com/wp-content/uploads/2007/04/theplayboyphilosophy.pdf (3/5/2016)

[1] http://www.spencerart.ku.edu/exhibitions/vargas/buszek.shtml (29/4/2016)

[2] http://biblioteca.ucm.es/revcul/e-learning-innova/123/art1760.pdf (29/4/2016)

[3] http://www.spencerart.ku.edu/exhibitions/vargas/honey.shtml (1/5/2016)

[4]Davis, Larry. Planes, names & dames. VOL. II 1946-1960. Carrollton: Squadron/Signal Publications, 1993, pág. 3.

[5]https://www.brunel.ac.uk/__data/assets/pdf_file/0005/185918/ET62BilsingED.pdf (1/5/2016)

[6] Geradts, Evert. Ob. Cit. Pág. 11.

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