El U-47 estaba ahora a 3600 metros de su presa, en posición para un golpe definitivo. Los cuatro tubos de los torpedos de proa estaban apuntados a las siluetas de los dos barcos británicos, y Prien dio la orden de abrir fuego.

HMS Royal Oak

Se oyó el silbido de la presión de aire y el submarino retrocedió un poco por acción de la descarga. Los segundos transcurrieron lentamente mientras los torpedos cubrían la distancia que los separaba de su blanco. Tres minutos más tarde, un solitario torpedo estalló inofensivamente, contra la proa del Royal Oak o la cadena de su ancla. Decepcionado, Prien hizo dar la vuelta a su submarino y mientras lo hacía, disparó su torpedo de popa, que también falló el blanco.

La situación del U-47 es estaba volviendo precaria; seguramente toda la flota británica se hallaba ya alerta. El instinto de Prien lo llevó a correr en busca de seguridad, pero mientras aguardaba el contraataque, empezó a darse cuenta de que, sorprendentemente, nadie a bordo de ninguno de los barcos anclados a su alrededor sospechaba todavía de su presencia. Tanto el capitán del Royal Oak, W.G. Benn como el contralmirante Blagrowe, que también se hallaba a bordo, atribuyeron la explosión del torpedo a alguna causa interna.

Increíblemente, los británicos le habían concedido a Prien otra oportunidad, y esta vez se propuso aprovecharla al máximo. Mientras los miembros de su tripulación recargaban los tubos de los torpedos, dio fríamente la vuelta de nuevo a fin de situarse otra vez en posición bajo la relampagueante aurora boreal.

Por segunda vez, dio la orden de disparar. De nuevo los tripulantes del submarino aguardaron tensamente mientras los torpedos avanzaban hacia sus blancos. De pronto, todo ocurrió a la vez. Prien anotó: “Se produce una fuerte explosión, un rugido y un retumbar.  Luego brotan columnas de agua, seguidas por columnas de fuego, y multitud de fragmentos vuelan por los aires. El puerto cobra vida. Los destructores se iluminan, empiezan a sonar alarmas por todas partes, y en tierra firme, a 200 metros de distancia de mí, los coches rugen por las carreteras. Un acorazado ha sido hundido, un segundo ha resultado dañado, y los tres torpedos han provocado incendios”.

Sigue en Operación Especial P – Prien en Scapa Flow (IV)

Viene de Operación Especial P – Prien en Scapa Flow (II)

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