Quien estaba al mando de la 1º Sección de la batería, a la que pertenecía la pieza que había disparado hasta entonces, era el Teniente Fouletier, quien en el momento en que se le comunicó el extraño fenómeno empezó a buscar una explicación.

¿Qué datos tenía? Que los disparos habían ido cayendo cada vez más lejos del punto de impacto inicial, y que este alejamiento gradual no se debía solo a las correcciones de tiro, pues los últimos disparos se habían efectuado sin hacer cambios y el fenómeno había continuado. También sabía, y se acercó a donde estaba el suboficial jefe de la pieza para comprobarlo, que no se habían modificado los parámetros de los últimos disparos.

Pouet-Morand, el lugar donde estaban ubicadas las piezas de 280mm, en la actualidad.

Encontró la solución casi por casualidad, cuando estuvo a punto de quemarse la mano al moverla inadvertidamente hacia la culata del cañón para posarla encima. Tal vez la iluminación le vino con el gesto brusco que hizo al retirarla. Comprendió que las cargas de pólvora, que llevaban todo el invierno almacenadas en un refugio de montaña a más de 2.000 de altitud y bajo una temperatura que nunca subía de los 10º, estaban muy frías. Los primeros disparos se habían hecho en estas condiciones, pero cada disparo había calentado un poco más la culata del cañón, y al recargar a la espera de disparar de nuevo, las cargas de pólvora, a su vez, se habían ido calentando cada vez más; de modo que esta había sido cada vez más eficaz y había proyectado los obuses cada vez más lejos.

Fouletier comprendió que para solucionar el problema había dos opciones: la larga, que consistía en informar de su descubrimiento y esperar a que se rehicieran todos los cálculos balísticos pertinentes; y la corta, que fue la que implementó. Aprovechando que la munición del obús venía en dos piezas: proyectil y carga, ordenó a sus jefes de pieza que cargaran los primeros nada más efectuar cada disparo, pero que esperaran a la orden de disparar de nuevo para introducir la carga de pólvora en la recámara, de modo que no tuviera tiempo de calentarse.

Posición relativa de los lugares más importantes de la batalla.

Funcionó, y en el siguiente disparo de prueba el proyectil volvió a caer justo encima del blanco, así como los siguientes. Sin embargo, solucionado un problema, surgió otro, este sin remedio. Poco después de las 10:00 el cielo volvió a cubrirse, y el tiro se interrumpió.

El balance de la primera tanda de disparos había sido pobre, pues aunque los proyectiles habían caído sobre el fuerte italiano, ninguno de los observatorios: en el monte Janus, en el Fort de l´Olive o en el observatorio del Teniente Miguet en el collado del Infernet; habían informado de destrucción alguna en el fuerte italiano.

Cinco horas interminables se sucedieron hasta que, a las 15:00 empezó a despejarse el cielo de nuevo y a las 15:30 empezó de nuevo el concierto. En esta ocasión el Teniente Miguet decidió emplear las cuatro piezas de 280mm, haciéndolas disparar por turnos y modificando en lo necesario los tiros de cada una de ellas. <<Encima>> fue la palabra que informó a cada jefe de pieza de que lo habían conseguido.

Mientras, el Chaberton también dispara, pero no puede hacerlo contra sus torturadores ya que, situados detrás de la cresta que va del monte Janus al Infernet y protegidos por esta, son inalcanzables para los cañones -de tiro más directo-, del fuerte italiano.

La «mirilla» de observación del Teniente Miguet. Desde aquí dirigió el tiro de los obuses.

Va avanzando la tarde y el Teniente Fouletier, que ha ido alternando el ritmo de disparo de sus cañones según las condiciones atmosféricas (nubes, humedad y viento son variables que modifican constantemente los resultados del tiro), pasando de periodos de gran intensidad de fuego a tramos de diez y hasta quince minutos de silencio, aún no ha recibido noticia de ningún impacto efectivo. En más de una ocasión se ha preguntado ya si sus piezas serán capaces de dañar el Chaberton.  La respuesta llega poco después de las 17:30, cuando un obús impacta de lleno sobre la torreta número 6 del blanco, rompiendo la coraza y haciendo explotar las municiones almacenadas dentro. Una inmensa columna de humo y desechos se eleva durante alrededor de veinte segundos para atestiguar el impacto. En el frente, los soldados franceses que tienen la ocasión de verlo jalean con alegría.

¿Y en el fuerte?

(Seguirá continuando 😉 )

Sigue en LA DESTRUCCIÓN DEL FUERTE DE CHABERTON: LA FORTALEZA EN LAS NUBES (III)

Viene de LA DESTRUCCION DEL FUERTE DE CHABERTON: LA FORTALEZA EN LAS NUBES.

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