Estamos a 24 de mayo de 1940. Tras haber roto el frente francés sobre el río Mosa y arrasado con toda la retaguardia hasta llegar a Abbeville, los Panzer han efectuado un giro hacia el norte de 180º y amenazan la retaguardia de los ejércitos aliados: belga, británico y francés, que se retiran por Flandes hacia las playas de Dunkerque.

No todos los soldados británicos consiguieron escapar, aquí podemos ver algunos prisioneros, pero aún así, fue un auténtico milagro.

El escenario está listo para convertir la campaña de Francia en una batalla de aniquilación que acabe completamente con las fuerzas armadas británicas (concentradas en la British Expeditionnary Force) y lo más granado de las francesas. Y repentinamente, Hitler dio orden de que sus divisiones acorazadas se detuvieran y dejaran pasar a los ejércitos aliados hacia las playas. Gracias a esta decisión, casi 340 000 soldados francobritánicos conseguirán cruzar el canal hasta Inglaterra, pues para cuando los blindados alemanes vuelvan a atacar ya tendrán delante un frente consolidado capaz de retrasar su avance hacia las playas.

¿Cómo es posible que se cometiera un error semejante? A lo largo de los años los historiadoras han planteado diversas soluciones para iluminar esta orden tan inexplicable: la afirmación de Göring de que la Luftwaffe iba a ser capaz de acabar ella sola con los aliados; el interés de Hitler por no humillar completamente a los británicos; las elevadas bajas esperables en una fuerza de élite, los Panzer, bastante mermada tras su cabalgata a través de Francia; el mal tiempo; el interés de Hitler por demostrar “quien manda aquí” a unos generales que habían ejecutado una campaña brillante… Todas ellas palidecen ante los documentos del MI6 recientemente desclasificados.

Se llamaba Ladislao Horsa, parece que era de origen húngaro, nacido en torno a 1890, y era vidente. O eso decía. Lo poco que se sabe de él es que ya desde muy joven había trabajado como aprendiz de mago en el imperio austro-húngaro, alcanzando cierta relevancia en los teatros de Viena y Budapest y llegando a actuar, un par de veces, ante el mismísimo Francisco José. Durante la Primera Guerra Mundial sirvió en el frente serbio, donde una historia, probablemente inventada por él mismo, lo lleva a perderse en los Balcanes y acaba en una misteriosa cueva en la que obtiene el poder de ver el futuro. O al menos así lo vendía en el Berlín de la primera mitad de los años 30, donde llamó la atención de un joven y ambicioso político llamado Adolf Hitler.

Los documentos desclasificados identifican a Horsa como un invitado habitual a las grandes concentraciones nazis, normalmente en la segunda fila, no lejos de Hitler.

El idilio entre ambos fue difícil. Horsa no siempre quiso “predecir” el futuro para el jefe del partido nazi, y a menudo sus predicciones eran mal vistas por otros gerifaltes del mismo, como Himmler o Göring, a quienes solía llevar la contraria, pero parece que, poco a poco, consiguió ganarse un lugar discreto en el entorno del Führer, e incluso se le ve aparecer en el fondo de algunas fotos públicas.

Pero volviendo al caso que nos ocupa, la gran predicción de Horsa fue la de que: “si los Panzer no se detienen, Alemania sufrirá un desastre”. Inmediatamente, Hitler dio la orden de parar la ofensiva contra Dunkerque y los aliados escaparon. Por lo que indica la documentación recientemente desclasificada, Horsa lo pagó muy caro, pues cayó en desgracia y acabaría en Mathausen, donde se pierde su pista. Lo que sí se sabe es que siempre alegó que él no se refería a la campaña de Francia, sino a todas las que siguieron. Tal vez no fue en aquel mes de mayo cuando había que pararlos, sino algo más de un año más tarde, antes de enviarlos al fondo de Rusia. El futuro siempre es nebuloso.

Única foto conocida de Ladislao Horsa

Pero la revelación fundamental de los documentos recién desclasificados es que en realidad el húngaro nunca fue un vidente, sino un agente británico que había sido infiltrado en el Ejército austro-húngaro primero y en la cúpula política alemana después, y que muchas de sus predicciones eran una cuidadosa dosis de verdad suministrada por Londres para mantener interesados a quienes creían en él. De ser así, Podríamos colocar a Horsa al nivel de “Garbo”, el español que engañó a Hitler sobre el lugar exacto del desembarco de Normandía, ya que gracias a él el Ejército británico escapó para luchar otro día, el Reino Unido no se rindió tras la desastrosa campaña de 1940 y, finalmente, Alemania perdió la Segunda Guerra Mundial.

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