La batalla de Kinburn, librada durante la Guerra de Crimea no tuvo importancia estratégica alguna ni influyó en el resultado del conflicto, pero gracias al enorme éxito obtenido por las naves acorazadas francesas,  tuvo una gran influencia en que las marinas del mundo comenzasen la transición de los buques de madera a los navíos de planchas de metal.

En la batalla de Sinope, librada el 30 de noviembre de 1853, un escuadrón ruso destruyó una flota otomana fondeada empleando mayoritariamente proyectiles explosivos, en contraposición con las balas sólidas de cañón que se venían empleando hasta entonces. Este hecho volvió a suscitar un interés en las planchas de hierro como coraza para los navíos de madera. Después de que Francia y Gran Bretaña entrasen en la guerra, el gobierno francés propuso un sistema de protección acorazada para las unidades navales y el jefe de la ingeniería naval británica demostró que cuatro pulgadas (10 cm) de hiero podrían proteger contra una artillería potente.

El 17 de octubre de 1855, tres baterías flotantes acorazadas francesas, la Dévastation, Lave, y Tonnante, participaron en un ataque contra los fuertes rusos de Kinburn en un estuario en la desembocadura de los ríos Dniéper y Bug. Protegidas por una coraza de hierro de cuatro pulgadas sobre una plancha de madera de diecisiete pulgadas (42,5 cm), cada una de estas baterías flotantes montaba 16 cañones de 50 libras y 2 de 12 libras. Además, contaban con motores de vapor que podían impulsarlas a una velocidad de 4 nudos.

Los fuertes de Kinburn, de los que tres eran de piedra y dos de arena compactada, contaban con una dotación artillera de 81 cañones y morteros. Desde una distancia de entre 800 y 1.100 metros en un enfrentamiento  que duró desde las nueve y media de la mañana hasta el mediodía, las baterías flotantes acorazadas francesas hicieron 3.177 disparos entre proyectiles y balas sólidas de cañón, dejando los fuertes rusos reducidos a ruinas.

Aunque la artillería rusa hizo blanco repetidamente contra las baterías galas, estas se mostraron en gran medida inmunes a los impactos. La Dévastation encajó 67 impactos y la Tonnante 66. Murieron dos marineros franceses y 24 resultaron heridos a causa de disparos rusos que entraron por las troneras de los cañones franceses, pero las planchas acorazadas, salvo por algunas abolladuras, quedaron intactas.

Al mediodía, los navíos de línea aliados bombardearon lo que quedaba de los fuertes desde una distancia de 1.500 metros y en menos de 90 minutos se rindieron los rusos. El éxito de estas embarcaciones acorazadas llamó rápidamente la atención de muchos observadores, cuyas conclusiones fueron que la batalla de Kinburn demostraba la efectividad del hierro forjado, lo que marcaría el fin de la era de los viejos navíos de línea.  

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  1. Dani says:

    Cañones de 50 libras como si nada, cuando en la época de Trafalgar los cañones más potentes de los navíos rondaban las 40 libras. Otra mejora de la revolución industrial.

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