La misión de William Holohan, a quien nos referimos en la entrada anterior, no solo era evaluar a los movimientos partisanos –comunista y cristiano– de la región noroeste de Italia, acabar con las luchas entre ellos y ponerlos bajo las órdenes del Decimoquinto Grupo de Ejércitos para, finalmente, reiniciar los envíos de armas, interrumpidos un tiempo antes. También llevaban dinero, mucho dinero.

Partisanos italianos, en combate sobre la línea Gótica

Antes de partir, Holohan había recibido 2100 marengos de oro (moneda de oro estándar creada por la Unión Monetaria Latina de 1865, pesaba 6,45 gramos y las francesas tenían un valor facial de 20 francos) así como 16 000 dólares estadounidenses y 10 000 liras italianas. Ese dinero tenía como función financiar al Military Information Service of the Partisan Forces (SIMNI, Servicio de Información Militar de las Fuerzas Partisanas), dirigido por Aminta Magliari, “Giorgio”. Poco después de su llegada, Holohan gastó parte de los fondos para pagar los gastos de los hombres de Giorgio, pero la cantidad restante era incómoda de trasladar, kilos de monedas de oro, que el italiano se ofreció a vender a precio de mercado, tal vez en la cercana Suiza, para luego entregar la suma correspondiente, en billetes, al norteamericano. Sin embargo, al final parece que se llevó a cabo un extraño acuerdo en el que participaron Icardi, Giorgio y el propio Holohan, que también era católico, en virtud del cual se acordó entregar el oro a los curas católicos de la región del lago Orta para que compraran edificios y maquinaria de cara al final de la contienda.

En aquel momento, el equipo de Operación Chrysler, como había sido bautizada la misión, estaba instalado en una gran villa situada al sur de Lagna, en la orilla del lago. Allí vivían bajo la protección, o la vigilancia, de dos partisanos: Pupo (Gualtiero Tozzini) y Manin (Giuseppe Manini). Solo ellos dos, el guardés de la finca y el vicedirector del Seminario de San Guilio, un hombre llamado Don Carlo, conocían el paradero de los paracaidistas. Brigada Partisana Cristiana de Alfredo Di Dio no había tardado en ponerse a las órdenes de los ejércitos aliados, y se preparó un gran envío de armas y suministros para ella, pero por alguna razón la carga cayó en las manos de la 6.ª Brigada, “Nello”, y los cristianos tuvieron que negociar con sus competidores, consiguiendo tan solo un tercio de la mercancía.

Estos partisanos están armados con un Sturmgewehr 44 alemán (izquierda) y una Sten británica (centro), que probablemente fue parte de un envío aliado.

Esta situación obligó a Holohan a preguntarse cómo habían podido enterarse los comunistas de la llegada de armas y otros suministros, y decidió entrevistarse con Vincenzo Moscatelli, jefe de la guerrilla comunista, al que informó de que no habría más envíos hasta que sus hombres y él obedecieran las órdenes de los aliados, y dejarán de combatir contra los cristianos.

Tras esta reunión y debido al peligro que suponían las patrullas antialemanas de los partisanos en la zona en la que hallaban escondidos, Holohan decidió trasladar al equipo. La orden de traslado se dio el 7 de diciembre. Pupo y Manin fueron los encargados de cargar el equipo en un barco y trasladarlo hasta la orilla del lago. En algún momento del proceso, Pupo dijo haber escuchado un ruido un ruido de pasos cercanos y cuando preguntó quién había, alguien disparó una ráfaga en su dirección. Pupo volvió a la casa e informó a Giorgio de lo que sucedía, el cual fue a buscar al sargento Lo Dulce. Entonces, el equipo se dispersó con la intención de reunirse de nuevo más tarde. Parece que pudo haber un combate, no es seguro, pero lo cierto es que un tiempo después se encontró el cadáver del comandante Holohan flotando en el lago. Estaba metido en un saco de dormir con dos balas de 9 mm en la cabeza.

El grupo de Holohan, antes del desastre.

Donovan, el jefe de la OSS, ordenó a uno de los partisanos, de nombre Tullio Lussi (conocido como capitán Landi) que investigara, la respuesta de este fue de lo más sorprendente. El asesino solo podía ser uno de los hombres del equipo. Este dato se confirmó cuando la intercepción del tráfico de radio alemán dio a entender de la desaparición de un oficial, aunque nunca citaron el nombre de Holohan. Tras estos acontecimientos, el teniente Lo Dolce acabaría por sufrir un derrumbe nervioso y fue enviado a Suiza, mientras que el teniente Icardi se hizo con el mando de la misión.

Una investigación efectuada por la División de Investigación Criminal del Ejército estadounidense en la posguerra concluyó que desde hacía tiempo Icardi estaba más volcado en organizar negocios propios de cara a la posguerra sin que se enteraran sus superiores; y que la desaparición de Holohan había sido un movimiento político de los comunistas para librarse del control del norteamericano. No fue la última. En 1950 un investigador de la policía italiana entrevistó a Manin y a Pupo, que confesaron haber matado al comandante junto con Icardi y Lo Dolce por medio de una dosis de cianuro que vertieron en su sopa, para luego dispararle. Esta versión sería confirmada por el propio Lo Dolce, en Estados Unidos, un tiempo después.  

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