A pesar de la terrible prueba que había supuesto recorrer 192 km en 75 horas, llegar a Atlanta solo significó, para los hombres del 2.º Batallón del 506.º Regimiento de paracaidistas, que se daba por terminada la primera fase de su instrucción y que empezaba una nueva, esta vez acantonados en Fort Benning, donde iban a quedarse desde aquel mes de diciembre hasta marzo de 1943.

Soldados del Estado Mayor del 2.º Batallón durante la marcha de Toccoa a Atlanta

Soldados del Estado Mayor del 2.º Batallón durante la marcha de Toccoa a Atlanta

A primera vista, el panorama no era mejor que en Camp Toccoa: su alojamiento será en incómodos barracones de madera, instalados sobre un terreno arenoso donde los pies parecen pesar más de lo que obligan las botas, pero todo tiene una recompensa. Para los que han superado las pruebas tendidas hasta entonces, va a empezar por fin el entrenamiento de saltos. En una época tan temprana, experimental podríamos decir, saltar en paracaídas no era una cuestión menor, por lo cual el proceso de formación constará de cuatro fases:

  • A: Preparación física.
  • B: Por la mañana, mantenimiento y plegado de los paracaídas (la vida de cada uno puede depender de ello), y por la tarde saltos, primero en un arenero lleno de serrín, donde deben aprender a caer rodando para evitar lesiones, y luego desde lo alto de una torre de diez metros, suspendidos por un arnés que simula las condiciones de llegada a tierra con el paracaídas.
El salto definitivo, desde los 500 m

El salto definitivo, desde los 500 m

  • C: Las cosas se calientan porque en esta fase los hombres pasan a saltar desde la “gran torre”, también suspendidos con un cable de seguridad, pero esta vez desde una altura de 80 m.
  • D: Finalmente, bautismo del aire, los hombres tienen que saltar desde un C-47 que vuela a 500 m de altitud.

Tras haber superado estas cuatro fases, los hombres recibirán por fin el diploma de paracaidista y, sobre todo, las alas que los van a identificar como tales ante todos los demás soldados. Ya forman parte de la élite.

Y el siempre difícil aterrizaje.

Y el siempre difícil aterrizaje.

Dicho esto, todavía estamos en enero, y aunque ya tienen sus “alas”, aún hay mucho que aprender, así que tras diez días de permiso, los paracaidistas van a entrar en una nueva fase de su programa de formación: el entrenamiento en combate urbano, en una instalación específica para ello. En cierto modo es un descanso, ya que parece que, en general, los hombres siempre encontrarán de lo más divertida y estimulante esta fase de su preparación. A finales marzo un nuevo campo de entrenamiento se perfila en el horizonte. Está a punto de comenzar la tercera parte de su entrenamiento.

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