Al comienzo de la Operación Tifón el Deparamento de Economía de Guerra y Armamentos envió a Hitler y a sus consejeros militares un nuevo informe (Voraussichtliche Entiwicklung der wehrwirtschaftlichen Lage Russlands mit Fortschereiten der Operation nach Osten) en el que evaluaba los progresos de la economía de guerra rusa a medida que iba progresando la guerra.

Sobre la base de cuatro posibles establecimientos del frente se sacaban conclusiones en relación a las consecuencias que estos distintos frentes producirían en la producción de armamentos. En los cuatro casos los argumentos se basaban en la pérdida por parte de Rusia de fuentes de materias primas y de zonas industriales que ya habían sido, o habrían de ser, capturadas y a la conquista de Jarkov, Kursk, Tula y Moscú.

En el Caso A, que perseguía la conquista de todos los territorios hasta Crimea-Dnieper-Jarkov-Tula-Leningrado y la línea Kandalaksha, el informe llegaba a la siguiente conclusión: «La pérdida de dos tercios de la producción de hierro y aluminio descarta un incremento de la capacidad de producción restante y probablemente impedirá que pueda alcanzar la plena capacidad. El material que se le está entregando a la Werhmacht no puede ser mantenido al nivel del comienzo de la guerra. Solo el equipo más urgentemente requerido para la defensa en la próxima primavera podrá ser suministrado. Con las operaciones suspendidas durante el invierno, no habremos sido capaces de provocar un debilitamiento decisivo de la economía de guerra rusa».

Aun cuando el Grupo de Ejércitos Centro estaba atacando en dirección a Moscú, el estudio dejaba claro que la captura de la capital rusa no provocaría de ningún modo el imperativo colapso económico de la USSR, pudiendo ésta continuar con la producción de armamentos. Hitler, y también Jodl, seguían siendo escépticos  con estos argumentos, y éste último llegó a dibujar un gran signo de interrogación junto al párrafo anterior y escribió al margen: Aha!

En el Caso B, que además de las pérdidas establecidas en el Caso A preveía la conquista de Maikop y de la Cuenca del Donets-Rostov, la Unión Soviética se hubiera visto privada del 61% de su producción de carbón. Para este caso el estudio llegaba a la conclusión de que «la producción industrial  caería más de un 50% en casi todos los sectores. De esta forma la economía de guerra rusa se debilitaría hasta tal punto que para el verano de 1942 sería incapaz de proveerse a sí misma de los armamentos necsarios para el comienzo de una nueva lucha al oeste de los Urales«.

En el Caso C, que además de lo anterior inlcuía la pérdida de la zona industrial de Gor’kiy (y con ello la casi completa desaparición de la producción de camiones y coches), no suponía en términos generales un deterioro de la economía de guerra superior a la del Caso B. La pérdida de más territorios soviéticos hasta el Volga, que se contemplaba en el Caso D, llevaría un «considerable debilitamiento de la economía de guerra, que no tendría que llevar necesariamente a un cierre total, pudiendo esperarse éste solo una vez que hubieran sido cerradas las áreas industriales de los Urales«.

Este análisis prueba que Hitler estaba equivoado al pensar que capturando la Rusia europea podría precipitar el colapso de su economía Aun así, debe tenerse en cuenta que los argumentos incluidos en el informe a comienzos de octubre seguían siendo demasiado negativos respecto de la situación rusa, al no tener en cuenta la posibilidad ya anticipada en un informe anterior de que se produjeran entregas de material por parte de las potencias anglosajonas.

Para finales de octubre Goering concluyó, tras presentar una detallada declaración sobre ambos estudios [el visto aquí y el de la entrada del día anterior], que «en general, los juicios presentados son demasiado favorables a los rusos. La captura de la Cuenca del Donets tendría, por ejemplo, consecuencias decisivas para la industria en los Urales… […] …que se debe poner más enfasis en los colosales problemas de transporte, de manera que las estimaciones de producción para el área oriental de la Rusia europea y de Sibera se verían disminuidos«.

Parece patente que Goering reconocía el éxito de la evacuación rusa de equipamientos industriales, pero pensaba que era imposible reconstruir las fábricas que habían sido trasladadas al este. Pensaba que el gran problema residía en su transporte, que según él era de tal calibre que los soviéticos nunca lograrían solventarlo.

Antes de que se hubiera materializado el Caso A y de que el Grupo de Ejércitos Centro hubiera tenido que detenerse ante la línea defensiva Mozhaisk debido a los serios problemas de suministro, Hitler seguía pensando que en lo concerniente a los armamentos Rusia estaba derrotada, y que no solo se había ganado la camapaña en el este sino que además «en términos generales había sido decisiva«.

Hitler escribió a Mussolini que no se consideraba un profeta cuando afirmaba que cualesquiera que fueran las medidas que tomara Stalin, el régimen bolchevique estaba derrotado. Estas afirmaciones no deben ser contempladas como una mera «autoadulación» frente al Ducce y a Ciano, sino como una prueba de lo que verdaderamente pensaba el Fuhrer. Algo que se puede constatar también por su plan de retirar una parte sustancial de la Luftflotte 2, que estaba apoyando al Grupo de Ejércitos Centro, para trasladarla al Mediterráneo.

Hitler no supo ver la seriedad de la situación real en el frente oriental a finales de octubre y todavía soñaba con la explotación de los recursos de Ucrania. A pesar de los dos informes negativos respecto a la situación, ¿cómo es posible que Hitler continuara con su optimista y errónea visión de los acontecimientos, que además lo llevó a ordenar objetivos más amplios y a insistir en que se cumplieran pese a que las tropas trataban de hacer ver una situación muy diferente y la imposibilidad de llevar a efecto semejantes planes?

Hitler y sus consejeros estaban convencidos de que el Ejército Rojo se encontraba en una situación infinitamente peor que las tropas alemanas, que a pesar de las dificultades a las que se enfrentaban, podrían llegar a Moscú y continuar las operaciones más allá de la capital. Pocas semanas después las tropas alemanas comenzaron a pasar frío.

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