Incluso hoy, más de 40 años después del comienzo del ataque alemán sobre la Unión Soviética, siguen quedando importantes operaciones militares de la campaña que precisan un estudio meticuloso y científico. Es el caso, por ejemplo, de las batallas libradas durante el primer trimestre de 1943.

Existen una gran cantidad de estudios publicados sobre el hundimiento del Sexto Ejército en Stalingrado. Por otro lado, la operación Zitadelle de julio de 1943, el fallido ataque alemán para apoderarse del llamado saliente de Kursk, ha sido estudiada por Ernst Klink en un volumen esencial publicado en 1966. Lo que se ha echado en falta hasta ahora ha sido un estudio que se ocupe de los acontecimientos militares ocurridos entre estos dos momentos decisivos, tanto desde el punto de vista militar como del político, y que esté basado en la documentación militar alemanas. Esos acontecimientos que hicieron posible que después de la ofensiva soviética de invierno, los alemanes planificasen y pudiesen llevar a cabo, una vez más, una operación ofensiva.

Resulta más que sorprendente el vacío existente en la literatura histórico militar sobre las batallas libradas para la estabilización del teatro sur del Frente del Este. No solo trajeron la última victoria alemana en la Unión Soviética, sino que, además, –en palabras de Erich von Manstein- fueron protagonistas de «tantas tensiones y crisis casi fatales, que hacen que esta campaña sea una de las más fascinantes de toda la Segunda Guerra Mundial». El presente estudio es un intento de arrojar luz sobre estos avatares, y no solo de los militares.

El título del libro define el marco espacial y temporal de estudio. El presente trabajo se ocupa del espacio dominado por el Grupo de Ejércitos del Don y por el Grupo de Ejércitos B, más tarde denominados Grupo de Ejércitos Sur, y abarca un lapso temporal de prácticamente dos meses, desde la retirada de algunas divisiones del Cáucaso a principios de febrero de 1943 hasta la conclusión de la batalla por Járkov a finales de marzo.

Los ataques soviéticos en las semanas previas contra alemanes, rumanos, italianos y húngaros, habían demostrado que la opinión, tantas veces expresada por Hitler a lo largo de 1942, de que la Unión Soviética se hallaba al final de sus fuerzas, no era más que un pensamiento ilusorio. En diciembre, el Estado Mayor de Operaciones de la Wehrmacht redactaba un memorándum sobre la situación estratégica en el que se admitía que «los soviéticos han repuesto personal y material en tal cantidad que habrá dificultades hasta para defender el frente en el Este, y esta coyuntura hace, además, imposible cumplir con los planes de renovación de las fuerzas alemanas».

El balance provisional que tuvo que hacer el alto mando alemán a finales de enero de 1943 fue catastrófico. En diez semanas habían sido destruidos cuatro ejércitos aliados, la lucha hasta el último hombre del Sexto Ejército estaba llegando a su fin y el Segundo Ejército había quedado muy tocado después de haber perdido la mayor parte de su equipo y armamento pesado. Del Grupo de Ejércitos B solo quedaban restos y los Grupos de Ejércitos A y del Don corrían peligro de quedar separados de sus respectivos escalones de retaguardia.

Hitler, enaltecido por la propaganda como «el mayor caudillo militar de todos los tiempos», quedó sensiblemente tocado por estas derrotas. Una vez más, no tenía idea sobre cómo podría controlarse la situación. El 21 de diciembre de 1942, el jefe del Departamento de Operaciones del Alto Mando de la Wehrmacht (OKW) se lamentaba en sus notas de que «no se ha vuelto a tomar ninguna decisión integral. Parece como si el Führer ya no fuera capaz». Desde la fecha en que se escribió esta acertada apreciación no había cambiado nada. En ausencia de pensamiento operativo alguno, intentó –en vano– arreglar la situación ordenando una y otra vez desde su cuartel general aguantar a cualquier precio. Hasta los comandantes en jefe de los grupos de ejércitos tenían que solicitar permiso para llevar a cabo la más mínima retirada de tropas.

El mariscal de campo von Manstein, que mandaba el ala sur, era un comandante con otros fundamentos. Proyectó una operación de gran envergadura que, aunque debía ceder terreno, habría de generar reservas con las que poder lanzar un contraataque que cerrase los huecos abiertos en la línea del frente. Las desavenencias surgidas de los choques entre Hitler y Manstein por sus diferentes puntos de vista y las disputas que tuvo que librar el mariscal con Hitler, apoyado por el general de infanteríaZeitzler, Jefe del Estado Mayor General del Ejército alemán, a fin de poder emprender sus prometedores planes, son, junto a la descripción del curso de los acontecimientos militares, parte fundamental de este estudio.

En consecuencia, la investigación se realizará a nivel del Alto Mando del Ejército (OKH), grupos de ejércitos y ejércitos y, basándose principalmente en las actas de los diarios de operaciones militares alemanes, intentará explicar los procesos de decisión internos y entre sí de estos niveles de mando. En términos generales, en las descripciones de los combates no se bajará del nivel de división.

El libro está dividido en dos partes principales: el periodo hasta el contraataque, durante el cual se crearon las condiciones para la estabilización del frente y que ocupa la misma extensión que el propio contraataque. Previa a la primera parte, que arranca en febrero de 1943, hay una introducción (Parte A I), que describe de forma sucinta la evolución de la situación hasta finales de enero, tan espantosa como fue para los alemanes.

El plato fuerte de la primera parte se ocupa de dos aspectos principales: la retirada del Grupo de Ejércitos del Don de la línea del río Donets a la del río Mius, deseada por el estado mayor de Manstein y solo autorizada por Hitler después de una larga disputa en los despachos, y la retirada de las pocas unidades del Grupo de Ejércitos B hacia el oeste a raíz del ataque soviético, que mermó tan profundamente la sensación de superioridad alemana después de la pérdida de Kursk y Járkov, dándole alas a los soviéticos.

Con la puesta en marcha por Manstein del «enroque» de las fuerzas de los Primer y Cuarto Ejércitos Panzer desde el ala sur al ala norte del Grupo de Ejércitos Sur, con la liberación de fuerzas móviles gracias a la retirada a la línea del río Mius y con la llegada, igualmente importante, de nuevas divisiones procedentes del oeste, a la vez que se lidiaba con el momento más crítico de la crisis, se sentaron las bases para el contragolpe.

La segunda parte del libro describe los combates de lo que las actas alemanas denominan la Batalla entre el Donets y el Dniéper, en la que el Grupo de Ejércitos Sur derrotó a fuerzas soviéticas cuyas vanguardias ya habían avanzado hasta llegar al Dniéper. Durante la batalla por Járkov que le siguió, la ciudad fue reconquistada y el frente alemán recuperó el espacio hasta el río Donets.

La descripción de la visita de Hitler al cuartel general del Grupo de Ejércitos Sur y las discusiones que mantuvo con Manstein acerca de cómo habría que conducir el contraataque ocupan un amplio espacio en el libro. Incluso después de la estabilización del frente hubo distintos pareceres acerca de cómo continuar las operaciones. Esta vez, Manstein no pudo hacer valer su punto de vista: quería continuar inmediatamente con el ataque en coordinación con el Grupo de Ejércitos Centro. La llegada del periodo del barro puso fin a dichos planes.

Se ha optado por no describir las operaciones de la 4.ª Flota Aérea del mariscal de campo von Richthofen porque, aunque los Fliegerkorps [cuerpos aéreos] apoyaron de forma incansable a las formaciones del Heer en la defensa y el ataque y dificultaron y hostigaron los movimientos de tropas y líneas de aprovisionamiento soviéticas, sus acciones no fueron decisivas en el plano general para el curso de la batalla.

Tríptico: Mapa del OKH del frente

A partir de febrero, los ejércitos aliados de Alemania dejaron de tener influencia sobre el desarrollo de las operaciones en el teatro sur del frente. Al Alto Mando alemán le quedó el gran problema de cómo repatriar los restos de las unidades que habían sido destruidas y que ya no iban a seguir combatiendo.

No es posible, en los límites de esta obra, detenerse a estudiar los aspectos militares, políticos y psicológicos de las retiradas de las fuerzas rumanas, italianas y húngaras. Existe, sin embargo, un estudio de Jürgen Förster, publicado en 1975, que analiza ampliamente los efectos de la aplastante derrota sufrida por los compañeros de alianza durante el invierno de 1942 – 1943, así como los intentos de Hitler por contrarrestar los primeros «movimientos de retirada» de los mismos. La estabilización final de marzo dio al traste, por el momento, con los intentos de poner fin a la política de alianzas.

FICHA DEL LIBRO:
Tamaño: 15×23 cm.
Nº de páginas: 406 con 16 mapas a color.
Incluye 16 páginas de fotos en blanco y negro.
Incluye 1 tríptico desplegable a todo color de mapas de situación del OKH de marzo de 1943.

Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788412192322
Año edición: octubre 2020

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