Kurt Meyer comenzó la guerra al mando de un batallón de reconocimiento motorizado (motociletas – Kradschützen). Sus avances durante la campaña de Francia y los Balcanes son espectaculares. Hoy le vamos a ceder la palabra para que explique como se dispone a tomar una ciudad rusa con un golpe de mano, momento que aprovecha para reflexionar sobre cuales son las cualidades que debe tener un oficial para llevar a cabo por propia iniciativa una acción de este tipo

Nuestro progreso hacia el sur continuaba sin obstáculos. Mis hombres me sonreían cuando pasaba junto a ellos, también me traían comunicados de radio. Como perros viejos, por supuesto, se dieron cuenta de que no estábamos realizando tareas de reconocimiento, sabían que tramábamos uno de nuestros tejemanejes.

En los informes de la Wehrmacht las acciones de esa naturaleza eran denominadas golpes de mano, ahora bien, estos llamados golpes de mano estaban lejos de ser cosa de chicos impulsivos o de oficiales temerarios. ¡No!, el golpe de mano era, en la mayoría de los casos, una operación planeada con bastante antelación por un comandante responsable que tenía la visión operativa y que estaba absorto en la consecución de un gran éxito a través de una planificiación juiciosa, atrevida y audaz, y una actuación rápida.

Los prerequisitos de esta manera de hacer la guerra eran, aparte de las capacidades militares, unas cualidades humanas extraordinarias. El oficial al mando debe poseer una confianza absoluta en sus soldados, y debe ser, en el más estricto sentido de la palabra, el soldado líder de la unidad.

Un golpe de mano no podía ser ordenado por la superioridad. Los cuarteles generales y las planas mayores carecen de la capacidad de hacer juicios intuitivos y objetivos sobre el terreno. Los requisitos para dar un golpe de mano solamente se pueden gestar en la mente de un líder militar.

A menudo, una acción fulgurante parece la operación temeraria de un oficial particularmente favorecido por la suerte, pero la realidad es muy diferente. Un oficial de este tipo se pone a sí mismo en el lugar del oponente. Es consciente de los reveses y del sentimiento derrotista que afectan al enemigo. Sabe de la tensión física y mental en la que se haya su oponente; conoce bien sus fortalezas y sus debilidades.

No depende de los informes de inteligencia de las instancias superiores. Estos solo porporcionan un marco general para la operación que se planea, y nada más. Es el propio oficial el que se prepara su propia evaluación de la situación. De mil datos de información, él es capaz hacerse una composición del enemigo al que se enfrenta. Sabe interpretar el terreno operativo como si fuera un libro.

Instintos del subsconciente profundo emergen. Es capaz de ver y oler al enemigo. Las caras de los prisioneros le revelan más que páginas y páginas de información obtenida de interrogatorios. No se trata de un oficial superior, sino de alguien que lidera con el ejemplo. Su voluntad es la voluntad de sus tropas. Saca sus fuerzas de los granaderos que creen en él y que lo seguirán al infierno.

Las memorias de Meyer, Granaderos, han sido publicadas en español por Ediciones Salamina

Ediciones Salamina regala con el libro un mapa original del Heer de 1941 de 42×59 cm si se hace la compra en su Tienda Online (gastos de envío gratuitos)

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