Otro aspecto que debemos abordar en este estudio sobre el fenómeno kamikaze es el de los daños materiales y morales infligidos a los Aliados

La Inspección de Bombardeo Estratégico (USSBS) describiría a los kamikaze como «efectivos y extremadamente prácticos dadas las circunstancias». Lo cierto de esta afirmación queda ilustrado por los resultados de las operaciones kamikazes, en contraposición con los ataques aéreos convencionales, en las Filipinas desde el 25 de octubre de 1944 al 31 de enero de 1945.

Las cifras indican que 22 navíos fueron hundidos y que otros 110 resultaron dañados por los ataques kamikaze, en comparación con los 12 hundidos y 25 dañados por los ataques aéreos convencionales. Las unidades hundidas por los ataques kamikaze incluían 2 portaaviones de escolta y 3 destructores, y las dañadas 5 acorazados, 8 portaaviones, 3 portaaviones ligeros, 12 portaaviones de escolta, 7 cruceros pesados, 7 cruceros ligeros y 27 destructores.

Estos datos, que proceden de la Historia Oficial de la Marina de Estados Unidos y de diversas fuentes japonesas no son del todo precisas, ya que con frecuencia difieren entre sí. No obstante, sirven para hacernos una idea de las eficiencias relativas entre los métodos operativos kamikaze y convencionales.

Lo que estas cifras no son capaces de mostrar es el efecto de las operaciones kamikazes en la moral de los Aliados. Desde el comienzo de los primeros ataques kamikaze, la estricta censura de los estados aliados se había asegurado que la opinión pública de sus respectivas naciones no supiesen nada de los ataque suicidas, (el control de las noticias no fue levantado hasta el 13 de abril de 1945), y las cifras oficiales de pérdidas estaban deliberadamente subestimadas. Sin embargo, no había manera de ocultar esta espectacular amenaza a causa de las tropas y marinería aliadas que servían en el teatro de guerra del Pacífico.

Entre 1944 y 1945 se produjo un incremento significativo de cuadros psicológico-neuróticos entre el personal de las aliadas desplegadas en este teatro. En el caso de la Marina norteamericana, que fue la que encajó el mayor daño de las operaciones kamikaze, la incidencia de casos de desarreglos mentales se incrementó de 9,5 por cada mil de la fuerza en 1941 a 14,2 por cada mil en 1944. El almirante King atribuía este incremento en un informe al Secretario de la Marina a «el mayor ritmo de la guerra moderna con sus terribles horrores desconocidos hasta el momento»; horrores que cabe suponer que se refieren a los ataques suicidas.

Durante la campaña de Okinawa, cuando las operaciones kamikaze alcanzaron su punto álgido, los comandantes de la Marina norteamericana se vieron obligados a abandonar la práctica habitual de advertir a las tripulaciones de la inminencia de ataques suicidas masivos, que era posible en parte gracias al descifrado de los códigos japoneses.

Según el corresponsal de guerra Hanson Baldwin, «la tensión de la espera, la anticipación del terror, patente por la experiencia pasada, lleva a algunos hombres a la histeria y la locura nerviosa». Por su parte, la Historia Oficial del Ejército norteamericano afirma que en Okinawa, «las bajas por causas ajenas al combate fueron numerosas, y un porcentaje alto se debieron a casos neuro-psiquiátricos o de «fatiga de combate». Y añadía, «La tasa de casos psiquiátricos fue probablemente más elevada en Okinawa que en cualquier operación previa de la Guerra del Pacífico».

Viene de Viento Divino – El fenómeno Kamikaze japonés (X). Opiniones aliadas y japonesas

  1. Dani says:

    La pregunta es: ¿Hicieron más ataques kamikazes o más convencionales? Porque habría que ver el esfuerzo puesto en cada tipo de ataque.
    Para 1945 era tal la flota aliada desplegada que ni esas bajas que al principio de la guerra hubieran sido notables, suponían ya algo decisivo.

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