Ediciones Salamina acaba de publicar su segundo cuaderno de Historia de la colección Cuadernos de Salamina, dedicado a los acontecimientos de Playa Omaha el 6 de juno de 1944.

Dos años de planificación y preparativos llevaron a los desembarcos aliados en Normandía el 6 de junio de 1944. Los estados mayores británico y norteamericano tuvieron que estudiar todo detalle previsible para una empresa que demandaría la mayor parte de los recursos militares de las dos potencias aliadas; una cantidad inmensa de barcos, aviones y provisiones fueron concentradas en las islas británicas en un esfuerzo que exigió un gran sacrificio a las industrias de guerra de ambos países. Antes del Día D, las fuerzas aéreas aliadas habían pasado varios meses efectuando operaciones de bombardeo que formaban una parte integral de la propia invasión.

Las primeras decisiones fueron estratégicas en el sentido más amplio, ya que la apertura de un frente en Europa occidental debía contemplarse en el contexto de los planes conjuntos aliados para las operaciones ofensivas contra Alemania y de la evolución de la guerra en la Unión Soviética y de la contienda contra Japón. La conferencia anglo-norteamericana celebrada en Washington en mayo de 1943 sentó las bases para esta fase de planeamiento estratégico. El primer ministro Winston Churchill y el presidente Roosevelt, con sus respectivos asesores militares, decidieron lanzar una ofensiva contra el Muro Atlántico de Hitler en 1944.

Tras sopesar todas las posibilidades, los planificadores aliados se decantaron finalmente por un tramo de 80 kilómetros de costa de Normandía occidental, comprendido entre el estuario del río Vire y el río Orne, como área de desembarco para asegurar una cabeza de playa. Esta área estaba cerca de los puertos apenas dañados del sur y suroeste de Inglaterra, y estaba en el radio de alcance de los aviones que operaban desde las bases inglesas; los grandes puertos franceses de Cherburgo y Le Havre se hallaban a distancia de ataque; y los ataques aéreos sobre vías ferroviarias y puentes fluviales podían aislar la región que había detrás del área de desembarco de los principales centros de aprovisionamiento y de refuerzos enemigos situados más al este. En comparación con el tramo de costa situado al noreste del río Sena (Pas-de-Calais), frente a la parte más estrecha del canal de la Mancha, Normandía occidental estaba un poco más alejada de las bases inglesas, pero, a cambio, no se hallaba tan poderosamente fortificada. Los líderes aliados acordaron que fuese este el campo de batalla de la invasión en la Conferencia de Quebec de agosto de 1943.

Fragmento del cuaderno

Los estados mayores de las fuerzas aéreas, terrestres y navales entraban entonces en la segunda fase de planificación de la mayor operación anfibia de la historia militar. Las dificultades tácticas a las que debían enfrentarse eran solo una parte del problema, que requería una completa coordinación y trabajo en equipo tanto entre las fuerzas militares de ambas naciones como entre las distintas armas de los dos ejércitos. La planificación incluía necesariamente la preparación de operaciones a lo largo de un extenso periodo de tiempo y tenía que abordar cuestiones que iban mucho más allá de la tarea inicial de asegurar las playas. En algunos aspectos, el factor crítico residía en la capacidad aliada de reforzar y aprovisionar el ataque lo suficientemente rápido como para poder hacer frente a los contraataques enemigos y prepararse para llevar a cabo una ofensiva aliada de mayor espectro más allá del área de desembarco. Las marinas aliadas y los servicios de abastecimiento tuvieron que resolver problemas logísticos de los que habría de depender la suerte de toda la empresa.

En esta fase de la planificación, los estados mayores trabajaban con un grado de detalle cada vez mayor en las principales directrices, coordinados bajo la tutela del Jefe del Estado Mayor del Mando Supremo Aliado, teniente general Sir Freerick E. Morgan. En su organización, los oficiales británicos y norteamericanos de todas las ramas de servicio trabajaron hombro con hombro para dar forma a esta empresa conjunta. El 21 de enero de 1944, el general Dwight D. Eisenhower, llamado desde el Teatro Norteafricano de Operaciones, tuvo su primera reunión con la sección de planificación del alto estado mayor aliado en Inglaterra. El 13 de febrero asumió el mando del Cuartel General Supremo de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas.

La planificación se acercaba a su etapa final. La fecha objetivo aproximada (Día Y) había sido fijada para el 31 de mayo, después de descartar la fecha anterior del 1 de mayo; la posposición se hizo con el fin de obtener una mayor cantidad de lanchas de desembarco y de dar más tiempo para que las operaciones aéreas preliminares produjesen los efectos deseados. Los estados mayores de los mandos superiores habían ultimado sus planes directores para febrero y los planes de los escalones inferiores estaban a punto de ser concluidos. Lo que quedaba pendiente era la difícil tarea de ajustar los últimos detalles, gracias a la cantidad ingente de información de inteligencia referente a las defensas enemigas y a la experiencia obtenida en los ejercicios de entrenamiento. Los planes finales de embarque, una de las facetas más complejas de toda la operación, estuvieron sujetos a cambios hasta unas fechas tan tardías como mayo debido a las incertidumbres relativas al número de barcos y lanchas disponibles.

Los Servicios de Abastecimiento, dirigidos por el teniente general John C.H. Lee, completaban su programa de concentración de provisiones para una operación que ha sido descrita como «un asalto de material, operado por el hombre». La planificación de esta faceta de la operación había comenzado en abril de 1942 e incluyó trabajos de acondicionamiento de instalaciones y almacenes, trabajo que fue interrumpido por la necesidad de reunir 50.000 toneladas de material para la invasión del norte de África en noviembre de 1942. Para junio de 1944, el número de tropas estadounidenses en Gran Bretaña se había elevado a 1,526.965 millones de soldados, la mitad de ellos llegados con posterioridad a 1943. La cantidad de provisiones prevista para la invasión era de dos millones y medio de toneladas. Además, se tuvieron que levantar 1.200 campamentos para tropas y 100 campos de reunión, donde se facilitaron 144.000 toneladas de provisiones para su preembarque.

Contenidos:

  1. Operación Neptuno
    2. Plan de ataque
    3. Día D – Los desembarcos
    4. Asalto a las escarpaduras
    5. Avance al interior
  2. Descarga de mapas a color

FICHA DEL CUADERNO:

Tamaño: 17×24 cm.
Nº de páginas: 116
Edición ilustrada con  fotos y mapas.
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788412192308
Año edición: 2020
Precio: 10€

Envío gratuito a domicilio en la tienda onlinde de Ediciones Salamina

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