Mientras se producían los grandes movimientos operacionales de la operación Barbarroja, con sus enormes embolsamientos y batallas de aniquilación, en el Alto Mando de la Werhmacht tenía lugar un apasionado debate sobre las posibilidades de superviviencia de Stalin y del Ejército Rojo.

Hitler no reaccionaba con la informacón que le habían suministrado sobre la situación en el frente. El ritmo de la ofensiva alemana había disminuido de forma considerable y estaba casi detenida para finales de octubre. El pueblo alemán comenzaba a ser cada vez más escéptico respecto a las noticias que anunciaban la victoria, como indica Robert Citino. Sin embargo Hitler, borracho de victorias y eufórico por la enorme cantidad de prisioneros y botín, pensaba que la guerra se había ganado ya.

En una conversación con el ministro de exteriores italiano Ciano, mantenida el 25 de octubre de 1941, el líder alemán no pudo concretar nada respecto a la fecha en que sería conquistada Moscú, según reza el diario del primero. Solo fue capaz de decir con vaguedades que sería atacada desde todos los lados en pocas semanas. Hitler pensaba que Rusia estaba derrotada por razones militares, concernientes a tropas y material, pero también por cuestiones de organización, llegando a decirle al italiano, «este invierno Rusia sufrirá el mismo destino que Napoleón«.

Hitler estaba ya valorando nuevos objetivos más allá de Moscú, centrándose desde entonces en el Cáucaso e incluso en la India. Ya había dado por terminada la campaña rusa, pues ésta no podría recuperarse de las pérdidas sufridas. Es significativo que no incluyera el Cáucaso y la Cuenca del Donets entre los territorios productores de materias primas que todavía tenía Stalin a su disposición. Hasta la fecha la Werhmacht no los había conquistado.

Por ello descontaba en sus cálculos que pronto Rusia no podría disponer de más del 10% de su producción de crudo, desplomándose a cero otras materias como el molibdeno o el manganeso. Hitler se negó de plano a considerar otros cálculos alternativos confeccionados por sus asesores. Entre éstos había un informe clarificador con el que Keitel creyó que podría al menos poner en solfa los datos que le gustaban a Hitler. En este informe, el Departamento de Economía de Guerra y Armamentos llegaba a la conclusión de que el «Primer Protocolo» de 1 de octubre de 1941, firmado entre la Unión Soviética, Estados Unidos y Gran Bretaña, compensaría con creces la considerable caída de la producción de aviones y carros de combate en el seno de la Unión Soviética.

Las potencias occidentales acordaron entregar mensualmente 400 aviones, 500 carros de combate y una gran cantidad de camiones, además de materias primas, equipo y armamento hasta el 30 de junio de 1942. Estas entregas, hechas principalmente por Estados Unidos y pagadas por Gran Bretaña, cubrirían la mayor parte de las necesidades soviéticas. Entre el mes de octubre de 1941  y mayo de 1942 las potencias occidentales entregaron 4.700 aviones, 2.600 carros de combate, 600 cañones antiaéreos ligeros, 400 pesados y unos 600 cañones contracarro.

Aún más, el informe concluía afirmando que, «no hay problemas de transporte que pudieran poner en peligro el programa de ayuda a la Unicón Soviétia. La capacidad de los puertos actualmente considerados para la recepción del material y la red feroviaria disponible en el interior de Rusia pueden asumir cualquier cantidad de equipo, materias primas y provisiones, que serán vitales para el esfuerzo de guerra. De esta forma, el que el programa pudiera ser completado no era una cuestión de transporte sino de la capacidad o el deseo de los aliados de ponerlo en los puertos soviéticos«.

Hitler, subestimando la eficiencia económica de las potencias occidentales pensaba que este informe estaba totalmente equivocado. En su opinión, la Unión Soviética «había perdido tanto material que les llevaría a las democracias cinco años reemplazarlo, en cuyo caso no les quedaría nada para ellas mismas«. Pensaba también que la elección norteamericana del puerto de Arcángel, con su reducida capacidad de descarga, era la prueba de que Estados Unidos no quería cumplir en realidad con el programa de entregas.

En cualquier caso, Hitler argumentaba que en caso de que el material fuera finalmente cargado en los trenes tampoco supondría un problema, ya que la línea ferroviaria proveniente de Arcángel sería tomada e interrumpida en pocas semanas. Y aunque esto fue así durante el resto de 1941 y en enero y febrero de 1942, el material recibido hasta el verano fue capaz de reequipar al ejército soviético y compensar todas las pérdidas sufridas hasta entonces.

No será este el único informe de advertencia. Para el comienzo de la Operación Tifón presentaron a Hitler otro estudio revelador que analizaremos en la próxima entrada.

Sigue en Hitler y la subestimación de los recursos de guerra rusos a finales de 1941 (II)

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