En cierta ocasión, Adolf Hitler confesó: “En tierra soy un héroe, pero en el mar un cobarde”. Esta es la historia de la primera y última singladura del acorazado alemán Bismarck.

Acorazado Bismarck

Aunque el Führer se interesaba por los submarinos y acorazados y participaba en conversaciones técnicas, no tenía la menor idea de lo que era el poderío naval o de cómo conducir una guerra en el mar. En consecuencia, la armada del Tercer Reich, más que cualquier otra arma, era creación de sus oficiales.  El almirante Erich Raeder procuraba mantenerse distanciado de los nazis. A pesar de las presiones, conservó el saludo naval tradicional alemán.

Almirante Lütjens

En mayo de 1941, la armada había sido fundamental para la conquista de Noruega. Los buques corsarios alemanes hacían estragos en las rutas de navegación. Los submarinos alemanes estaban desbaratando las vitales líneas de aprovisionamiento británicas. En marzo, las pérdidas aliadas en el Atlántico ascendieron a 350.000 toneladas, y en abril, las pérdidas en todos los teatros alcanzaron 700.000 toneladas, un volumen que los aliados no podían sostener mucho tiempo. Para Raeder y sus estrategas, la guerra en el mar se acercaba a su clímax. Había llegado la hora de asestar un golpe decisivo.

El plan recibió el nombre en clave Rheinübung (Maniobras del Rin), y consistía en un ataque masivo a las rutas de navegación enemigas con la Flota de Alta Mar alemana. Los acorazados Scharnhorst y Gneisenau zarparían de Brest, en la costa del Atlántico, y operarían en el norte contra los convoyes que se aproximaban a las Islas Británicas. Entretanto, el nuevo acorazado Bismarck, de 50.129 toneladas, un andar de 32 nudos, cañones de 38 centímetros y gran blindaje, zarparía del Báltico, viraría a la altura de Islandia y caería al sur. Junto al Bismarck navegaría el crucero pesado Prinz Eugen, otro navío formidable de 18.000 toneladas y ocho cañones de 20 centímetros. Una flota de siete petroleros y dos buques de abastecimiento mantendría en el mar a ambos grupos, y los submarinos servirían como exploradores.

Crucero Prinz Eugen

Si la Royal Navy agrupaba sus acorazados para enfrentarse a una amenaza, los convoyes quedarían desprotegidos mientras los británicos buscaban a las unidades alemanas. Aún así, existían muchas posibilidades de que ambos grupos pudiesen deslizarse entre los buques mercantes y hacer estragos. Incluso, un desvío de la fuerza británica hacia el Atlántico Norte tendría beneficios, especialmente en el Mediterráneo, donde el Afrikakorps debía ser aprovisionado por mar y estaba a punto de empezar la invasión de Creta.

Sin embargo, pese a ser tan prometedor, Rheinübung empezó de manera poco propicia. Apenas ultimándose los preparativos, los astilleros de Brest informaron a Berlín que el Scharnhorst debía permanecer en dique seco hasta junio. Esto dejaba solo al Gneisenau como pinza sur. Mientras Raeder ponderaba la situación, también el Gneisenau quedó fuera de la operación. El 6 de abril, un solitario bombardero de la RAF sobrevoló Brest y, antes de ser derribado, torpedeó al buque alemán en su amarradero dejando al acorazado fuera de combate durante ocho meses. En consecuencia, solo quedaban el Bismarck y el Prinz Eugen para llevar a cabo el plan de Raeder.

Vista desde la popa del Bismarck

Éste y el almirante Lütjens, que iba a comandar la fuerza expedicionaria, consideraron la posibilidad de posponer la operación. Con un retraso hasta que el Scharnhorst, el Gneisenau y el nuevo acorazado Tirpitz, gemelo del Bismarck, estuvieran listos a mediados de julio, se podría lanzar Rheinübung desplegando una mayor fuerza. Pero finalmente, el almirante Raeder consideró que la operación debía empezar en la fecha prevista. El Bismarck actuaría como señuelo, alejando a los acorazados británicos de los convoyes, lo que permitiría al Prinz Eugen lanzarse como un lobo sobre los corderos.

“Estoy convencido”, dijo Lütjens a un colega, “de que en esta lucha desigual entre nosotros y la Royal Navy, tarde o temprano tendré que perder mi vida”. Aún así, a principios de mayo, Lütjens y sus oficiales subieron a bordo del Bismarck en el puerto de Gotenhafen. La salida tendría lugar en el período de luna nueva de finales de mes.

Al mando del Bismarck estaba el capitán Lindemann, de 45 años de edad y uno de los oficiales más prestigiosos de la armada. El capitán del Prinz Eugen, Helmuth Brinkmann, era compañero de clase de Lindemann en la academia naval de Mürwik y, como él, muy respetado. Las tripulaciones de ambos barcos tenían un promedio de 21 años de edad y con escasa experiencia de combate, pero preparados concienzudamente.

Los dos buques de guerra, que habían sido recientemente camuflados para confundir a los submarinos, con ondas blancas en la popa y la proa y franjas blancas y negras en ángulo a lo largo del casco y la superestructura, estaban listos para zarpar en la noche del 18 de mayo. Abandonando Gotenhafen por separado, se deslizaron a través del Kattegat, el estrecho corredor que separaba a la Dinamarca ocupada de la Suecia neutral, y encontrándose posteriormente en Arkona, pusieron rumbo al norte por la costa noruega.

Todo parecía en orden. No había ningún submarino británico patrullando la zona y los únicos aviones en el cielo eran relevos de formaciones de protección de la Luftwaffe. Sin embargo, los barcos ya habían sido avistados. Un crucero sueco los había identificado mientras transitaban por el Kattegat. La noticia fue inmediatamente transmitida al agregado naval británico en Estocolmo por los servicios de espionaje suecos. En unas horas, la noticia llegaba a Londres. La fuerza expedicionaria alemana también había sido avistada por observadores costeros de la resistencia noruega, que transmitieron igualmente el avistamiento a Londres.

Cuando la noticia llegó a oídos del almirante Sir John Tovey, comandante en Jefe de la Home Fleet, alojado en el King George V en Scapa Flow, ordenó de inmediato a los buques bajo su mando que se aprestaran para la acción. Desde sus fondeaderos, el crucero de batalla Hood, el portaaviones Victorious, el nuevo acorazado Prince of Wales, el propio King George V y un grupo de cruceros y destructores llamaron a los hombres que estaban en tierra y acumularon vapor.

En la mañana del 21 de mayo, el almirante Lütjens giró abruptamente y encaminó su fuerza expedicionaria por el fiordo que conducía al puerto noruego de Bergen. El cambio sorprendió a muchos de sus oficiales, pues Bergen estaba al alcance de los aviones de reconocimiento de la RAF basados en Escocia.

Se ordenó a la tripulación pintar el casco del Bismarck de gris, un camuflaje más eficaz en la calima de los mares del norte. El Prinz Eugen aprovechó la ocasión para llenar sus depósitos de combustible, pero el acorazado no lo hizo, cosa que también sorprendió a los oficiales de Lütjens. Sin embargo, había un buque cisterna alemán a apenas un día de distancia.

Esa tarde, mientras la tripulación del Bismarck seguía pintando, un Spitfire de reconocimiento fotográfico sobrevoló el barco a 7.600 metros de altitud, demasiado alto para ser visto u oído. El Bismarck y un crucero pesado se encontraban en aguas noruegas dispuestos para salir hacia el Atlántico. A medianoche, el Hood y el Prince of Wales zarpaban de Scapa Flow con destino a Islandia y el estrecho de Dinamarca.

Bismark avistado en los fiordos por un Spitfire

Hacía mal tiempo, con un viento intenso que traía nubarrones precisamente lo que esperaba Lütjens para zarpar. Incluso aunque los británicos lo hubieran detectado, sus aviones y barcos no podrían localizarlo en medio de la tormenta, Dejando a su escolta de destructores atrás, el Bismarck y el Prinz Eugen salieron del fiordo de Grimstad y se dirigieron al mar de Noruega.

Sigue en RHEINÜBUNG Y EL BISMARCK (II) – Duelo de Acorazados

  1. Alex says:

    Excelente artículo. Una pregunta: las ondas blancas y negras pintadas a popa y al costado cómo se supone que engañaban a los submarinos?.

    Gracias

  2. Hugo A Cañete says:

    Hola Alex, el objetivo que se perseguía era diseminar la figura o perfil del barco a la vista humana, de manera que dificultara enfocar la dimensión exacta del buque. Como todo, era una medida más de camuflaje, pero no infalible desde luego.

    saludos

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