X.- El Asalto: la noche del 12 al 13 de octubre.

Entre las 23:00 y las 24:00 del 12 de octubre una fuerza “ad hoc”, compuesta por alrededor de 660 voluntarios, se lanzó, en tres oleadas, al asalto del puerto de Liinakhamari. La artillería de costa alemana sita en el Cabo Krestoviy no intervino y la segunda misión encomendada al destacamento Barchenko-Emelianov quedó así cumplida. Los artilleros alemanes se habían enfrentado a sus  propios problemas y, o bien debido a la destrucción de sus piezas, o bien gracias a la presión de los comandos, no habían sido capaces de actuar contra los atacantes, al otro lado de la bahía.

Tropas alemanas circulando por el pelado paisaje ártico, escoltan a una columna de prisioneros soviéticos.

También durante esa noche, el Kapitan Barchenko-Emelianov recibió refuerzos: una compañía de infantería naval del 63er batallón, el mismo que había desembarcado en la bahía de Malaia Volokavaia en la noche del 9 al 10; y una sección de las tropas enviadas a asaltar Liinakhamari, cuya torpedera había quedado fuera de combate en la bahía y que había tenido que vadear hasta la orilla más cercana.

Sin embargo el líder de los asaltantes decidió no emplear estas fuerzas para lanzar un nuevo asalto contra la posición de los cañones, sino que, con toda seguridad más sabiamente, seleccionó a uno de los oficiales alemanes que habían caído en sus manos y lo envió a la batería para que obtuviera la rendición de los defensores. Tal vez el oficial si estaba al tanto de la llegada de los refuerzos, o tal vez fuera muy convincente, porque lo cierto es que poco antes del amanecer los 78 oficiales y soldados que guarnecían la posición de la batería, se rindieron.

 

XI.- El asalto al Cabo Krestoviy, conclusiones.

Sin duda esta no fue la única acción de este tipo ejecutada por los soviéticos durante la guerra. Sin dura ni siquiera fue la más importante, pero fue un buen ejemplo de todas ellas, y hay varias cuestiones reveladoras que puede merecer la pena comentar.

 

Tropas soviéticas desembarcando en la costa. Muchas de las operaciones anfibias que ejecutaron se parecieron a esto.

 

En primer lugar, la fusión de las dos unidades 30 días antes del asalto fue un acontecimiento poco ordinario que, sin embargo, revela no solo la capacidad de planificación, sino también la capacidad de improvisación y la flexibilidad que para entonces había adquirido el pensamiento militar soviético. Abundando en esta línea, es interesante señalar que la elección de un terreno similar a aquel en el que se llevaría a cabo el asalto como campo de entrenamiento también es reveladora del cuidado con que tanto la flota como el ejército soviéticos estaban planificando sus operaciones; estamos muy lejos de los asaltos furiosos, a doble o nada, apenas sin preparar, de los primeros meses de la guerra.

Además, el desembarco de la fuerza en un punto relativamente alejado de su destino, aprovechando otra operación de mayor tamaño como cobertura; el traslado de la fuerza por tierra, atreviéndose a cruzar un terreno muy difícil para llegar hasta el cabo Krestoviy; y el concepto mismo de la operación, destinado a destruir una amenaza potencial mientras se distraía la atención de los defensores del auténtico objetivo; fueron una prueba importante de la capacidad para pensar complejamente que los estados mayores soviéticos habían adquirido durante más de tres años de guerra.

 

Otra vista del Cabo Krestoviy y de la bahía. Petsamo quedaría al fondo, y Liinakhamari en la ensenada en el borde derecho de la foto.

XII.- Epílogo.

Estos combates significaron, prácticamente, la última acción de guerra de los hombres de la fuerza de Barchanko-Emelianov. Los únicos que volvieron a embarcar con destino a una tierra teóricamente enemiga fueron los hombres del Destacamento de Reconocimiento de la Flota del Norte, que fueron enviados hacia Vardo, en la península de Varanger, el 30 de octubre. La unidad desembarcó a 20 km al sur de la localidad, pero en su camino hacia ella solo encontró civiles contentos de recibirlos; los alemanes ya habían abandonado el lugar, destruyendo el puerto y su equipamiento, y abandonando los depósitos de comida, material y armas pequeñas que tenían en la ciudad.

Los hombres de Leonov se lo entregaron todo a los noruegos, y se sentaron a esperar el relevo.

Viene de El Asalto al Cabo Krestoviy; Misión de comando de la infantería naval soviética (VII)

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