Las visitas del capitán Ranneft al edificio de la Marina estadounidense en Washington y los mapas de situación que vio con supuesas flotas de portaaviones en el Pacífico norte son otro de esos cabos sueltos en todo el misterio que rodeó al ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 que abordamos recientemnete en el Histocast 159

Con la inminencia de la guerra los servicios de inteligencia aliados presentes en el Pacífico comenzaron a establecer lazos informales de cooperación entre ellos. Los holandeses libres de las Indias Orientales, que mantenían la administración de las colonias del lado aliado después de que los alemanes conquistasen la metrópoli en 1940, establecieron una administración y un gobierno en el exilio en Londres. El personal disponible, tanto funcionarial como político y militar fue asignado de inmediato a cometidos de coordinación con las instituciones aliadas de cara al esfuerzo de guerra. Uno de esos oficiales holandeses de enlace era el capitán de navío Johann Ranneft, agregado naval en Washington.

Su principal misión en la capital estadounidense era vender cañones antiaéreos Bofors de 40 mm a la Marina norteamericana. Aunque eso enfureciera al propietario de la patente (Bofors AG) que estaba en la Suecia neutral, eran una vía de ingresos para el gobierno en el exilio a través de las fábricas de la compañía la holandesa Signaal, que tenía licencia para ello. La Marina estadounidense se mostró encantada con los cañones y tras establecer una estrecha relación con los mandos norteamericanos, se le dieron todas esas facilidades que un agregado diplomático busca y que casi nunca obtiene.

Eso le permitió acceder a mucha más información de la que un extranjero en sus mismas circunstancias hubiese tenido ocasión de ver en otros tiempos. Lo que ha llevado a conocer esta historia es que Ranneft llevaba un diario oficial en el que anotó una serie de visitas y cuyo contenido es del mayor interés. El 6 de diciembre de 1941, el capitán Ranneft llamó a la Oficina de Inteligencia Naval, que se hallaba en la Segunda Cubierta (segunda planta) del edificio del Cuartel General de la Marina. Al otro lado del auricular pudo discernir claramente, siempre según él, que se estaba produciendo una acalorada discusión sobre la localización de una flota combinada de portaaviones japonesa.

Ranneft, que era consciente de que las Indias Orientales Holandesas eran un objetivo probable de los japoneses y que habitualmente compartía inteligencia con sus contrapartes norteamericanas, trató de pegar la oreja. Resultaba que varios días antes, durante una visita rutinaria a la Segunda Cubierta, dos oficiales subalternos de la Oficina de Inteligencia Naval le habían enseñado a Ranneft el rumbo que seguía una fuerza de portaaviones japonesa en el Pacífico norte . Para su sorpresa, el mapa no la mostraba al sur del archipiélago de Japón, como cabía esperar, sino al este y con rumbo a Alaska y las islas Aleutianas.

Días más tarde, Ranneft fue a visitar al almirante Wilkinson, jefe de la Inteligencia Naval US y le preguntó qué había sido de aquellos portaaviones y donde estaban. Alguien, que Ranneft no recuerda, apuntó una posición en el mapa a unos 640 kilómetros al norte de las islas Hawai. Ranneft quedó asombrado y el 6 de diciembre escribió en su diario, «parece que en Honolulu está todo el mundo 100% alerta, del mismo modo que lo está la ONI». Ese mismo día informó al gobierno holandés en el exilio en Londres.

En ninguna de las investigaciones sobre lo sucedido en Pearl Harbor fue llamado Ranneft a dar testimonio ni se empleó el contenido de su diario. La ONI negó rotundamente que hubiese tenido conocimiento en ningún momento de la ubicación de los portaaviones japoneses. Y, por supuesto, no queda registro documental de que el almirante Kimmel fuese informado en Hawai por la ONI sobre la presencia de una fuerza de portaaviones japonesa a 640 kilómetros de la base de la Flota del Pacífico.

Lo que hace esta historia más trágica aún es que Kimmel, un prestigioso almirante de dos estrellas que había sido promocionado poco antes, y de modo provisional, a almirante de cuatro estrellas (un salto notable), discutió en realidad la localización de una supuesta flota de portaaviones japoneses con su estado mayor el 2 de diciembre.

Tras ser informado de que la inteligencia naval de la flota basada en Hawai desconocía la posible ubicación de dichos portaaviones, Kimmel observó secamente, «¿así que podrían estar rodeando Diamond Head [la entrada a Pearl Harbor] en cualquier momento? Según consta en las actas conservadas, un miembro de su estado mayor respondió que esperaban poder localizarlos antes de que eso sucediese». Con la perspectiva del tiemo y en las circunstancias que todos conocemos resulta cuanto menos sorprendente.

Años más tarde, en 1960, el entonces retirado almirante Ranneft trató de plantear el asunto al almirante Stark (el oficial de más graduación en Washington en 1941) durante un congreso de la OTAN celebrado en Washington. Cuando Stark supo el motivo por el que Ranneft quería verlo canceló la cita y se negó a recibir al oficial holandés. Nunca se dio una explicación de los motivos de dicha cancelación. ¿Era un cabo suelto que no convenía recordar? Escucha el programa completo aquí:

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  1. Ángel Palos says:

    Evidentemente sabían más de lo que han hecho creer…la industria del cine ha ayudado mucho pero la verdad siempre sale a la luz.
    Enhorabuena por el programa y los post
    Un saludo

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