Panzer Meyer cuenta en sus memorias «Granaderos», como en plena Barbarroja en el eje sur de avance en Ucrania, las tropas de su unidad, en el avance hacia Kiev, se tropezaron con tropas «rusas» que aparentemente no mostraban ganas de luchar. Dice lo siguiente:

Hasta el 7 de julio, rechazamos los ataques de los rusos una y otra vez al norte de Rowno. El enemigo estaba sufriendo fuertes pérdidas, las nuestras eran mínimas. A las 14.00 horas recibimos órdenes de asegurar el flanco de la 11.ª División Panzer y de reconocer hacia el noreste desde Miropol. Al mediodía de la jornada siguiente entablamos combate con poderosas fuerzas enemigas en las áreas boscosas situadas al norte de Romanov. La artillería enemiga hacía fuego de hostigamiento. A través de la actividad de las unidades de reconocimiento y de los desertores enemigos identificamos a un batallón motorizado con varios carros de combate y algunas baterías. Hacia la tarde perdimos un cañón antiaéreo de 20mm por un impacto directo. Los heridos de la dotación fueron evacuados.

Las divisiones panzer del III Cuerpo de Ejército habían profundizado su avance en la dirección de Zhitomir y Kiev, y la 25 División de Infantería (motorizada), que estaba encargada de la seguridad del sobre extendido flanco del cuerpo, estaba siendo atacada por fuertes contingentes enemigos al norte. La Rollbahn Nord, el cordón umbilical del cuerpo, estaba amenazada. Así que recibimos órdenes el 9 de julio de atacar al enemigo al norte de Romanov, avanzar hacia el norte a través de las áreas boscosas y establecer contacto con el 25 Batallón de Kradschützen en las inmediaciones de Sokolov.

Enfrentado a un exhaustivo bombardeo de artillería quería llevar a cabo un ataque motorizado con el propósito de avanzar de inmediato en las profundidades de las defensas rusas y aprovechar la sorpresa. La 1.ª Compañía (kradschützen) del 1.º Batallón de Reconocimiento de las SS se desplegó para el ataque detrás de una pequeña elevación. El jefe de compañía, mi viejo y leal camarada Gerd Bremer, repitió su orden de operaciones una vez más y se fue a su vehículo.

Había prohibido a la compañía atacar al enemigo o reducir la velocidad antes de llegar a la linde del bosque. Se suponía que debía marchar a toda velocidad a través de las líneas enemigas y dejar todo lo demás a las siguientes unidades del batallón. Los cañones de 88mm habían sido posicionados a cada lado de la carretera. Tenían la misión de abrir fuego tan ponto como la compañía se pusiera en marcha, efectuando fuego de cobertura frente a ella. Debían «impulsar» a la compañía hacia delante.

Exactamente a las 17.30 horas los cañones comenzaron a rugir y a aplastar el bosque desde ambos lados de la carretera. Los motores de las motocicletas aullaban; tanto éstas como las que llevaban sidecar con hombres en su interior parecían animales de presa. Agarrados fuertemente a sus máquinas, mis camaradas bajaron desde la elevación y corrieron hacia las detonaciones de los proyectiles y las ráfagas de las ametralladoras enemigas. En pocos segundos la compañía había llegado a la linde del bosque y había desaparecido. Peter apretó el acelerador y salió corriendo en busca de su compañía.

Granaderos, memorias de guerra de Kurt «Panzer» Meyer

El fuego de artillería estaba todavía dirigido a la linde del bosque. Ni un solo disparo de artillería fue hecho contra nosotros. Pequeños caballos desaliñados masticaban sus bridas. Los rusos en fuga escaparon hacia el norte por ambos lados de la carretera. Pero ¿qué sucedió entonces? La compañía se detuvo. Comenzó a luchar con los rusos en retirada y con bolsas aisladas de resistencia.

La compañía comenzó a avanzar como si fuera de infantería y perdió un tiempo precioso. ¡Esto no se debía de haber permitido! Debíamos llegar al cruce de carreteras que había unos kilómetros más al norte e impedir que los rusos efectuasen una retirada ordenada desde el bosque, a la izquierda de nuestra línea de avance. Los vehículos blindados y los cañones de asalto despejaron el camino para los kradschützen. En cuestión de minutos fueron capturados cañones, cabezas tractoras y camiones. La única cosa que no estaba permitida era detenerse –¡solo continuar y aprovecharnos de la confusión del enemigo!

Rusos agotados se aproximaron a nosotros, desarmados y gritando. Al principio no podía entender sus gritos, pero luego escuché: <¡Ukrainski! Ukrainski!>. Estaban alegres como niños y se abrazaban unos a otros una y otra vez. La guerra había terminado para ellos.

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