Para confirmar los peores temores del almirante Ciliax, el Scharnhorst fue súbitamente estremecido por una fuerte explosión. Sus motores se pararon, y, al cabo de unos instantes, el buque de guerra de 38.000 toneladas estaba quieto en el agua.

El Prinz Eugen pasa junto al Scharnhorst, detenido por la explosión de una mina

Una inspección de los ingenieros mostró que la mina había dañado el casco y las hélices. Temiendo que las reparaciones tomasen muchas horas, Ciliax ordenó que el destructor Z-29 se pusiese al lado. El almirante descendió del Scharnhorst a la cubierta del destructor, y el Z-29, ahora buque insignia de Ciliax, partió a toda velocidad para reunirse con la flota principal.

Los británicos seguían sin poder montar un ataque organizado. Un par de escuadrones de bombarderos ligeros Beaufort se dirigieron en busca de la escuadra, pero algunos no habían sido armados con torpedos, y otros no llegaron a reunirse con sus escolta de cazas. Finalmente, unos cuantos Beaufort localizaron el grupo principal de la escuadra alemana, pero no causaron ningún daño. Tampoco las bombas lanzadas por un escuadrón de bombarderos medianos Lockheed Hudson.

En el momento de estos infructuosos ataques, los ingenieros del Scharnhorst habían realizado una reparación temporal, y el gran acorazado se dirigía nuevamente hacia el norte. El resto del escuadrón de Ciliax, un poco disperso pero aún avanzando a toda máquina, había alcanzado la zona más abierta del canal, frente a las costas de Bélgica.

Tras ser reparado el Scharnhorst vuelve a navegar

Allí, la Royal Navy lanzó un último ataque desesperado con dos flotillas de destructores obsoletos con base en Harwich. Los seis destructores tenían al menos 20 años de edad y sólo se utilizaban para perseguir submarinos e intercambiar cañonazos con las lanchas torpederas alemanas. Apenas habían abandonado el estuario del Támesis cuando fueron atacados por dos escuadrones de bombarderos de la Luftwaffe. Poco después, fueron asaltados por error por bimotores Hampden del Mando de Bombarderos de la RAF. De milagro, ninguna de las bombas dio en el blanco.

HMS Campbell

A las 15:17, el destructor que iba en cabeza, el Campbell, recogió señales de los buques alemanes en el radar, a 15 km de distancia. El Campbell y dos de sus buques gemelos, el Vivacious y el Worcester, se aprestaron para atacar al Gneisenau, mientras los otros tres giraban para enfrentarse al Prinz Eugen. Los vigías y oficiales del control de tiro de las naves alemanas se sorprendieron al ver embarcaciones tan pequeñas desafiando a sus enormes cañones. Cuando los destructores británicos se situaron en paralelo para lanzar sus torpedos, el Gneisenau y sus escoltas empezaron a disparar.

Los navíos alemanes abren fuego

Los proyectiles empezaron a caer cerca del Campbell y el Vivacious, y pronto fue tocado el Worcester. Desde una distancia de apenas 2.700 metros, tres andanadas del Gneisenau alcanzaron al destructor, destruyendo una de sus cubiertas, derribando el puente de mando y reduciendo su sala de máquinas a chatarra. Entre tanto, los otros destructores desparecieron en un banco de niebla, evitando ser aniquilados. Otro ataque que no lograba infligir el más mínimo daño a la flota del almirante Ciliax.

Viene de   Operación Cerbero (III) – Los Ingleses atacan

Sigue en  Operación Cerbero (V) – El último corredor

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