Son las 16.20 del 26 de diciembre, hace 72 años de aquel invierno en que los defensores de Bastogne aguantaban desesperadamente el perímetro en que estaban cercados por las tropas alemanas durante la batalla de las Ardenas. “Nuts!” había dicho el general McAuliffe, su jefe, el 22 de diciembre, y la situación derivó en una serie de enconados combates, tanto por la necesidad germana de hacerse con el cruce como por la resistencia estadounidense, cuyos suministros habían llegado a estar en una situación crítica hasta que la fuerza aérea pudo empezar a trasladar lo necesario hasta los asediados defensores, un beneficio que podía cambiar en el momento en que el mal tiempo volviera a enseñorearse de la región. Había que romper el perímetro.

Un carro destruido durante las operaciones en las Ardenas

La ofensiva de Patton, comenzada a las 6.00 horas del día 22 de diciembre, no había avanzado mucho a pesar de los constantes ataques, bloqueada al sur de Bastogne por tres regimientos de Fallschirmjäger alemanes formados por un durísimo núcleo de veteranos, hombres que habían combatido en los peores escenarios y que conocían a la perfección el mejor modo de tender emboscadas a sus enemigos aprovechando cada casa, cada muro, cada ametralladora y cada pieza contracarro para convertir una calle, un prado o una loma en un matadero infernal.

El 25 de diciembre la unidad más cercana a Bastogne era el Combat Command R de la 4.ª División acorazada estadounidense. Hombres de hierro, habían combatido valientemente en el flanco derecho de la división cuando se les ordenó abandonar las posiciones conquistadas en el sector de Bigonville y volver hacia el oeste. Primero hubo que salir del campo de batalla, maniobra difícil cuando los soldados están recibiendo fuego y los carros están a cubierto de los cañones enemigos, luego la unidad marchó por la carretera que va a Bercheux, sobre la que se detuvo para reabastecer los blindados de combustible y munición, y luego siguieron atacando: Vaux-les-Rosieres, donde sin duda el puñado de ingenieros alemanes que tuvo que salir corriendo para dispersarse por los bosques no se esperaba lo que se le vino encima; un puente volado cerca de Cobreville, donde hubo que demoler un muro de piedra para crear un vado; y luego Remonville donde en esta ocasión fueron los alemanes los que llevaron la peor parte. El 3.er Batallón del 14.º Regimiento de Fallschirmjäger recibió el impacto repentino de cuatro baterías de artillería, y mientras los germanos se cubrían, la infantería mecanizada atacó, se hizo con la localidad y capturó 327 prisioneros. Era una magnífica forma de terminar el día de Navidad. Militarmente hablando, por supuesto.

Primero en Bastogne, el carro cuya llegada señaló el fin del cerco.

Aquella noche, el coronel Wendell Blanchard, jefe del Combat Command, decidió que ascendería hacia Bastogne, que ya se había convertido en el objetivo de toda la división y de todo el Tercer Ejército, por Remichampagne y Sibret. El primer objetivo fue un asunto relativamente fácil: un violento bombardeo a cargo de los P-47 y los defensores quedaron lo suficientemente vapuleados como para retirarse cuando vieron llegarlos carros de combate. Sibret, por otro lado, parecía plantear un desafío más importante, pues se hallaba en el cinturón defensivo-ofensivo en torno a Bastogne, y el reconocimiento había descubierto gran cantidad de tropas germanas en y en torno a la localidad.

Eran las 15.00 horas cuando, junto a la carretera, se reunieron Creighton Abrams, al mando de los blindados de la agrupación, y George Jaques, jefe de la infantería mecanizada, y acordaron que dados los efectivos que les quedaban, en vez de tomar la muy defendida Sibret, que había sido singularizada como uno de los objetivos clave a conquistar para poder abrir un pasillo hasta Bastogne, era mejor embestir directamente hacia el perímetro de la 101.ª División.

La calle principal de Bastogne, tras la batalla.

Así se hizo. Primero, todos los cañones de la división fueron apuntados hacia Assenois, etapa fundamental sobre la carretera; y eran las 16.20 horas, el momento que señalábamos al principio, cuando se inició un ataque ToT, siglas de Time on Target, maniobra en la que se calcula el fuego de cada batería para que vayan disparando en diferentes momentos, primero las más alejadas del blanco y luego las más cercanas, de modo que todos los proyectiles lleguen sobre el blanco exactamente en el mismo momento.

Los carros de Boggess, entre la nieve.

Luego se pusieron en marcha los vehículos de la agrupación del capitán William Dwight: la Compañía C del 37.º Batallón de carros de combate del teniente Charles Boggess y la Compañía C del 53.er Batallón de infantería mecanizada. Los ocho cañones contracarro en torno a los que los alemanes habían articulado su defesa de Assenois habían sido destruidos por el bombardeo y en tan solo media hora los estadounidenses habían llegado a su destino, aunque no sin vicisitudes. Dos carros de combate se equivocaron de giro en sendos cruces y se perdieron, y un tercero fue destruido por la artillería propia pero los demás hicieron contacto con los asediados de Bastogne, mientras la infantería mecanizada acababa con los últimos reductos germanos en Assenois.

  1. Dani says:

    Juraría que el primer carro es en realidad un cazcarros, me da la impresión de que la torre es abierta, o quizás es un efecto óptico.

    • Piquero Acorazado says:

      ¿A cual te refieres? Al First in Bastogne?
      Si es ese, se trata de un M4A3E2 sherman «Jumbo», concretamente el del mismo Charles E. Boggess. Quizá dé la sensación de tener torre abierta porque están todos posando con la escotilla abierta, y el propio Jefe de carro (Boggess) tras ella.

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