Comentamos en la entrada anterior de esta serie, larga ya, dedicada al carro de combate Sherman –que junto al T-34 soviético fue, sin duda, uno de los protagonistas más numerosos de los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial–, cómo era, a grandes rasgos, el proceso de disparo de su cañón principal, y poníamos como ejemplo de blanco un tanque alemán Panther. Hoy, precisamente, vamos a dedicar la entrada sobre el Sherman a explicar cómo era el combate entre blindados desde este vehículo.

Llegados a este punto, la primera misión de la tripulación del carro era identificar al enemigo. Huelga decir que no era lo mismo enfrentarse a un PzKpfw que a un Tigre. Una vez identificado el adversario, los carristas, aunque sobre todo su jefe, debían de comparar, en apenas un instante, las ventajas y puntos débiles del enemigo con los propios. Esto puede parecer baladí, ya que sin duda todo el mundo sabía que la parte más vulnerable de un carro de combate era la trasera, pero era importante conocer el calibre y la capacidad de penetración del cañón del contrario y, por ejemplo, si se trataba de un cañón de asalto, carente de torreta y, en consecuencia, incapaz de defenderse sin girar por completo si era atacado por cualquier lado que no fuera el frontal.

Llegados a este punto, el jefe de carro tenía que intentar poner varias bazas a su favor: ocultar lo más posible el cuerpo de su vehículo, dejando tan solo la torreta despejada, de modo que ofreciera un blanco lo más reducido posible sin perder su capacidad de combate; también era buena idea atacar con el sol en la espalda, para que gracias al efecto de refracción el enemigo tardara más en detectarlo. En lo que a los efectos de la luz se refiere, bajo una luz brillante los objetos tienden a parecer más grandes, más cercanos, de modo que el tirador podía apuntar demasiado corto; y en penumbra sucedía exactamente lo contrario. Finalmente, también eran importantes las condiciones meteorológicas. La lluvia o la niebla, por ejemplo, inutilizaban el mayor alcance de los cañones enemigos.

Sin embargo, todo lo dicho anteriormente carece de importancia frente a un cálculo mental vital, que el jefe de carro debe de hacerse nada más haber identificado al enemigo. ¿Quién tiene más blindaje? ¿Qué cañón es más potente? En el caso del Sherman, para desgracia de sus tripulantes, la respuesta solía ser el otro, por lo que se imponían una serie de opciones tácticas diversas para responder a la situación. La primera era retroceder hacia una posición bien protegida, tratando de atraer el fuego del contrario mientras los demás carros de la sección maniobraban para atacarlo desde los flancos o por detrás. La segunda también consistía en buscar refugio, pero esta vez tras las piezas contracarro propias, atrayendo al adversario hacia un fuego cruzado del que no pudiera sobrevivir. Dado que las dos citadas son tácticas mayoritariamente defensivas, cuando había que desalojar un carro enemigo a cualquier precio, entonces se imponía la tercera opción: cargar contra él para minimizar lo más rápidamente posible la ventaja del contrario en alcance y potencia.

En el caso, más raro, en que el carro superior era el Sherman –sucedió, por ejemplo, en el desierto africano, sin olvidar el modelo Firefly con cañón de 76 mm–, entonces la táctica adoptada era acercarse con cautela (no fueran a aplicar contra uno los trucos descritos en el párrafo anterior) hasta poner al enemigo a tiro mientras él todavía no tenía capacidad de respuesta, y acabar con él.

Veamos, para terminar, un ejemplo de combate en el que el Sherman fue a protegerse tras una cortina contracarro propia. El testigo es Robert Hagerty, jefe de carro en el 712.º Batallón acorazado, y nos hallamos cerca de Oberwampach, Luxemburgo, a mediados de enero de 1945.

“Tan solo era un cruce con algunas construcciones agrícolas y algunas casas. Necesitábamos un puesto de mando avanzado. Habíamos llegado por una carretera paralela, y luego giramos a la derecha. Allí había un foso, interrumpido por los granjeros para hacer pasar sobre él una carreta de caballos. Habíamos podido echar un vistazo al pueblo y algunas construcciones estaban en llamas. A veces era nuestra propia infantería la que las incendiaba, para crear una luz potente que hiciera desistir a los alemanes de acercarse, ya que si lo hacían quedarían perfectamente iluminados y expuestos a nuestros disparos […] la carretera ascendía ligeramente, y por ella llegó un infante que nos dijo que venía un semioruga. ‘¿Un Half-Track? Que suerte. ¿Dónde está?’ Big Andy, mi conductor, sale del camino mientras Ted Duskin, mi tirador, gira la torreta para enfilar la carretera. Entonces, a través del humo de los incendios, he aquí nuestro alemán, que llega. No se trataba de un semioruga, sino de uno de sus grandes carros.

‘¡Dios mío! Esto va a ir muy mal…’ Ted disparó inmediatamente sobre aquel chisme inmenso que venía cruzando la bruma, y debió de darle en la torreta, porque hubo un montón de chispas. Estos carros alemanes estaban muy blindados por delante, y en realidad solo eran vulnerables por su parte trasera. Apenas un segundo después de que disparáramos, lo hizo el también. Una gran lengua de fuego salió de la boca de su cañón y fuimos alcanzados. El obús impactó en la parte baja, contra el chasis, e hizo un ruido infernal. Entonces, de repente, el Panzer empezó a retroceder en medio del humo. ¿Cómo puede ser que tuviéramos tanta suerte? Echamos un vistazo rápido, la suspensión de una de las ruedas de rodamiento estaba muy dañada, pero por suerte el proyectil había impactado muy bajo y había rebotado. Nos retiramos, marcha atrás, hasta la parte baja de la carretera, el alemán no nos siguió. Entonces nos pusimos a hablar del miedo que habíamos pasado. Antes de disparar, tenía la ventaja que le otorgaba su superior potencia de fuego, podía atravesar nuestro blindaje y nosotros no sin un cañón más potente.

Tras haber retrocedido más allá de la curva, hemos encontrado espacio para posicionarnos tras una pared de roca. Delante de nosotros pegado a la misma, había un Tank Destroyer. Estos blindados tenían menos blindaje, pero un cañón más poderoso, con el que podían destruir carros alemanes que para nosotros eran invulnerables. Nada más posicionarnos, corrí a decirle al jefe del otro vehículo lo que venía por la carretera y que podía hacer un buen disparo contra él. El alemán no sabía que el cazacarros estaba ahí. Lo primero que escuchamos fue el ruido de sus cadenas: clik, clik. Avanzaban muy tranquilos, nosotros hubiéramos querido hacer mucho ruido y salir corriendo, estaba llegando aquí abajo, guiado por un soldado que marchaba a pie. El tipo del Tank Destroyer disparó demasiado pronto y el proyectil pasó por delante del alemán, que dio marcha atrás hasta volver a lo alto de la colina.

 

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