Nos habíamos quedado en la entrada anterior en la expedición de castigo de Silas Duncan y la rutpura de relaciones entre Argentina y Estados Unidos.

Goleta Sarandí u otra de la clase

El 10 de septiembre de 1832 Argentina designa un nuevo gobernador con fines militares, y lo envió a las Malvinas a bordo de la cañonera ARA Sarandi con el fin de reparar los daño y restablecer la ley y el orden tras el paso del Lexington. Este gobernador, el sargento mayor de artillería Esteban Mestivier,  tampoco duró mucho pues a los dos meses, cuando la cañonera parte, la guarnición se rebela y lo mata. Tras estos hechos la Sarandi regresó y trató de reprimir a los amotinados. Es este momento el que Gran Bretaña ha estado esperando para hacer una demostración de fuerza.

Aparece en las Malvinas la corbeta británica HMS Clio anclando en Puerto Soledad. Gran Bretaña no era una extraña en estas tierras, había creado en el Siglo XVIII un fuerte en Puerto Eggmont, Isla Gran Malvinas. Después, casi había entrado en guerra con España en 1770 cuando el reino español expulsó a los pobladores británicos, siendo que en 1771 pudieron regresar tras presentar los españoles excusas por aquellos actos, pero esta situación se mantuvo solo por otros dos años (he aquí la excusa de los británicos para no aceptar el gobierno argentino, “ellos llegaron antes”…)

En este momento, la Clio es enviada por el almirantazgo para consolidar la soberanía británica en las Islas, aprovechando la desorganización provocada por el incidente de la Lexington. El capitán Onslow de la Clio informó al capitán Pinedo, de la Sarandi, que la Union Jack remplazaría a la argentina al día siguiente, el 3 de enero de 1833. Ante esta declaración de intenciones, Pinedo protestó pero no pudo resistir ante la superioridad de la corbeta británica. Así pues, el cambio de gobierno se hizo sin un solo disparo, y a los dos días la cañonera abandonó las islas llevándose a la guarnición, los convictos que se hallaban en la colonia penal de San Carlos, y algunos pobladores (no todos) de las islas.

En este momento no se produjo la “colonización” de las islas, puesto que habrá que esperar a 1840 cuando al Corona Inglesa las declara formalmente Colonia, enviando al primer gobernador británico, el teniente Richard Moody, manteniéndose la ocupación efectiva hasta el 2 de abril de 1982, siendo una tierra agrícola, pero sobretodo ganadera, dedicándose a la exportación de Lana por medio de la Falkland Islands Company.

HMS Clio

PROPIEDAD DE LAS ISLAS

Las islas, como vemos, tienen una historia previa a la ocupación tácita por parte de las fuerzas de la Provincia de Buenos Aires, y ellas son las que debemos analizar, por cuanto unos se consideran “herederos” de los españoles, y otros como “legítimos poseedores” de estas tierras. La verdad que debemos retroceder a junio de 1770, cuando una expedición española, mandatada por el gobernador de Buenos Aires, tomó posesión de Port Egmont, en las Islas Malvinas o Fakland. Para los británicos era una provocación, mientras que los españoles siempre habían considerado estas tierras como suyas.

El gobierno español se veía fuerte y dispuesto a llegar a la guerra con Inglaterra gracias al prometido apoyo del gobierno galo, pero la destitución de Étienne François de Choiseul, Secretario de Estado y Asuntos exteriores, y enemigo de Inglaterra hizo que la prometida ayuda fuese negada, con lo que el gobierno español tuvo que ceder, y en enero de 1771 devolvió Port Egmont a Inglaterra, pero con la salvedad de que no se mencionaba su renuncia a los derechos sobre dichas tierras. Los ingleses permanecieron hasta el 20 de mayo de 1774, fecha en que son evacuadas las islas por parte de las tropas inglesas. El 22 de ese mes Francisco de Orduña, en nombre del virrey del Río de la Plata, tomó posesión del archipiélago, estando claro que las tierras eran “propiedad” de la corona española, puesto que Gran Bretaña no se preocupó más de éstas durante los siguientes años, y en 1811 a consecuencia de la Revolución de Mayo, el último gobernador real abandona las islas, sin que nación ninguna solicite su posesión (deberíamos entender que tampoco la naciente Provincia Unida del Río de la Plata, hasta 1820).

Hemos visto que el problema es de considerar a la provincia de Buenos Aires como legítima heredera de las posesiones de la corona española en la zona, incluida las Malvinas, por otro lado, un “olvido” que tienen los ingleses desde 1774 hasta 1833 de dichas tierras, que reclaman su posesión, y sobre todo, una posición de fuerza en ese momento gracias a una armada poderosa que le permite desplegar a sus fuerzas en aquellas tierras (como haría siglo y medio después)

Mapa francés de 1833

COROLARIO

El problema que vemos es que la presencia británica aparece cuando el naciente nacionalismo argentino está surgiendo, y se crea un sentimiento de agravio en un Estado que lucha por despuntar y que quedará en el imaginario colectivo de Argentina desde entonces. Pero la sensación nunca fue recíproca. Las Malvinas nunca han sido consideras una de las “Joyas de la Corona” inglesas, mientras que para los argentinos, son un símbolo notable que va relacionado con su sentido de nación.

Como vemos, una relación asimétrica, por un lado una nación que rumiaba una venganza desde hacía siglo y medio, y por otra, una pequeña comunidad de 2000 personas y unos pocos funcionarios del gobierno que sabían que dicha tierra existía. Reconocemos que la posición de fuerza británica jugó a su favor, y desde entonces su superioridad ha permitido mantener a las islas como colonia, y puede que su situación hubiera caído como fruta madura si unos generales sin sentido de la historia, y buscando un apoyo popular en un momento de intensa crisis interna, no quisieran hacer de las Malvinas/Flakland un símbolo unificador. Fue un desastre y el principio de su propio fin, y para Inglaterra, una oportunidad de recuperar el “orgullo imperial” que durante siglos los unió.

BIBLIOGRAFÍA

Anderson, M.S. (1980), “Las relaciones diplomáticas europeas, 1763-1790”. En Historia del Mundo Moderno de la Universidad de Cambridge VIII: Las revoluciones de América y Francia, 1763-93. Barcelona: Ramón Sopena, pp. 187-188

Humphreys, R.A. (1980), “Emancipación de la América Latina”. En Historia del Mundo Moderno de la Universidad de Cambridge IX: Guerra y Paz en tiempos de Revolución, 1793-1830. Barcelona, Ramón Sopena, pp. 423-424 y 434-435

Humphreys, R.A. (1980), “Los Estados de la América Latina”. En Historia del Mundo Moderno de la Universidad de Cambridge X: El cénit del Poder Europeo 1830/2-1870. Barcelona, Ramón Sopena, pp. 477, 484-486

Freedman, L. y Gamba, V (2012), Señales de Guerra. EL conflicto de las Islas Malvinas, 1982. Buenos Aires, Ed. El ateneo, pp. 23-28

Viene de Islas Malvinas vs Falkland Islands (I) – Historia de una isla

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